domingo, julio 02, 2006

Actos locutivos

Lo de ser espía, es algo que no se me va a quitar nunca. Lo llevo en la sangre. También tengo la manía de hablar sola, en voz alta, como cuando llegué un día a Lulio buscando a Aimeé y a Liliana; las busqué con la mirada, repasé todo el lugar y no me quedó otra que balbucear en voz alta mi reniego ante no encontrarlas, según mi repaso. Ellas rieron hasta morir ante la escena. De eso hace algunos años ya. Las conocía a ellas y conocía el mundo del periodismo cultural. Qué tiempos aquellos. Los buenos viejos tiempos. Cuánto aprendizaje, cuántas vivencias. Y nunca lo hubiera imaginado. Lo que nunca te imaginas que te va a suceder es lo mejor que te va a pasar en la vida. Tampoco imaginé nunca que 10 años después de conocerlo, estaría con Tomás. Lo conocí una noche de marcha, en el más absoluto cliché. Pero pregúntenle si es cliché querer así a una persona o tener todas las certezas del universo respecto al amor. Eso; aquello. Puedes pasar del conflicto y reconocer al amor, sin complicaciones. Y lejos de cualquier conflicto estoy ahora y eso tampoco lo hubiera creído nunca. A mear dentro del hoyo. A pintar raya, que ya es hora. A decir lo que se siente con gestos o sólo las palabras (actos locutivos) necesarias (os), con ausencias necesarias. A trazar límites, a dejar lo que no interesa afuera. La vida da vueltas, muchas, pero te sigue sorprendiendo siempre. Te sorprende una tarde de ocio en el trabajo con una lista de música maravillosa programada por David Byrne. Con la redacción de este texto en el barrio de Grácia, en el que nunca pensaste vivir. Y tienes es el poder de decirlos, de crear una instancia material para explicarlos, con palabras (actos locutivos de nuevo). Y bebes una cerveza y te vas a dormir. Sin Aimeé, ni Liliana y lejos de Tomás y de toda la gente que amas tanto como a tu vida. Quieres llorar. Pero la vena de espía prevalece y viajas en el tiempo y sigues hablando sola en las calles y vives tu vida sin conflicto, disfrutando de las endorfinas después del recorrido a casa en tu bicicleta. Con un nuevo soundtrack a cuestas. Eres feliz y abres un blog para contarte. Bienvenida. Tengo la palabra.

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