domingo, septiembre 24, 2006

Homo laboris

Y lo miré pensando qué coño tiene este idiota en la cabeza para acusarme por hablarle mal. ¿Que quién soy? Tu mamá cabrón, nada más y nada menos, me decía a mí misma, pero en eso entró su propia madre y no pude más que mirar atónita cómo prosiguió la escena. Un par de escupitajos irónicos no son como para quitarse el mandil en plena faena laboral, lanzar improperios en mi contra (¿es un déjà vu acaso?) y llamar a mamá, no cuando tienes aproximadamente 26 años (es un cálculo, pero seguro circunda esta edad) y por lo menos dos neuronas te hacen click. Siempre me equivoco y pienso que hay algo que hace click por ahí.
Qué bizarro que es este laburo que tengo. A veces creo que me voy a volver loca, a veces pienso cuan aburrido es y de repente surge algo sorprendente. Un día es el talante típico del histrión italiano, otro el adoctrinamiento moro, otro más el acojonamiento de otro moro, luego la explosión del egocentrismo napolitano y así sucesivamente.

La chica de la barra me ama por poner a estos cabrones en su sitio y llevarlos al extremo de renunciar; entonces me deja comer tarta tatin (una delicia de manzana con hojaldre) a escondidas del jefe, aunque si quisiera helado, del sabor que sea, también me deja. A mí, la verdad, me da un poco de miedo que mis comentarios inocentemente irónicos lleven a tope a cabrones (lo suficientemente peludos y aparentemente cuerdos) a renunciar. Éste último lucía en particular nervioso, no digamos ya lento y patoso, y con eso de llamar a la madre me dio todavía más miedo: si es tan inseguro como para llamar a mami en un “ataque” de, llamémoslo, ansiedad, si su mente es tan débil como para acudir a su sacro santa progenitora a la primera de cambios, capaz que me sale tan desquiciado como para actuar con violencia impulsiva en una de ésas.
Creo que al final renunció y sólo volverá por su paga, no sé, pero prometo bajarle de huevos por si las dudas. Es sólo que me exaspera sobre manera la gente tonta que no se da a respetar a base de trabajo y piensa que se le debe respeto nomás por su linda cara de idiota.


FOTOGRAFÍA: “Ñaca, ñaca”, cual bruja cacle, cacle de la peor pesadilla de niñato imberbe, imbécil e inseguro. Nunca pensé que simples comentarios como “¿me vas a ver cobrar todas las cuentas?” o “¿ves algo ahí? Porque yo no” (cuando preguntó si había algo qué llevar), molestaran tanto a alguien. Aunque ya pillé que mi ironía no es tan apreciada en mi entorno laboral, sobre todo por aquellos que no son hispano parlantes. Repito: le voy a bajar de huevos.

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