miércoles, septiembre 27, 2006

Los ojos del tiempo
















En la casa Islas hay una foto que mi padre me tomó hará cosa de 26 años. Mi mirada en ésta me recordó aquella. El tiempo y las canas me caerán encima, pero sigo poniendo esa carita...¡carita fresca! Jajajajaja. Jajajajaja.


FOTOGRAFÍA: “Hide and seek”, por Imogen. Escondidillas de nadie y todos, juego de hojas y cabello que divierten la entrada triunfal de estación in extensis.


lunes, septiembre 25, 2006

Streaming*

A Tomás



[ Stay tonight
We'll watch the full moon rising
Hold on tight
The sky is breaking
I don't ever want to be alone
With all my darkest dreaming
Hold me close
The sky is breaking]


FOTOGRAFÍAS: “Cielo roto”, de la mano de David Sylvian, todo quejica como yo.

domingo, septiembre 24, 2006

Homo laboris

Y lo miré pensando qué coño tiene este idiota en la cabeza para acusarme por hablarle mal. ¿Que quién soy? Tu mamá cabrón, nada más y nada menos, me decía a mí misma, pero en eso entró su propia madre y no pude más que mirar atónita cómo prosiguió la escena. Un par de escupitajos irónicos no son como para quitarse el mandil en plena faena laboral, lanzar improperios en mi contra (¿es un déjà vu acaso?) y llamar a mamá, no cuando tienes aproximadamente 26 años (es un cálculo, pero seguro circunda esta edad) y por lo menos dos neuronas te hacen click. Siempre me equivoco y pienso que hay algo que hace click por ahí.
Qué bizarro que es este laburo que tengo. A veces creo que me voy a volver loca, a veces pienso cuan aburrido es y de repente surge algo sorprendente. Un día es el talante típico del histrión italiano, otro el adoctrinamiento moro, otro más el acojonamiento de otro moro, luego la explosión del egocentrismo napolitano y así sucesivamente.

La chica de la barra me ama por poner a estos cabrones en su sitio y llevarlos al extremo de renunciar; entonces me deja comer tarta tatin (una delicia de manzana con hojaldre) a escondidas del jefe, aunque si quisiera helado, del sabor que sea, también me deja. A mí, la verdad, me da un poco de miedo que mis comentarios inocentemente irónicos lleven a tope a cabrones (lo suficientemente peludos y aparentemente cuerdos) a renunciar. Éste último lucía en particular nervioso, no digamos ya lento y patoso, y con eso de llamar a la madre me dio todavía más miedo: si es tan inseguro como para llamar a mami en un “ataque” de, llamémoslo, ansiedad, si su mente es tan débil como para acudir a su sacro santa progenitora a la primera de cambios, capaz que me sale tan desquiciado como para actuar con violencia impulsiva en una de ésas.
Creo que al final renunció y sólo volverá por su paga, no sé, pero prometo bajarle de huevos por si las dudas. Es sólo que me exaspera sobre manera la gente tonta que no se da a respetar a base de trabajo y piensa que se le debe respeto nomás por su linda cara de idiota.


FOTOGRAFÍA: “Ñaca, ñaca”, cual bruja cacle, cacle de la peor pesadilla de niñato imberbe, imbécil e inseguro. Nunca pensé que simples comentarios como “¿me vas a ver cobrar todas las cuentas?” o “¿ves algo ahí? Porque yo no” (cuando preguntó si había algo qué llevar), molestaran tanto a alguien. Aunque ya pillé que mi ironía no es tan apreciada en mi entorno laboral, sobre todo por aquellos que no son hispano parlantes. Repito: le voy a bajar de huevos.

jueves, septiembre 21, 2006

Cielo de ciudad

El humo del cigarro se fundía con las nubes que corrían tierra adentro hacia la montaña. Me estaba fumando una más de las luces de la ciudad. Aquí arriba, junto a la ropa seca, dilucidando sobre lo que me depararán mis decisiones. Una calada más y estaré dando saltos visuales sobre cada forma, como los saltos que hace mi cerebro sobre aquellos que hieren, sobre los que aman, sobre mis próximos pasos mirando al cielo tapizado de nubes blancas, el cielo que es azul aún de noche, el plafón del vestido perlado de luces que cubre edificios y casas, luminoso y radiante que ilumina la cara del cielo. Estoy segura que alguna vez, quizá, pude mirar el cielo de la ciudad, tal vez, desde un punto en que la miré con un vestido similar, pero sólo recuerdo esa vez, muchos atardeceres sí, muchos de colores rayados y voluptuosos, pero ciertamente nunca un vestido igual, con este nublado imponente. Recuerdo vistas de sembradíos y campo desde lo alto, pero no ciudad; vistas de paisajes nublados al ras del pasto verde y fresco; vistas desde los “rascacielos” tapatíos, sólo eso. No la ciudad vestida de noche con nubes en el cielo sonrojadas por las puntas iluminadas de los edificios. Y la iPod a todo. Interpol seduciendo mis oídos. She puts her way into my little heart, alcanzo a oir. Hombres que chillan las punzadas en el corazón. Hombres que repudian a tirón de cuerda las infamias de unos tacones y cuero tanto como los desean, como desean un par de pezones erectos a flor de piel. No quieren ser atravesados, ellos quieren atravesar. Hay unos que a la distancia lastiman como el rebote de costumbres nacidas hace tiempo. No se pueden quedar callados y tiran la última piedrita. Se la encontraron en el zapato. No son de los que tiran grande ni siquiera, tiran como jotitos que ya perdieron toda fuerza al ver que no son ni los hombres de sus celos de macho.
Apagado el humo, despejado el cielo, recorrido despacio, recojo la ropa, me bajo a dormir.

FOTOGRAFÍA: “Balloons with sky and diamonds” de la noche de San Juan. De esta noche, las únicas imágenes están en mi mente.

martes, septiembre 19, 2006

Being this monster


Ser este mounstro no es fácil. Tengo que comer de las desgracias ajenas para alimentar el odio que me mueve a seguir serpenteando por ahí. Entre más odio, más grande soy, mounstrosa y angelical, dicen algunos, pero no inteligente, ni madura, sé yo.
Quisiera estar temporalmente fuera de servicio para arreglar todos los desperfectos, reparar lo maltrecho. ¿Por qué no aprendo nada? ¿Por qué tengo que lastimar? Y no puedo salir corriendo. Soy yo la que lastima y aquí estoy.
No sólo como de las desgracias ajenas, lucho por hacer desgraciadas a las personas que en realidad parecen agraciadas, felices. La gracia ajena es mi enemiga, así que tengo que acabar con ella. Negativity is my name, if such a word exists. Nadie puede ser mejor, más grande, más bonito; en mi reino todos serán tan desgraciados como yo me veo a mí. Así por lo menos no me sentiré sola y triste. Así por lo menos tendré con qué alimentarme y crecer.

FOTOGRAFÍA: "I'd love to fuck, but I can't, so instead, fuck the world today". ¿Así o más gráfico?

sábado, septiembre 16, 2006

Sombra de agua

Remedo de voz.
Se agotan los pasos en este reloj.
A gotas me voy en un recuerdo de piel húmedo y cálido.
Semejanza inútil.
Se agolpa la ira por este intersticio.
A golpes me mato el hambre y el deseo.
Si esta danza infértil es el pago, maldigo a los venados, maldigo al fuego y me hundo en la locura de esta sombra de agua.


















FOTOGRAFÍA: “Charcos en el camino”, evocando a Alan Parker y porque en uno me perdí durante esta tormenta. La lluvia ha tomado a la ciudad. ¡Por fin! Pero los termómetros han experimentado un descenso de mercurio. ¡Bah! El fin del verano.

miércoles, septiembre 13, 2006

Diálogos


Sobremesa en el comedor de Filosofía y Letras de la UAB. Tarde de febrero. Menú: amanida, pollastre y yogurt…y una ¡cerveza en pleno comedor universitario!


- Oyes mana, ¿ya viste? ¿Ya viste?
- Sí, pero tú haz como que no. ¡No mames!
- ¡Ay! Ya sé…
- ¡Ya sé, ya sé!
- Pos ya sé…

FOTOGRAFÍA: “Forevereando”, colgada porque sí y porque extraño a mi mana un montón. Sí, ¡un montón! Esta pinche ciudad no es lo mismo sin ella. Me vuelvo antisocial, amargada (¿más?), sobria, rutinaria y contenida. ¡Qué vuelva pronto para volver a foreverear!

lunes, septiembre 11, 2006

El chiste del día


Hace 5 años yo era una reportera ilusa, embobada por su novio, un troglodita de Tepic, que no veía más allá de sus narices (estaba ciega de amor literalmente ¿Cómo pude estar al lado de alguien que parecía Keiko disfrazado de judicial? ¡Dios! ¡Qué verguenza!). La mañana del 11 se septiembre de 2001 miraba las pantallas de televisión del periódico embobada como muchos. CNN repetía con cierto morbo el desplome de las Torres Gemelas. El 11 de septiembre en Cataluña se conmemora el día en que se perdió la lucha por la independencia de este terruño que muchos consideran un país. Qué mala suerte para los catalanes más catalanistas que el mismo día se perpetró el ataque terrorista más televisado (qué raro, yo sigo pensando que fue toda una casualidad que hubiera camarógrafos dispuestos justo en lugares donde se podía apreciar a las mil maravillas los edificios derribados) de la historia y que les robe un poquito de cámara. Pero bueno, aún siguen felices saliendo a las calles con antorchas y sus banderas rojas con rayas amarillas o amarillas con rayas rojas a manifestarse por la independencia de su “país”. Están en todo su derecho, ¿no? Al igual que yo estoy en mi derecho de cagarme de risa, porque hoy en el restaurante donde yo trabajo, como es día festivo, se les ocurrió ir a TODOS LOS CATALANES DEL UNIVERSO a comer. Total, que había una mesa en especial que estuvo chingue y chingue y encima hablando todo en catalán. Que sí, que están en su derecho, que es su ciudad y lo que quieran y manden, pero diosito también los colocó en un país donde se habla español o castellano o como quieran llamarle, el cual es considerado la “otra” lengua oficial, y si sus neuronas les hacen click, pues pueden pedir las cosas en castellano. Pues total, que fueron a la caja a finiquitar su cuenta con una servidora y que piden la hoja de reclamaciones, todo en catalán, y pues que les digo que el encargado me tiene que decir dónde están porque yo no sé, y que llega el encargado, y que le pregunta que por qué la queja y, sigue en catalán, le dice el chico que lo que pasa es que los putos menús no están en catalán, que qué pedo, y el encargado les dice que lo que pasa es que sí que los tiene, pero que están guardados porque los precios no están correctos, y que le contesta el chico, en catalán otra vez, que si regresa en 15 días ¿los tendrá puestos? Yo estaba hasta el tope de cuentas por cobrar, ayudando a poner cafés y refresquitos en la barra para la bola de catalanes que asistieron como comensales al lugar y pues el chistecito este me hizo el día. ¿Si vuelves en 15 días estarán los putos menús en catalán? Tío, vete mejor a un lugar donde sirvan comida catalana y te atienda tu catalán favorito, en este sitio dí que se habla castellano, porque si tomas en cuenta la mayoría de trabajadores son filipinos, italianos, mexicanos y un moro, ya estás de ganancia con tener la información en cristiano.
Estos pinches catalanes, se las gastan buenas.

FOTOGRAFÍA: “En algún lugar de un gran país”, total, hay que darles chance, que me están acogiendo y su ciudad está bien linda. Jajajajajaja.

viernes, septiembre 08, 2006

La felicidad sabe a higo

Lo llenó sin parpadear. Sus ojos azules, saltones como de pez, se posaron en mí en espera de la elección. Yogurt y fresas; fresas…higo. Éste último elegido al azar y sin la menor de las expectativas. Me tomó por sorpresa ver que debía accionar el mecanismo giratorio de la nevera que resguardaba a 16.1 grados centígrados los gelattos, como una especie de rockola alimentaria al servicio de los golosos que como yo, aman la dulce espesura de un helado bien batido y de sabores exóticos y novedosos. Con su palita fue llenando de felicidad el vaso. 3 euros por satisfacción garantizada. 3 sabores por 3 euros. Y salí del local a caminar el resto de Argentería para encontrarme con mi descenso en Jaume I. Hasta abandonar la estación Joanic no paré en saborear la mejor de las compras. El más suculento higo del planeta estaba ahora en mi panza recubriendo las paredes de mi estómago que una hora antes agonizaba ante la ausencia de alimento. No pude sino paladear su aterciopelado sabor, rendirme a sus pies ante la explosión de cada una de sus semillas a merced de mis mandíbulas batientes. Un helado me hizo la vida esta madrugada al regresar del trabajo, además, qué maravilla que sea viernes (ya sábado) por la noche y que una heladería se atraviese en mi camino. Cuantas resacas menos hubiera tenido en mi vida de haber contado con una heladería cerca de mi andar, aunque si lo pienso bien, qué gorda que estaría, mejor no, gracias, mejor sólo este heladito por hoy. Suprema felicidad ante lo miserable de mi rendimiento como estudiante…pero esa, es otra historia, que decidí no autoflagelarme tanto.

FOTOGRAFÍA: “El vaso de la felicidad” que, por cierto, es de uno de mis colores favoritos, que quise tomar lleno, pero a falta de cámara, tomé ya vacío (y resulta que no es el envase de ningún tipo de embriagante, bueno, aunque el azúcar también pueda ser toda una señora droga, je).

Aprendiz del fuego






FOTOGRAFÍAS: Tan capaces de irse a fuego, en un intento por salvarse (y por cierto, tomadas en mi viejo piso en Sant Antoni. A pesar de todo tenía una vista fenomenal).

miércoles, septiembre 06, 2006

De soledades, tatuajes, meseros locos y soundtracks de la infancia


Es lindo contarse tatuajes mientras escucho a los Beatles y me curo así de la sobredosis que me patrocinó mi padre en la infancia, porque era y es amante de la música del cuarteto de Liverpool (que literalmente significa “alberca de hígado”. No era consciente de tal significado, pero Tomás tuvo a bien develarmelo. ¿Deberé agradecerselo? Es que es una imagen realmente terrible). Siempre me han gustado, pero confieso que los evité por algún tiempo, ya que comí, desperté, jugué, hice tareas escolares, viví una intensa niñez y los Beatles eran mi soundtrack. Con decirles que a los 3 años mi padre me llevó a ver The Yellow Submarine. Aún vivíamos en el DF y yo me enamoré del Paul animado y se lo conté a Federico, mi compañerito de segundo de kinder en el Colegio de Educación Integral que estaba cerca de mi casa situada en la calle Jojutla, en Tlalpan. El soundtrack de mi vida también tiene algo de Shakatak, Tomita, Neil Young, Police, Sting, Vangelis, Mody Blues, cualquier cantidad de jazzistas, Bob Dylan, pasando por Mecano y su Descanso Dominical, boleros, música de trío, Esquivel, U2, ópera, compilaciones de música de los 80, hasta Roxette, Rick Astley y Pandora incluidos, unos en vinilo, otros más en cd; no sé, si bien mi padre es un melómano a tope, también es cierto que siempre lo ha caracterizado una gran apertura para escuchar de todo un poco. Creo que sólo Maná le caga la madre, junto con Alejandro Fernández. A mí también.
Nos contamos tatuajes. Yo me imagino el tuyo. Lo soñaste anoche. Yo anoche me soñé parada en una habitación contemplando goteras. Mi sueño respondía a las tribulaciones de una caótica noche de trabajo en la que el mesero loco renunció porque yo le metí caña. En realidad sí, lo molesté porque me colmó el plato su actitud petulante y el muy marica fue de chismoso con el jefe. Se arrancó el mandil y lanzó improperios en mi contra, todo en italiano, todo inentendible para mí, salvo sus ademanes propios de histrión, talante que maman de la leche materna, pinches italianos dramáticos, pederos de mierda.

La noche se tornó inusual, prosiguió en sus ambajes más rara aún cuando en el bar de al lado, mientras charlaba con Lulú, otro esclavo de la hostelería nos hizo platica para aliviar sus penas. Enjuto y de ojos salientes, con pinta de Steve Buccemi en cualquiera de sus personajes, me invitó un porro en el baño. Yo me negué. Me dolía la cabeza y no suelo fumar con extraños, menos aún si visten pantalones pesqueros, chanclas y les cuelga un cuarzo del cuello, además de llevar cachucha. Como mi vehículo está en el taller, tuve que regresar a casa en el autobus nocturno, y mientras lo esperaba otro sufriente de ojos estrábicos que se sentó junto a mí a esperar el N2, me confesó que estaba borracho porque prefirió salir a beber que quedarse a pelear con su esposa en el día del cumpleaños de su hijo. Era un veterinario que trabajaba de segurata en no sé donde; su esposa, doctora, le riñó, así que él le extendió las llaves del auto frente al trabajo de ésta y se marchó a beber, y se lo dijo, le advirtió que bebería hasta tranquilizarse. Me lo encontré borracho y no sabía a qué ojo mirarle mientras me contaba sus penas. En cuanto vislumbré el N6, salté de felicidad y me despedí deseándole un feliz cumpleaños con su hijo. En ese tenor, debo confesar que el otro día entré sola al Paddy’s Lane, un pub que está en frente de mi trabajo y bebí una deliciosa pinta de Guinness. Estaba sola y me sentí en el paraíso, que en mucho tiempo no había entrado a un bar sola a pedir un trago. Me bebí la Guinness y me fumé un Gauloises. No apuré ningún trago y me felicité por mi buena suerte, por cómo ha cambiado. Jusque ici, tout va bien.



FOTOGRAFÍAS: “¡Qué ya venga el Nit Bus, coño!”, tomadas en la media hora que tuve que esperar el camión para regresar a casa. Noche de locos total. Pero, ¡ah! Qué lindo es contar con transporte público nocturno para volver a casa, ya de juerga, ya del laburo.

lunes, septiembre 04, 2006

Tic, tac

Lo más cagado del universo sería que yo terminará como una señora de esas señoras casadas que son amas de su hogar en toda la extensión de la palabra. ¡Brrrrrrrrrrrrrrr! De sólo pensarlo me da miedo. M-I-E-D-O. Pero la verdad es que mi utópico pensamiento no está tan alejado de la realidad. Tengo todas las cualidades para ser ama y señora del hogar que forme: me obsesiona la limpieza y el orden; no cocino tan mal siguiendo recetas el pie de la letra, y soy una cursi que desde que se acuerda (o desde que se inyectó cuanta película rosa o telenovela en la maceta) pone sonrisa de borrego a medio morir cuando le viene a la mente la imagen del hogar perfecto, la pareja perfecta, los hijitos. Entiéndase ésta como la imagen del marido, la casa, la camioneta y los perros.
Mi tío Arturo me lo escupió varias veces en la cara. Si lo que quieres es la camioneta y los perros, me decía, andas por el camino equivocado. Y sí, la senda que tomé, porque no lo puedo negar, soy una hedonista irredenta, no era la que me conduciría a la camioneta y los perros. Desde que me acuerdo me gusta la fiesta. Desde que me acuerdo mi guardarropa guarda, en su mayoría, ropa para salir de fiesta. Desde que me acuerdo quiero dejar este camino de excesos y perdición. Desde que me acuerdo me lo he recriminado como una tremenda falta, pero he terminado por aceptar que así soy y que no voy a cambiar ni con 3 hijos. Así que pienso: existe una nueva generación de madres que llevan tatuajes, piercings, gustan de ir a conciertos de rock and roll de vez en cuando, trabajan y se montaron una de estudios que incluso las llevaron a pisar otros continentes. ¿Será?
Si sí, mi utópica imagen se unirá a lo que de verdad soy, tarde o temprano.




FOTOGRAFÍA: “Hic”, de algún festejo decembrino, durante la visita de Jimbo el año pasado, en el que salimos Stratos, Gemma, el ya mencionado Jaime y yo a pasear por Plaça Reial y terminamos en un after que tiene nombre de estado norteamericano, de esos que les cuesta pronunciar a los españoles, así que optan por decirlo con todas sus letras, tal como se lee: K-E-N-T-U-C-K-Y.

domingo, septiembre 03, 2006

Gigantic


FOTOGRAFÍA: "Dorm lights", brought to you by the nice Paqui man that not only offers paqui beers downtown. Makes me wanna take pictures like this one, sing a little and speak in other languages, including somethings like putang ina mo, hayop ka supot bakla in tagalo (besides want to eat a big-time-deliciuos-awesome arrabiata pizza, mmmmmmh!).