domingo, agosto 13, 2006

Estaba un día escuchando un podcast cuando...


Por causas ajenas a su conocimiento, me dieron las 2 de la mañana escuchando un podcast que encontré recién llegué a mi ciudad postiza y que le doy play a uno que bajé por curiosidad mal sana, pero tuvo a bien traer a mi memoria otros tiempos, no sólo porque se recorrían sendos culebrones muy afamados en México y el mundo a través de las canciones que las acompañaban, sino porque escuché una voz que por arte de magia me llevó al retrete del Roxy un día de 1995, cuando Tijuana No dio un súper concierto que me perdí porque a Claudia y a mí se nos ocurrió burlar la seguridad del sagrado recinto de la música tapatía e introdujimos dos pachitas de tequila en nuestro bajo vientre, que no queríamos por nada del mundo que nos cacharan y deseabamos alcanzar una buena peda con pocos pesos. Como que se nos pasó un poquito la mano, Claudia emprendió su camino al baño, su novio y su amigo, al que ya me había besuqueado (y que no puedo decir quién es porque creo que ahora es diseñador y medio artistilla conocido), se quedaron viendo el concierto, mi hermana también estaba ahí, yo seguí a Claudia, la encontré abrazada al water, vomitando, le recogí el cabello de la cara, le extendí un kleenex y en cuanto me llegó el olor a los aparejos, en cuanto sonó Pobre de Mí, yo me abracé a la taza del baño como si fuera el último bastión del universo y vomité y me cagué de risa mentalmente porque el sountrack de mi peda me quedaba como anillo al dedo y porque moría por ver a Tijuana No como adolescente ilusionada que va al Roxy, que no pudo seguir besando al fulano que recién se había ligado, que fue curada con unos caldos que mi hermana me cantó hasta el cansancio, porque ella, buena y santa, no se puso hasta el cuerno y nos cuidó y evitó que el par de patanes nos llevaran al depa de sabe quién y los encaminó hacia nuestros hogares, donde caímos como sacos de papas a dormir. Claudia y yo tuvimos muchas experiencias así de bizarras o más y creo que he olvidado la mitad porque sucedieron hace mil años (por lo menos 11). Ahora es madre de familia y está felizmente casada, pero fue mi amiga favorita y del momento por mucho tiempo. Como tenía coche, nuestras fiestas juveniles alcanzaron territorios que jamas hubieramos pensado. Era medio fresa, pero por mi pisó el Roxy y la Mutualista. Yo por ella me puse zapatos de tiras en los años en que Paty Manterola los publicitaba y fui con ella a celebrar el cumpleaños de su amiga bautizada por mi hermana como Lady Di al Van Go Disco Club y bailé Kabah y Paulina Rubio sin remordimiento alguno. Claudia es una de las mujeres más importantes en mi vida, y como buenas amigas también peleamos hasta mentarnos la madre. Más de una vez le saqué pena y le ahuyenté galanes porque en ese tiempo me daba por llamar la atención de maneras muy raras. Yo creo que ya me las perdonó todas, pero me odió bastante cuando boté a la mierda a un guanajuatense pijo y forrado de lana, al cual conocimos en Maruata y fue como el que me tocó a mí, porque ella se ligó al amigo; ya en Guadalajara lo invitamos a salir (a mí como que no me latía nada, estudiaba en la Autónoma y vivía en Provi, ¡chequen el dato!), yo propuse ir a la entonces famosísima Barra de Moreno y pues que en medio de la cita ceba llega Tomás bien pedo y al preguntarle cómo estás, me la suelta: bien, enamorado, me voy a vivir a Uruguay, nunca me había sentido así, es maravilloso, blablabla y todos los blablabla que no quería escuchar porque yo en realidad no había superado a Tomás (a quien conocí hace casi 11 años y fuera mi novio durante lindos 8 meses), pero da igual, dio igual, terminamos besándonos sin importar que estuviera a punto de largarse al otro lado del continente por amor y que junto a mí estuviera un pelmazo que por lo menos tuvo dignidad y se fue durante el largo beso aquel que nos propinamos Tomás y yo. Yo salí de ahí con una rosa roja y el corazón un poco roto a pesar del delicioso beso que me dio Tomás (besos que se repetían de vez en cuando en encuentros nocturnos por espacio de varios años); Claudia me odió porque con mi impulsividad le arruiné el ligue con el otro guanajuatense (de la que se salvó, eran re mochos). Tomás regresó 3 meses más tarde a la ciudad a seguir con su vida. Ahora es mi novio. Lo mejor que me ha pasado en la vida. Nunca supe bien a bien por qué no fructificó su relación con Nicole, pero qué importa: ¡ahora es todo mío!

1 comentario:

Anónimo dijo...

excelente post, ada.