viernes, agosto 04, 2006

Once upon a time...

Tu olor -el incontrovertible y brutal olor del amor- permanece intacto mientras los besos se volatilizan en su propio júbilo y la humedad se hace una con la piel. Tu olor, en cambio, impregna hasta la médula. Hasta ese lugar recóndito donde el deseo anida y obliga a dejar intactos los platos del almuerzo y a danzar de nuevo hacia la cama, muertos de hambre de amor.
GUSTAVO COBO BORDA




¿Quién dijo que hay que comer? ¿Quién dijo ‘voy a enamorarme ahora’? Existen mil razones para correrme y otras tantas para decidir salir corriendo de esta cocina. Los ajos picados aguardan sobre la tabla mientras siento el delantal tan grande cubriéndome los senos, el vientre, el pubis. Mejor suelto el cuchillo, no queremos salir heridas de este pequeño espasmo de hambre.
Tomates asados y todo mi cuerpo bañado en semen. Cáete tantas veces como puedas, tantas como innecesarias de esta jaula que son los celos. Definitivo es no volver, no volverte a bajar los calzones, no morderte la memoria cuando orines y te creas el más cabrón de los perfectos. ¿Quién especificó los mecanismos para amar no amando? ¿Cómo sales de esta cuando estás en cada hendidura? Ni whiskies, ni camarones. Toda esa arena me estorba adentro de la vagina, todo tu mar, todas tus implicaciones con la maldita perra a la que le ves las tetas diciéndome que no. Salte del charco y ven a enfrentarme con argumentos, no sólo me quieras en las buenas, no sola en la cama, no nada más bajo seguro y con velas de otras aventuras oscuras. El delantal se me ha caído y tengo las uñas llenas de restos de ajo. Apesto como apesta la carroña que me dejaste entre las piernas y en ese cuarto vacío que se llama corazón. Lo confieso, me confieso. He pecado con cada uno de los que se han paseado por aquí, en saliva, en pupilas, en mis manos la carne que sólo vuela imaginaria y tú también probaste de mis decidias la que me unió a ti. Creo que tú has empuñado el cuchillo ahora y me has dejado ligeramente agujereada. Has abandonado la cocina más de una vez. Detonaste con tus titubeos mi ira, ese coraje y enojo enorme que se volca en tu imagen de perfecto inmundo que me ha pisoteado y tasajeado. Cometiste asesinato en tercer grado por miedoso y cobarde, por preferir cuidarte tu gastado egoísmo, tu maldito narcisismo de niñito inflado de falsas convicciones. Quizá al mirarte tan desprotegido, tan pobre y caído, tan poco resistente y seguro, mis heridas sanen por le puro gusto de saber que no caí tan vilmente. Me enfermas, cariño, me satura todo ímpetu de salvación. Aunque hayas arrancado mi delantal con la fuerza de un titán, mírate ahogado en tus etílicos refugios para un amor que no existió de cierto, que nos quisimos creer para redimirnos de sombras de otros tiempos. Lo arruinamos. Nos caímos. ¿De qué me sirve haber sido ‘lo más bonito’ que has vivido? ¿Con qué me voy a ir a la cama a soñar? Seguramente no contigo, porque de nada, creelo, de nada, sirve conciliar mi sueño en tu semblante trémulo, bajo tu yugo de macho enorme y prepotente, de falso poeta que no entiende lo que es darse y entregar. Me engañaste. Gracias por nada. El rojo en ebullición provoca un olor concentrado y delicioso. La salsa quedará para que te sirvas a manos llenas. El resto de ajos en mis uñas lo tiraré sobre tus últimos pasos, para que te vayas y no regreses a hacerme daño, para que no quiera matarte si me vuelves a mostrar tu eructo insostenible de mierda interior. Yo drenaré eso que me dejaste adentro, que inconsistente, se perderá en una alcantarilla cercana.

3 comentarios:

Lilián dijo...

Mi parte favorita es: "todas tus implicaciones con la maldita perra a la que le ves las tetas diciéndome que no".
Wow, sublime. Una y una millón se identificarán con estas líneas.

Mariana* dijo...

Hay cosas que rebasan el tiempo...Y aunque esto sucediera mucho antes de que tú nacieras, siempre se vive algo similar, por lo menos una vez.

Armenta dijo...

¡Zaz! Siempre me ha gustado como escribes y ahora más y más.
Un gran abrazo.