martes, agosto 29, 2006

Conteo



8 meses en carnes de 29. 10 meses fuera de casa. 2 días para dejar de ser camarera y convertirme en la cajera del lugar. 3 días para llevar la bicicleta a reparar. 3 meses para estar a tu lado. 1 año para terminar la tesina. 2 horas de siesta. 10 años de conocerte. 24 horas con albornoz nuevo. Me sienta fenomenal. Amo Oysho, Zara, Blanco, Mango, Calzedonia, Bershka y Desigual. Amo la sensación de comprar casi tanto como el instante en que meto un Twix a mi boca junto a un puño de palomitas en los Verdi Park. Amo estar tumbada sobre el edredón blanco que cubre mi cama. Amo esta tranquilidad mental de saber que hasta aquí todo va bien, que la rajada en la panza ha cicatrizado, que puedo evitar conflictos innecesarios, que vine hasta aquí con objetivos que se están cumpliendo al igual que otros que no me había ni planteado. Amo saber que ha iniciado la cuenta regresiva. Siempre estuvo ahí, pero sentir el conteo tan flaco me salvó del tsunami que aguarda a la vuelta de la esquina. Pronto. Latidos. Festejo. La premura por besarte ad aeternum. Tú (¡Aaagghhhh! ¡Te extraño tanto!). 24/7 de ti para recuperarme de la sequía.




FOTOGRAFÍAS: "Albornoz con taza y té verde" y "Albornoz y Rojo". ¡Ahora no quiero estar ni un segundo sin él!

lunes, agosto 28, 2006

¡Atención extranjeros!

Momentos en los que es permisible adoptar una actitud catalana

1.- Cuando se quiere llegar a la función de las 7:30 pm y son las 7 con 18. El cine queda justo al otro lado de la Rambla Cataluña, es domingo y está llena de pinches guiris gilipollas que caminan como conduce una abuela. Con todo respeto para las abuelas.
Entonces, se puede caminar con actitud de “voy derecho y no me quito”, golpear a todos con el hombro si no se movieron lo suficiente para ceder el paso o si navegan con rumbo indeciso.




FOTOGRAFÍA: "¿Bienvenidos?", que fue tomada para acompañar el relato de mi ruda adaptación al nuevo suelo, la cual, por cierto, me tomó más de 9 meses. La gestación por este gusto fue larga, pero ya arroja frutos y retoñan esperanzas.

jueves, agosto 24, 2006

Mirada robada

...Y como se la regalaron, ¡se la quitaron! Apenas había iniciado las averiguaciones pertinentes, cuando me percaté de que no resplandecía como hace días. De lo poco que pude obtener de mis confusas fuentes es que quien la pintó es un artista de esos raros que actúan bajo seudónimo, pero no conseguí el nombre exacto. Ahora poco importa. Están a punto de cerrarle los ojos a su obra. Descanse en paz bajo el cemento.
NOTA: Pueden cotejar la imagen actual con la del 29 de julio.

FOTOGRAFÍA: "Mirada oculta", que documenta el proceso natural del arte efímero acechado por el proceso natural de una construcción en ciernes.


Hace unos días...ahora.


miércoles, agosto 23, 2006

On my way home


En mi camino a casa pienso: odio el ruido nocturno cuando duermo. Voy directo a casa tras un poco de fuga y pienso: menos cigarro y más antioxidante. El viaje es breve para que piense: este texto no se puede extender demasiado, a nadie le puede importar un comino si pienso o no en burrada y media. Es sólo que saberme cerca de casa me pone dicharachera y contante. En un rato se me baja. Lo parlante sí que nunca se me quita. Oigo la música que un montón de gente detestaría, pero me da la gana malgastar mis oídos en esto, que yo paso de puristas de rancho. Cada quién a encantarse con lo que le guste sin joder a los demás con sus dogmas segregarios y manomes. Me pongo sentenciosa también, en mi camino a casa. Y bailo sola y tarareo canciones poperas, fresas, de niña de secundaria que apenas le están saliendo las chichis. A mí vaya que ya me salieron, chale, e igual me gustan, me deleito con sus letras facilonas que nunca me aprendo. Total, que no me estoy comprando sus discos, nomás los pirateo. ¡Y que viva la gozadera! En realidad eso no me importa como llegar a casa y tirarme en un buen sillón.
En casa siento las paredes raras, como que me desconocen o yo a ellas al pasarles las puntas de los dedos. Nada más temido como desconocerse del cotidiano pasado que sigue siendo presente siempre. Quizá en un rato se acostumbran al tacto. Parece que sí, lo rugoso es ya liso, casi terso, tan suave. Llegar a casa es tener el cielo muy cerca. Que me niegue es otra cosa, nadie dijo que fuera toda seguridad sin devaneos. Aún me quiebro y rompo y pego. Por sí sola una aprende a hacer tantas cosas; claves de la superviviencia humana, ha de ser. Tantas rocas a mi paso que dejé o no y no me acuerdo.
El camino a casa puede ser tan bueno como lamentable. Una pasada cualquiera de las dos opciones, me encanta tanto gozar y sufrir. Pero como a nadie chingados le interesa de mis traslados personales, mejor me voy a mear.

FOTOGRAFÍA: Graffiti tomado en algún camino a casa, pero seguro que sin ir tan fumada y quizá después de haber gozado de la compañía de Gemma y Cyrill durante una rica cena en el Chido One (de lo mejorcito en comida mexicana por estos lares, aunque nunca sea igual).

lunes, agosto 21, 2006

Salúdame a la teva mare, plis

Me conflictúa trabajar con jefes hijos de puta que creen que gritando se van a arreglar las cosas. Siempre ha sido así. He maldecido a muchos, pero ahora maldigo a los putos moros venidos a más. Es como los catalanes que son racistas, se les olvida que los mexicanos, sea como sea, los acogimos cuando Franco se los puteó.

WHAT THE FUCK?

Desde ahora, saludos a Marruecos, siempre.....

viernes, agosto 18, 2006

Una casa

Desde la cocina, pasando por el water y hasta el cielo que de su balcón pude admirar tantas veces, el número 50 de la calle Comte Borrell fue como mi primer y accidentado hogar en Barcelona.
No estuvo tan mal, incluso fue lindo vivir en ahí, tan cerquita del barrio del Raval. Sólo les advierto que las imágenes pueden engañar: hacen lucir la realidad mucho más bella de lo que en realidad es. De eso, estoy segura, que aquí hasta compito con anuncios de bienes raíces.
Les presento a mi primer hogar en esta bella ciudad.












FOTOGRAFÍAS: Pertenecientes a la serie "Casa", muestran un breve recorrido por los espacios del piso cercano al Mercat de Sant Antoni que habité con Vito, un italiano hippy-alter, y Bruno, el asturiano estrella, lo cual da para contar otra historia de sus gracias como roomates.

miércoles, agosto 16, 2006

Take me, Leo



FOTOGRAFÍA: "I love you Leo", tomada por casualidad en busca de un fondo grisáceo de televisión en plena emisión de Titanic. En realidad, Leonardo Di Caprio me caga con su carita de niño eterno, pero ahí salió a cuadro, ni hablar.

martes, agosto 15, 2006

Tormentas de agosto


Algún día habrá un avión que me llevé de regreso para siempre a lo que soy en donde siempre fui. Y voy a extrañar lo que soy en donde por algún tiempo he sido.
Ahora es verano y la ciudad se abre como flor para beber de ella la playa, los paseos, el centro, sus laberintos. Parece trivial estar parado frente a un escenario donde tocan jazz, un jazz que siempre has escuchado y que te parece cualquier cosa en realidad, pero sucede que estás en la segunda noche de las lluviosas fiestas de Grácia y mientras las admiras tienes la certeza de que habrá un año más quizá para verlas, pero el tiempo es arena en las manos, no se puede durar más de lo que se prometió en ese suelo, el nuevo suelo aún y por mucho tiempo, si no siempre.
A veces no puedo con la soledad, el tedio, la tristura de algunos días, pero el encuentro con las calles llenas de medusas colgantes, me hacen olvidar que fui esclava de la hostelería y que casi me vuelvo loca. Mañana he de decidir si me quedo colgada de la incertidumbre o si vuelvo a cargar la bandeja un rato más. Mi cordura está en juego.
Es lo que hay.






FOTOGRAFÍAS: "Grácia, la bella, de fiesta", tomadas durante la tormenta (inesperada e indeseada) y después de ella, el día de la Virgen de Agosto.

lunes, agosto 14, 2006

Lago en el Cielo

Cerati me ha vuelto a encantar con una canción. No experimentaba amor a primera vista desde Amor Amarillo. Estoy flechada otra vez. Sentí algo que nunca sentí.



FOTOGRAFÍAS: "Oh, Cerati", bautizadas por mí y tomadas por mi hermana, Paulita Bombel.

domingo, agosto 13, 2006

Estaba un día escuchando un podcast cuando...


Por causas ajenas a su conocimiento, me dieron las 2 de la mañana escuchando un podcast que encontré recién llegué a mi ciudad postiza y que le doy play a uno que bajé por curiosidad mal sana, pero tuvo a bien traer a mi memoria otros tiempos, no sólo porque se recorrían sendos culebrones muy afamados en México y el mundo a través de las canciones que las acompañaban, sino porque escuché una voz que por arte de magia me llevó al retrete del Roxy un día de 1995, cuando Tijuana No dio un súper concierto que me perdí porque a Claudia y a mí se nos ocurrió burlar la seguridad del sagrado recinto de la música tapatía e introdujimos dos pachitas de tequila en nuestro bajo vientre, que no queríamos por nada del mundo que nos cacharan y deseabamos alcanzar una buena peda con pocos pesos. Como que se nos pasó un poquito la mano, Claudia emprendió su camino al baño, su novio y su amigo, al que ya me había besuqueado (y que no puedo decir quién es porque creo que ahora es diseñador y medio artistilla conocido), se quedaron viendo el concierto, mi hermana también estaba ahí, yo seguí a Claudia, la encontré abrazada al water, vomitando, le recogí el cabello de la cara, le extendí un kleenex y en cuanto me llegó el olor a los aparejos, en cuanto sonó Pobre de Mí, yo me abracé a la taza del baño como si fuera el último bastión del universo y vomité y me cagué de risa mentalmente porque el sountrack de mi peda me quedaba como anillo al dedo y porque moría por ver a Tijuana No como adolescente ilusionada que va al Roxy, que no pudo seguir besando al fulano que recién se había ligado, que fue curada con unos caldos que mi hermana me cantó hasta el cansancio, porque ella, buena y santa, no se puso hasta el cuerno y nos cuidó y evitó que el par de patanes nos llevaran al depa de sabe quién y los encaminó hacia nuestros hogares, donde caímos como sacos de papas a dormir. Claudia y yo tuvimos muchas experiencias así de bizarras o más y creo que he olvidado la mitad porque sucedieron hace mil años (por lo menos 11). Ahora es madre de familia y está felizmente casada, pero fue mi amiga favorita y del momento por mucho tiempo. Como tenía coche, nuestras fiestas juveniles alcanzaron territorios que jamas hubieramos pensado. Era medio fresa, pero por mi pisó el Roxy y la Mutualista. Yo por ella me puse zapatos de tiras en los años en que Paty Manterola los publicitaba y fui con ella a celebrar el cumpleaños de su amiga bautizada por mi hermana como Lady Di al Van Go Disco Club y bailé Kabah y Paulina Rubio sin remordimiento alguno. Claudia es una de las mujeres más importantes en mi vida, y como buenas amigas también peleamos hasta mentarnos la madre. Más de una vez le saqué pena y le ahuyenté galanes porque en ese tiempo me daba por llamar la atención de maneras muy raras. Yo creo que ya me las perdonó todas, pero me odió bastante cuando boté a la mierda a un guanajuatense pijo y forrado de lana, al cual conocimos en Maruata y fue como el que me tocó a mí, porque ella se ligó al amigo; ya en Guadalajara lo invitamos a salir (a mí como que no me latía nada, estudiaba en la Autónoma y vivía en Provi, ¡chequen el dato!), yo propuse ir a la entonces famosísima Barra de Moreno y pues que en medio de la cita ceba llega Tomás bien pedo y al preguntarle cómo estás, me la suelta: bien, enamorado, me voy a vivir a Uruguay, nunca me había sentido así, es maravilloso, blablabla y todos los blablabla que no quería escuchar porque yo en realidad no había superado a Tomás (a quien conocí hace casi 11 años y fuera mi novio durante lindos 8 meses), pero da igual, dio igual, terminamos besándonos sin importar que estuviera a punto de largarse al otro lado del continente por amor y que junto a mí estuviera un pelmazo que por lo menos tuvo dignidad y se fue durante el largo beso aquel que nos propinamos Tomás y yo. Yo salí de ahí con una rosa roja y el corazón un poco roto a pesar del delicioso beso que me dio Tomás (besos que se repetían de vez en cuando en encuentros nocturnos por espacio de varios años); Claudia me odió porque con mi impulsividad le arruiné el ligue con el otro guanajuatense (de la que se salvó, eran re mochos). Tomás regresó 3 meses más tarde a la ciudad a seguir con su vida. Ahora es mi novio. Lo mejor que me ha pasado en la vida. Nunca supe bien a bien por qué no fructificó su relación con Nicole, pero qué importa: ¡ahora es todo mío!

Yo digo...


...que "El bufón Calabacillas" se parece a Fadanelli. ¿Cómo ven? ¿Me la va a mentar? Velázquez, genio, se adelantó a todos los tiempos y previsualizó a otro grande.

Siempre lefias


Volvimos a las andadas. Por poco y olvido lo lindo que resulta ser una perra, pero de la manera más elegante, con ese estilo que tanto mejora con los años. No repetimos más veces el nombre veneno porque entonces sí que ibamos a caer en el mal gusto y eso me choca tanto como la gente tonta o como caminar en La Rambla ahora que es verano y que todo, pero todo el pinche mundo se arremolina por ahí. Digo, tuvimos que recorrerla en su trayecto de Escudellers a Tallers sólo para llegar a la Oveja Negra a por unas jarritas de sangría, las cuales vendrían con una bella escena de guiri vomitando en frente de todos los asistentes; charla con italianos locos que nos enseñaron que “viva la mona” en ciertas partes de su país alude al deseo por las mujeres (es finalmente un grito cavernario que podría traducirse como “viva el coño”); y un montón de carcajadas, todo patrocinado por el típico bar catalán. En todo momento estuve consciente del peligro, pero consideré perminente que Lolis conociera ese tugurio, por lo cual valía la pena sortear el esquivamiento de numerosos bloques humanos integrados principalmente por italianos e ingléses entre muchos otros guiris odiosos por más perfumados y fashion que anden. Era su última noche en una ciudad que a 25 grados y después de su visita me parece más hermosa aún. Nos costó la sintonía. Creo que hacía demasiado tiempo que no pasabamos tanto tiempo juntas, como cuando nos encontrabamos cada tarde en clases, cuando viajamos a un mentado congreso en Sonora a presentar una revista que nunca existió, pero que nos hizo muy famosas. Una vez acopladas no la quería dejar ir, quería quedarmela otro ratito y otro ratito y otro ratito más que me reí un montón con ella a carcajadas parlando italiano, tragando gelatto de pastel de manzana en la Plaza Mayor de Madrid, donde reí más todavía cuando tumbó a un chiquillo con su mochila, sin darse cuenta, claro. Todas las complicaciones de mi universo llegaron a su punto más álgido durante su estancia a mi lado para después menguar y desvanecerse con la lluvia. Así que fui más feliz aún. Pude chillar y desahogarme y beber un coctél en el Ritz que queda frente al Museo del Prado. Caigo en la cuenta de que como antaño, Lolis me envuelve con su enorme belleza y podemos hablar al chile y develar episodios dignos de ser desechados ya. Volvi a encontrar en sus ojos la complicidad de siempre y nos adueñamos de la cocina de casa de Enrique para seguir festejando el encuentro, el paso de Lolis por esta bella Barcelona, que podré disfrutar a tope en lo que me encuentro otro lindo laburo, que el lugar donde trabajaba cerró y no tendré que echarme por algún tiempo jornadas interminables de 16 horas (para poder pasear por Madrid), ni soportar al encargado del restaurante que me tenía hasta los huevos con sus comentarios misóginos de mal gusto porque no le conectan el par de neuronas que dios osó darle. Definitivamente, la Secretaría de Relaciones Exteriores se debería plantear el dejar de exportar especímenes de este tipo al extranjero si quiere que se tenga a los mexicanos en un mejor concepto, como bien dice Enrique. Pero esa es otra historia y yo ahora estoy sola en mi piso porque mis compañeras están de vacaciones y soy feliz: no tendré que preparar ni un cortado más, ni calentar trozos de tortilla de patatas, ni lavar miles de vasos de cañas, ni escuchar al encargado de mierda o lidiar con Gloria, la camarera colombiana que no era camarera. Lefia, ¡te quiero!

FOTOGRAFÍA: "En la cocina se hacen siempre las mejores fiestas, ¿eda Lefia?" en la que se suponía saldría una imagen de grupo, pero mi brazo no dio más y Julián el colombiá acaparó, junto con Nicolás, el peruá, la foto en que en realidad debimos protagonizar Lolis, Enrique y yo, pero bueno, lo pasamos re bien.

domingo, agosto 06, 2006

Una de forevers


Salimos del lugar porque ya no servían más tragos. La lluvia de espuma había sido barrida y trapeada. No queríamos mojarnos los pies con los litros y litros de agua mezclada con Vel Rosita para espumar, así que descendimos de nuestro refugio en la primera planta y avanzamos hacia la salida. Había visto a una hermosa mujer en ese sitio, una mezcla entre Kate Moss y Catherine Keener, vestida con minifalda de mezclilla y blusa de algodón blanca, pero no pasaba de los 21. Tierna, tierna. Con los pechos florecientes. Sabíamos que queríamos más fiesta, de eso no había duda y todo se fue dando. Conforme avanzamos por la avenida costera salió solito. ¿Pos vamos por otra chela o qué? Pos vamos. Y no terminamos de manifestar nuestro genuino deseo, cuando ibamos pasando en frente de un table dance. La verdad es que ni me acuerdo del nombre, pero era un table dance en toda la extensión de la palabra: fachada blanca, muy pulcra, con un diseño arabesco, y dos tipos de camisa con estampado palmerezco y pantalón de vestir en la puerta. A Liliana le brillaron los ojos. Siempre quise entrar a uno, me dijo. Yo ya había entrado a un par, pero no en Manzanillo, ni con mi amiga. ¿Podemos entrar, señor? Sólo queremos tomar una cerveza. Pásenle muchachas. Y pos ahí vamos, algo ingenuas, más que nada borrachas, a sentarnos en una mesa justo en frente a la pasarela donde Yajaira se contoneaba como es típico y natural en estos bules. Más de uno de los asistentes nos miró raro, pero nos valió madre, ya estabamos ahí, no íbamos a juzgar, sino a divertirnos, ver chichis, y a tomarnos fotos típicas de borrachera, pero en un bule de verdad. Eramos las únicas viejas vestidas. Es bonito ser la única en algo. Pedimos nuestras respectivas chelas que nos acompañaron para ver cómo una amazona trepó el tubo y quedar colgando tan sólo sostenida por los pies. Yo, la verdad, flipé. En mi corta experiencia no había presenciado más que un sexo en vivo bien chafa en La Ballena y los bailes de varias gordis, que incluso exhibían la cicatriz de la cesárea, pero nunca a un mujerón como este que a pesar del tacón de sus botas se movía cual gacela en el escenario y se despojaba de sus prendas para mostrar la magia de una buena afeitada. Bueno, incluso creo que hasta al París de Noche llegué a ir una vez. Chale, y al Kaos, aunque sólo fuera para mear. En eso estábamos cuando Julio, un adulto contemporáneo en toda la extensión de la palabra, nos hizo algo de plática. Que qué estábamos haciendo en Manzanillo, que si estaba bien bonito, que él tenía unos negocitos por ahí, que su sobrino era novio de una de las bailarinas y que por eso frecuentaban el lugar, que él había vivido antes en Estados Unidos, que le iba a los Metz, que si queríamos otra chela, que después de ahí iban a ir a su departamento junto a Las Hadas, que si no queríamos ir a seguirla ahí. Liliana y yo dijimos educadamente que no gracias, que ya nos íbamos a nuestro hotel. Julio se fue. Nos presentó antes a su sobrino, con facha de cholo chicano. Nos terminamos nuestras respectivas bebidas. Fuimos al baño, pero como es raro que entren mujeres a ese lugar, tuvimos que ir al de las bailarinas, y pues ni modo, a verlas cómo se vestían, que si pásame la crema, que si traes labial, que ya estoy bien cansada. En nuestra partida nos topamos a Julio y su sobrino. Estaban esperando a la novia de éste en una camioneta tipo Ram Charger. Una vez más Julio insistió en que fuéramos a seguirla a su departamento y esta vez aceptamos. Subimos al vehículo, que tardó horas en avanzar porque la novia del sobrino armó un pancho porque íbamos Liliana y yo a su depa. Como pasaban los minutos, como no había mucha acción, volvimos a dar las gracias y aunque Julio objetó, salimos de ahí, no corriendo, pero casi. Para entonces ya nos había dado miedo que alrededor de la bailarina novia se reunieron las otras bailarinas y que todas miraban hacía la camioneta y nosotras todas inocentotas, o más bien borrachas, ahí trepadas. Seguimos cual camino amarillo la avenida costera hasta llegar al hotel que no estaba muy lejos. En el camino le marqué a Tomás y escupí un mensaje que no me acuerdo que decía. Al siguiente día amanecimos y coincidimos en que salvamos la vida de milagro. Hubiera estado la onda ir a ese depa y ver cómo se divertían, pero…mejor dejarlo así, había que vivir para contarla.

viernes, agosto 04, 2006

Once upon a time...

Tu olor -el incontrovertible y brutal olor del amor- permanece intacto mientras los besos se volatilizan en su propio júbilo y la humedad se hace una con la piel. Tu olor, en cambio, impregna hasta la médula. Hasta ese lugar recóndito donde el deseo anida y obliga a dejar intactos los platos del almuerzo y a danzar de nuevo hacia la cama, muertos de hambre de amor.
GUSTAVO COBO BORDA




¿Quién dijo que hay que comer? ¿Quién dijo ‘voy a enamorarme ahora’? Existen mil razones para correrme y otras tantas para decidir salir corriendo de esta cocina. Los ajos picados aguardan sobre la tabla mientras siento el delantal tan grande cubriéndome los senos, el vientre, el pubis. Mejor suelto el cuchillo, no queremos salir heridas de este pequeño espasmo de hambre.
Tomates asados y todo mi cuerpo bañado en semen. Cáete tantas veces como puedas, tantas como innecesarias de esta jaula que son los celos. Definitivo es no volver, no volverte a bajar los calzones, no morderte la memoria cuando orines y te creas el más cabrón de los perfectos. ¿Quién especificó los mecanismos para amar no amando? ¿Cómo sales de esta cuando estás en cada hendidura? Ni whiskies, ni camarones. Toda esa arena me estorba adentro de la vagina, todo tu mar, todas tus implicaciones con la maldita perra a la que le ves las tetas diciéndome que no. Salte del charco y ven a enfrentarme con argumentos, no sólo me quieras en las buenas, no sola en la cama, no nada más bajo seguro y con velas de otras aventuras oscuras. El delantal se me ha caído y tengo las uñas llenas de restos de ajo. Apesto como apesta la carroña que me dejaste entre las piernas y en ese cuarto vacío que se llama corazón. Lo confieso, me confieso. He pecado con cada uno de los que se han paseado por aquí, en saliva, en pupilas, en mis manos la carne que sólo vuela imaginaria y tú también probaste de mis decidias la que me unió a ti. Creo que tú has empuñado el cuchillo ahora y me has dejado ligeramente agujereada. Has abandonado la cocina más de una vez. Detonaste con tus titubeos mi ira, ese coraje y enojo enorme que se volca en tu imagen de perfecto inmundo que me ha pisoteado y tasajeado. Cometiste asesinato en tercer grado por miedoso y cobarde, por preferir cuidarte tu gastado egoísmo, tu maldito narcisismo de niñito inflado de falsas convicciones. Quizá al mirarte tan desprotegido, tan pobre y caído, tan poco resistente y seguro, mis heridas sanen por le puro gusto de saber que no caí tan vilmente. Me enfermas, cariño, me satura todo ímpetu de salvación. Aunque hayas arrancado mi delantal con la fuerza de un titán, mírate ahogado en tus etílicos refugios para un amor que no existió de cierto, que nos quisimos creer para redimirnos de sombras de otros tiempos. Lo arruinamos. Nos caímos. ¿De qué me sirve haber sido ‘lo más bonito’ que has vivido? ¿Con qué me voy a ir a la cama a soñar? Seguramente no contigo, porque de nada, creelo, de nada, sirve conciliar mi sueño en tu semblante trémulo, bajo tu yugo de macho enorme y prepotente, de falso poeta que no entiende lo que es darse y entregar. Me engañaste. Gracias por nada. El rojo en ebullición provoca un olor concentrado y delicioso. La salsa quedará para que te sirvas a manos llenas. El resto de ajos en mis uñas lo tiraré sobre tus últimos pasos, para que te vayas y no regreses a hacerme daño, para que no quiera matarte si me vuelves a mostrar tu eructo insostenible de mierda interior. Yo drenaré eso que me dejaste adentro, que inconsistente, se perderá en una alcantarilla cercana.

martes, agosto 01, 2006

Recuento...

El señor se enojaba cuando le pedíamos más bocadillos por un Rosado.

Se nos fue la tarde hablando de sirenas y otros posibles actos de las personas. Sonreí lo más que pude. Hasta en catalán. ¡Què dius!


Nos largamos a la playa.

Qué linda es la playa, aunque sea inventada.

La playa nos largó después.


Me dieron las 5 y llovió. Viví para ver mi primera lluvia del verano. Aunque no se note en la foto.

Tarde de Champañería

...Un buen lugar para pasar la tarde de mí descanso. Luego de 3 de Rosado partimos hacia la playa. Cyrill llegó por Gemma. Yo me trepé a mi bicicleta y llegué a casa como pude. Pude. Las tristezas al hombro no me pesaron tanto como otras noches. Llegué. Y esas tristezas no se notan en esta imagen tan feliz de brindis y todo.
Esta noche hace frío. Los 29 grados no se notan. Thom York canta. Qué hermoso que canta. Vinimos a esta ciudad a escuchar lo mejor de lo mejor, dice Gemma. Yo te oigo, te escucho, que claro que nada está tan mal como para estar mal. Nunca.