miércoles, agosto 23, 2006

On my way home


En mi camino a casa pienso: odio el ruido nocturno cuando duermo. Voy directo a casa tras un poco de fuga y pienso: menos cigarro y más antioxidante. El viaje es breve para que piense: este texto no se puede extender demasiado, a nadie le puede importar un comino si pienso o no en burrada y media. Es sólo que saberme cerca de casa me pone dicharachera y contante. En un rato se me baja. Lo parlante sí que nunca se me quita. Oigo la música que un montón de gente detestaría, pero me da la gana malgastar mis oídos en esto, que yo paso de puristas de rancho. Cada quién a encantarse con lo que le guste sin joder a los demás con sus dogmas segregarios y manomes. Me pongo sentenciosa también, en mi camino a casa. Y bailo sola y tarareo canciones poperas, fresas, de niña de secundaria que apenas le están saliendo las chichis. A mí vaya que ya me salieron, chale, e igual me gustan, me deleito con sus letras facilonas que nunca me aprendo. Total, que no me estoy comprando sus discos, nomás los pirateo. ¡Y que viva la gozadera! En realidad eso no me importa como llegar a casa y tirarme en un buen sillón.
En casa siento las paredes raras, como que me desconocen o yo a ellas al pasarles las puntas de los dedos. Nada más temido como desconocerse del cotidiano pasado que sigue siendo presente siempre. Quizá en un rato se acostumbran al tacto. Parece que sí, lo rugoso es ya liso, casi terso, tan suave. Llegar a casa es tener el cielo muy cerca. Que me niegue es otra cosa, nadie dijo que fuera toda seguridad sin devaneos. Aún me quiebro y rompo y pego. Por sí sola una aprende a hacer tantas cosas; claves de la superviviencia humana, ha de ser. Tantas rocas a mi paso que dejé o no y no me acuerdo.
El camino a casa puede ser tan bueno como lamentable. Una pasada cualquiera de las dos opciones, me encanta tanto gozar y sufrir. Pero como a nadie chingados le interesa de mis traslados personales, mejor me voy a mear.

FOTOGRAFÍA: Graffiti tomado en algún camino a casa, pero seguro que sin ir tan fumada y quizá después de haber gozado de la compañía de Gemma y Cyrill durante una rica cena en el Chido One (de lo mejorcito en comida mexicana por estos lares, aunque nunca sea igual).

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