jueves, septiembre 01, 2016

Hater again

Odio mucho a la CDMX estos días: mucha marca ciudad, pienso, pero ¿y esas putas latas de sardinas llamadas micros que van a todo motor con clase obrera trabajadora hacinada de Chapultepec al Estadio Azteca? Y que todavía le da las gracias al conductor –lo crea usted o no– que se la pasó en pleno acto laboral –que representa conducir un vehículo– en llamada de celular pidiendo "su Whatsapp de él", porque no lo tiene, y avisando que "le va a dejarle sus cosas de él al rato". "Su puto Whatsapp de él", pienso. Acto seguido me monto en el tema "gente que habla como escribe, es decir, mal" y que va por la vida así, hablando con el puto culo –tan bello que es hablar bonito, cómo la RAE manda– contaminando a otros "con su leguaje de ellos". Dios santo.

La razón por la que estoy tan amargada es porque estoy hasta las trancas de trabajo, y todavía no sale el sol. Lo curioso del asunto es que lo que me trae chata no es el trabajo que hay que hacer en sí, sino las gracejadas que se gasta la gente de oficina, de la mía, esas bonitas personas que me rodean y no mandan mails o mandan mails exasperantes e ilógicos. Y no sé por qué me lo tomo tan a pecho, pero es que sin pasión, ¿qué sería de mí?

Así que vuelvo a mi etapa hater del DF. De la CDMX. De su puta madre. Y me quiero ir, no quiero seguir jugando a la ser la provinciana en la capital. Estoy muy harta y muy insomne y muy estresada y así, me intento dormir.



CLAVE: Dicen que Mercurio está retrógrado, que tenemos que cuidar lo que se dice, se escribe, porque se puede mal entender. Hace más de 20 años de esta rola. Y no, no quiero que desaparezcas, pero los niños rotos se tienen que ir al taller de "Reparaciones necesarias para ser adultos medianamente felices".

sábado, agosto 27, 2016

Qué es la vida sino eso

Es sábado y me desperté sobre las 7:30 de la mañana. Y me estaba haciendo el café, cuando me atravesó un cierto gozo, una alegría de disfrutar cosas tan cotidianas como esa sin tener la prisa apabullante del día a día –cuando hay que llegar corriendo a la puta oficina– mordiéndome la nuca: si no fuera la hedonista que soy, no me molestaría tanto, pero es que, ¿cómo no disfrutar el aroma, el sabor, la gloria del café de la mañana? 

Creo que no hay nada más triste que, como dice Amiel, habernos dado cuenta tan pronto en la vida que detrás de todo, no hay nada, y, como dice mi tío Arturo, hay que encontrarle el sentido a lo que no lo tiene, porque si no, ¿qué hacemos aquí?

Si al escribir todo esto no me entraran una ganas de llorar tremendas, pensaría que estoy sólo despotricando contra el mundo, pero a mí me tocó ver todo eso, y no me tocó elegir: lo encontré porque siempre quiero entender el puto por qué de las cosas.

Y aun desde esta trinchera tan pesimista, sonrío y creo que triunfé en la vida porque vivo en un lugar al que siempre quise regresar y, como sea, tengo un trabajo entretenido al que tengo mucho qué agradecer: me ha dejado ver cloacas humanas gigantescas. Es como una comedia protagonizada por locos y disparatados ensayos humanos. Me quejo de estar sólo viendo la vida pasar delante mío, del otro lado del cristal que divide ese impoluto espacio del resto del universo, pero la vida sucede ahí todo el tiempo: es una oda a lo que somos, mezquinos, egoístas, protagónicos, edipos, huecos, sobrados, primogénitos, huérfanos de razón, muñecas, pitos chicos, niñas rotas, candorosos, herméticos, inteligentes desaprovechados, prepotentes, inseguros de mierda, entre un millón de etcéteras más.

Qué es la vida sino eso justamente: la vida, la diversidad, la posibilidad de todo o nada. Y ahí está el sentido: creer que somos parte de ese todo y disfrutar de pequeños logros cotidianos haciendo las cosas bien para obtener una retribución a cambio e irnos pa' casa a soñar un tantito, recobrar fuerzas y volver al camino.

He sobrevivido a un verano brutal, porque lleno de trabajo, de uno bestial y despiadado, porque ¡todavía fuera solo trabajo intelectual! pero no: hubo que lidiar con toda esa masa amorfa de ensayos humanos cada bendito día de lunes a viernes. En fin. Qué les digo sino ¡qué diver!


VLLNT: En clave de baile, escucho y escucho, porque puedo y me da la ganita disfrutar según qué cosas. Como las joyas que también he encontrado en esas cuatro paredes llamadas oficina.

NOTA: Este año el blog cumplió 10 años. También me entran ganas de llorar al teclearlo. Han sido un montón de letras, pero sobre todo de vida. La puta vida a la que, si bien a veces no le hallo, la suelo disfrutar a tope. Sólo que grinch hasta la muerte, porque #yolo y así.

jueves, abril 28, 2016

Al vuelo

Con el tiempo no me he hecho menos neurótica, pero con el paso de los años he dejado de lado un montón de prácticas que ya me son innecesarias. Eso de menos peso en el equipaje, funciona muy bien para mí.

Es raro que esté un jueves a esta hora en casa, pero hoy no pude más que elegir lo importante antes de irme a casa.

Siempre imaginé hacer una lista de todas las cosas que tenía que haber hecho antes de los 40. Pero sólo hay dos cosas que sí voy a disfrutar mucho sea cual sea el momento en que lo haga: tirarme en paracaídas y tener un hijo. El amor, ya lo encontré.

Me pongo sentimental: me ha estado pasando la vida por delante y por detrás. Se crea un cierto pasmo al tiempo que no paro, no dejo de moverme. Y deseo hacer todas las cosas que no he hecho y siento que se me va el tiempo, que lo necesito todo de nuevo. 




DRAGON: Bonitos, porque disfrutar de su música me han dejado. Ah, las uniones. Oh, todas las experiencias que traen. En estos días aprendí lo que es estar de verdad, estar, querer hacerlo, querer que funcione, querer y amar. Estar y amar, Amiel, estar y amar.

miércoles, abril 27, 2016

No quiero

Creo que no le lloré a Prince. Porque los días me pasan encima y, literal, me aplastan con su hecatombe de novedades que, gracias a dios y el cielo, existen para mí cada jornada. Pinche Prince, y ¡arriba "Purple Rain"! Otro más del gran soundtrack de mi vida que ya se fue.

Porque debe ser duro partir y dejar todo lo conocido en este mundo. O es más duro para los que se quedan. Y estas cosas que me pasan por la cabeza cuando me dicen que me haga una biopsia para descartar cáncer. Aunque vaya de la mano de Amiel, me cae que no quiero.


PURPLE: ¿En qué momento se vuelve uno tan adulto que te empiezan a decir "señora" a diestra y siniestra? Me asusta, pero me gusta, podría decirles, aunque la verdad es que sí se siente eso del último paseo rumbo a los 40. Voy a decirlo, es tooooooda una aventura, amigos. ¡Acompáñenme! 

martes, abril 26, 2016

Terciopelo de señora

Supongo que voy a ser la última en enterarme, pero me he convertido en una señora. Me gusta pensar en ese terciopelo que relame las letras de la palabra señora, porque si ya lo soy, qué mejor que serlo con cierto garbo, ¿que no?


EL_VY: Me gustan. Son poesía. Que no es de dios ponerle esparadrapos a las palabras que siempre están por nacer en frases futuras.

martes, abril 12, 2016

Todo

Hemos pisado ya un hospital juntos. Y recorrido kilómetros de carretera. Ya. Y ya mismo lo estoy pensando e imaginando: raíces, frutos, y hasta hojas fenecidas. Es lo más bonito y lo más bizarro, porque no se parece a nada, porque todo es.

Fuimos al concierto de los Love of Lesbian, donde nos cayó encima eso que El Poeta Halley riega: "si las palabras se atraen, que se junten. Y a brillar, que son dos sílabas". Así que, pues eso. A vivir, que son dos días. Aquí, a mi ladito.

Para Amiel.



VOLCÁN: El pinche Santi Balmes es muy buen escritor. Pero lo más bonito es que a sus letras las acompaña una buena composición y sale música. La primera vez los vi en un bareto perdido por Sarriá. Quéironíaquéfuerte. Y así.

lunes, abril 04, 2016

Berrinches de ultratumba

La primera mañana hábil luego del cambio de horario: el celular dejó de respirar a eso de las 9:40, cuando yo todavía no salía de casa rumbo a la oficina, poco después de rajarme el meñique izquierdo por el primer pliegue inmediato a la yema del dedo. Partí por fin a la ejecución de mi pequeño godinato olvidando del café en casa, maldije entonces esa maldita primera mañana hábil tras el puñetero cambio de horario de ¿invierno? al de verano. Me cagué en todo. 

En las mañanas me siento lenta, torpe, lenta. Más aún en una entre semana y con una hora menos. No quiero ni recordar el hecho, porque es tortura pura. Quiero mi hora, ¡ya! 



ROJA: Tengo un crush con los de esta habitación. Con su música, pues. Porque aquí, en tierra firme, mi crush es con Amiel maravilloso. Y es muy fuerte. Sólo por eso, dos por uno musical.

domingo, abril 03, 2016

Nosotros en plural

Intuimos por los ruidos que hace la vecina que no tiene pareja actualmente: se escucha que camina, que le tira la pelota a su perro –o perra, vaya usted a saber–, que abre o cierra el clóset, pero nunca habla, mucho menos gime. Y estoy segura que se escucha todo. Con todas mis credenciales de paranoica profesional, se los aseguro.

Hacemos muchas cosas juntos, no nada más esbozar la vida de los demás, uno de nuestros deportes favoritos: aportamos cada uno resultados basados en la materia en la que somos expertos y ganamos en la propuesta final, creo yo. 

El plural es en su totalidad. Pregúntenme hace cuanto hacía esto de convivir día a día con alguien con quien ya entraste hasta la cocina o más. La respuesta es buena, en cuanto a resultados, porque nunca lo había hecho por 9 meses consecutivos sin haber ejecutado el maravilloso acto de manipulación rampante y lista para esterilizar el futuro de toda sociedad con esa persona. Lo intenté, pero no pude: el sablazo de realidad, primer gran regalo de Amiel, y la conciencia que fui adquiriendo me lo impidieron, gracias a dios. Al dios que sea, porque estaba de locos esa prestidigitación tan mía y tan sabida, pero no reconocida nunca antes.

Y así, juntos, es que nos encontramos ahora. Esbozando el futuro y planificando lo que podemos planificar en este momento. Vaya que esto ha crecido.


PELEA: Yo tampoco quiero llegar hasta allí. ¿Quién quiere llegar ahí? Y agradezco infinito esto que haces, porque me alienta a hacer camino, de crecer contigo y esas cosas de pareja.

lunes, marzo 28, 2016

Juegos salvajes, como Rosa

La carretera tiene sus cosas. Me acuerdo cómo me carcajeaba internamente cuando veías los letreros de "Vibradores" en alguna parte del camino de Guadalajara a Puerto Vallarta. Pensaba en dónde estarían esas prometidas maquinillas que dan una cierta felicidad, para pedir que detuvieran el auto y encontrarlas a mi paso. Jugaban con mis sentimientos. Así las cosas con uno que recién me topé: "Maneje con cuidado. Su familia lo espera". ¿Por qué jugar con los sentimientos de las personas para que manejan bien? La gente tendría que manejar bien con o sin familia de por medio, pero necesitan que les piquen en sus fibras más sensibles, porque, al parecer, no son capaces de ser responsables por el deber ser de todo conductor que se precie de serlo. Quizá exagero, que bien puede ser, pero no estoy de acuerdo ya desde las promesas incumplidas por parte de Capufe. ¿Por qué utilizar el chantaje como campaña de concientización de los ciudadanos que se sitúan frente a un volante en carretera? Yo ahí nomás se los dejo, que ya veo que se manipula aquí y allí así como así. Y punto pelota.

Lo cierto es que la carretera ahora representa felicidad, porque es felicidad para Amiel. Y yo soy feliz si él es feliz.


AVALON: Anoche me topé con un concierto de Bryan Ferry por televisión. Me dio gusto que su banda incluyera una gran presencia de mujeres frente a los instrumentos o coros. Quiero pensar que es porque Ferry vio talentos y no nalgas. Que vaya común que suceda. Todavía. 

viernes, marzo 18, 2016

Que las lágrimas se sequen solas

Tardé mucho en ver el documental de la vida conocida de la Amy Winehouse. Temblé casi desde el principio: qué identificada me sentí con ese vacío abrumador que se vislumbra en esa escuálida chica que apenas tuvo conciencia de nada. Realmente abrumador. Me comenzaron a sudar las manos en cierto punto —quizá porque ya conocía el final— y entonces reparé en lo identificada me sentí con ese no tener objetivos claros en la vida, con esa catástrofe que es ser como una hojita al viento. Todo el tiempo me pregunté por qué coño no hubo alguien que le dijera que existe la terapia, porque entonces vas ahí a dejarte la piel para entender por qué coño eres esa cosa que eres, esa masa amorfa y sin expectativas que tiene que pagar para recuperar la forma y el rumbo que perdió por esa incómoda sensación de no poder ser sino tener que fingir por el cariño. O al menos, yo eso creo. Dijeron que era un alma vieja, una mujer de 62 años en el cuerpo de aquella jovencita de origen judío.

Nunca fui realmente fan de la Winehouse. Escuché apenas sus grandes éxitos casi que porque sonaba en todas partes, no porque yo la sintonizara, la eligiera. Me pasó de noche, aunque creo que me acompañó en varias ocasiones allá, en Barcelona.

Vaya vidas tristes. Tristes para mí, claro está. Que lo vivido y lo bailado.



AMY: Y no nada más la voz, las letras. La muy perra se daba el lujo de escribir unas metáforas de miedo. 


martes, marzo 08, 2016

Confesiones, latas de atún y nunca es tarde

Abro una lata de atún y como con una cuchara directamente de ella. Me acuerdo entonces: así me abrí el domingo, en canal frente a él, Amiel, mi pareja. Ha sido la cosa más espantosa del mundo, una sangría de vergüenza, un vertedero de algo que ya no aguantaba ni dos segundos más ahí dentro: ser lo que soy implicaba reconocerme con todo eso que traigo a cuestas y la manipulación de la que hago uso, ya no podía seguir así, de incógnito.

Al parecer quise ser un niño, porque entendí muy pronto que el deseo de uno era algo muy fuerte; luego me inventé un personaje y fui la niña más niño que pude y luego el bato más bato de la comarca, cuando ya era una mujer; y hace muy poco se me cayó todo encima. Días más tarde, todo, pero todo se volvió a venir abajo.  Qué novedad. Raro: no tengo ni un sólo problema con tanto derrame, si me siento tan ligera; lo que pasa es que toda salida del clóset de los manipuladores cuesta como toda salida de clóset de lo que sea. Que en esa lucha por sobrevivir a la infancia, se ve que me forjé cual reina de la manipulación grandes ligas. Y no tengo ni un problema en admitirlo. Y vaya tela.

No fui yo. No he sido yo. No serlo ya era una manipulación del estado de las cosas, digo. Y pues la catástrofe: el caos que ha sido mi vida no es gratuito, caigo en cuenta. Tanto daño infligido por no saber lo que estaba pasando, por no tener mi puta idea de qué era exactamente lo que me tenía tan intranquila, errante, dispersa.

Pero nunca es tarde. Todavía no.


CHANSON: Lo bueno es que estos días el proceso y los astros me tienen tranquila, me dejan en paz. Ya mucho berreo y pataleo en días pasados. Perdón, Amiel, perdón, pero ya tú sabe que todo es para estar mejor, ¿verdad?

lunes, febrero 29, 2016

Manipuladora conoce a manipulador

En esta, su tragicomedia de ocasión, donde la pasión es como en la vida entera —una perra desalmada—, él la encuentra a ella, que lo encontró guapísimo a su vez. Y las cosas les llegan, suceden, se juntan y se pican, se cucan, se embisten, se pegan. Y la ropa se cae, la piel se cae, la vergüenza se cae: se gustan tanto como se temen. Ya en cueros, se han visto. Se ven, se siguen viendo. No fue cuestión de picahielos. Hay algo ahí. 

No se pierda la traducción en el próximo capítulo. 


3x6: Tres parejas hacen más gente. Que no se pierdan. 

lunes, febrero 22, 2016

Los últimos tiempos

He vuelto a escuchar a Calamaro. ¿Cuántas veces lo hice? ¡Y tantas! "No quiero que se termine, no quiero que me abandone", chilla con su voz suave, cuasi aterciopelada y rasposa. Escribo esto al tiempo que me doy cuenta de lo poco que he posteado: como signo de los últimos tiempos, que son unos en los que tendría que venir mucho más por acá y escribir, como me gusta, como me encanta, como no hago tan seguido y con tanta frecuencia, porque no, ya no vengo por aquí a dejarme a golpe de teclado.

Razones a mi tendencia a racionalizar casi todo, no le faltan, pero no está bien. No lo está, como yo no lo he estado —con tantos cambios de estación en un sólo invierno—, pero resisto como el junco que no se dobla y sigue en pie: no solamente no sucumbo ante los embates de un trabajo de absorbencia total, tampoco lo hago ante los retos de una portentosa y joven relación en la que estoy implicada hasta las manitas, que le dicen. Y estas son las dos tareas que me ocupan estos días.

Más allá de todo, lo gozoso de los últimos tiempos me tiene embelesada: he logrado llegar a un lugar al que tenía muchas ganas, muchas. No lamento haber postergado algo así tanto tiempo, pero a mi favor sólo puedo decir que no estaba lista. Creo fervientemente que nadie escarmienta en cabeza ajena, que se tiene que vivir lo que se tiene que vivir y, así, es la única manera en la que se llega a donde se tiene que llegar cuando se tiene que llegar.

Y más que llegar, para mí es una cuestión de quedarse. De querer hacerlo. De permanecer. Como no sé hacerlo, no del todo, reniego de una extraña pérdida de la libertad. Pero no es la libertad lo que se pierde —porque esa nunca se deja así, como así—, sino que está aquello que se gana en consecuencia: al otro, libre, que viene por la vida caminando hasta que se cruza, como tenía que ser, con tu camino. Y te encuentra. ¡Ay! Estas cosas de ultratumba.


AZTECA: No será santo de su devoción, pero a mí me hace gracia. ¿Qué les digo? Y aunque lejos, me cae simpático, como para tenerle por ahí. Y poco más.

miércoles, enero 27, 2016

Seré, seré

Pero, ¡a quién se le ocurre apuntarse al cursillo de inglés del curro! ¡A quién! Si ya poco me da el estómago para ver a según quién, encima ¿buscar encontrarlos por cuenta propia? Seré imbécil, seré.

Soy de esos bichos de oficina que no saben qué hacer en este tipo de ecosistema. Soy políticamente incorrecta, molesta, indeseable para la paz de estos espacios. Si ya desprecio a más de la mitad de la humanidad, ¿por qué querría asistir diariamente a un espacio de encierro con personas que me dicen poco, muy poco? Y los oasis que se dan tan poco. Son como estrellas fugaces que pasan a veces muy lejos. Sin exagerar, hay días que me seco por dentro. Con el mismo afán les digo que soy una exagerada irredenta: debe haber entornos peores en mi escala de valores. Es sólo que soy tan pinche perfeccionista, tan exigentita, aunque en el fondo en realidad sea una ratita que muere de miedo y tiene que poner cara de malota para que no la aplaste la hostilidad, la prepotencia, la sutil violencia tan propia de las oficinas.

"Vas a levantarte, hermana mía", escucho. Y confío.


MUTANTES: Hoy me han salvado, me han hecho la mañana, porque en el bus que me trajo hasta aquí, alguien olía muy feo. Y entre hedores pensaba por qué sufro tanto si, aparrentemente, he tenido una buena vida. El problema es que normalizamos la violencia hasta en el núcleo familiar y, nos gusté o no, cuando niño eso daña mucho. Se obtiene adultos desadaptados, tramposos, manipuladores y ramplones como yo.

lunes, enero 25, 2016

Ojitos bien abiertos

Llegó el momento en el que —como mujer adulta— he podido ser capaz de mirarme hecha un ovillo sobre el suelo, sin más que una bata blanca, desesperada porque las cosas no avanzan, resistiendo a que nada ocurra. Llegó y no sé si ver, verme, apreciar la fotografía completa, me va a hacer mejor persona. No me encanta lo que veo, pero no hay de otra. Ver, verme ahora es la gran paga de recostarme una vez por la semana en el diván y explicarme qué coño me he dedicado a hacer en los últimos 10 años que parecería que no he hecho absolutamente nada a los ojos de según quién, cuando he avanzado una vida: si no escarbamos ahí donde duele, por qué sólo vemos lo que vemos o lo que queremos ver, podemos 1) ser felices, porque no nos enteramos; 2) ser desgraciados, porque aunque creemos que hacemos todo por estar bien, en el fondo somos desdichados, o 3) quejarnos porque algo no funciona hoy, pero no entender un pito por qué, porque según nosotros ya lo arreglamos en terapia y no es cierto. Entonces, ver, verme y no ver sólo lo que quiero ver, sino contrastar durísimo con el otro que está tan cerca que, sin así buscarlo, se convierte en punching bag, espejo, bello receptor de transferencias malditas; y de ese contraste llegar del otro lado.

No sólo llegó el momento, sino que llegó el otro lado. O llegué. El caso es que no encallamos, arribamos a tierra firme. O algo. Y, entonces, el plural cobra todas las formas de la belleza y la felicidad conjuntas. Cursi, pero cierto.


SUPERSTYLIN': La otra es bailar. Estoy convencida que los dos, bailamos y llegamos ya mismo. Sólo por hoy, que me dicen que me pongo muy malita de mi ansiedad si visualizo futuro.

lunes, enero 11, 2016

Adiós Bowie, adiós

"Se murió Bowie", susurró porque eran las 5 de la mañana, porque yo estaba casi dormida. Y nunca imaginé ese momento, en el que me sentiría consternada por la noticia: se murió David Bowie víctima de un cáncer que lo aquejó durante 18 meses. Por eso había anunciado que no volvería a pisar un escenario. Por eso lamentaría, con la noticia, haberme decantado por Soda Stereo, y no ser rica, para hacer ido a su concierto en México allá por 1997. En mi cabeza, Bowie regresaría y yo no me podía perder el adiós de los argentinos, de Cerati, que también ya partió.

Bowie nació el mismo día que yo y me acompañó todos estos años. Si bien mi padre no ponía sus discos como ponía los de los Beatles, me lo presentó para que formara parte de un maravilloso soundtrack de vida. Aquí y allí, su música marca algunos de los más entrañables momentos de mis días de imberbe mujer que se convertía en adulta en medio de un sangriento tránsito por la tardía adolescencia, pero también un montón más de instántes, acá y allá, con más calma que otra cosa.

Y Bowie suena a viejo acetato, como les decíamos a los hoy vinilos, y volverá a sonar pronto en mi propio tornamesa. Hippster, pero cierto, quizá quiera sentirme cerca de casa, de la que fue mi casa en el ranchito amado, aunque también ese remedo de viejo sonido haga de mi casa, más mi casa: nuestra casa.

Todo cortesía del que acompaña ahora mi vida y como regalo de cumpleaños.


HOMENAJE: A quien por momentos me hizo compañía y de la buena. Y a quien ahora está, gracias a su dios personal y al cielo, porque se está poniendo bueno.

martes, diciembre 22, 2015

Perras

Yo les digo perras, pero puedo asegurarte que no tienen la forma de un animal tal y como lo es un perro. Aun así les digo perras, las pinches perras: personas tan comunes como cualquier ciudadano de a pie. Lo que las hace perras, creería, es la sed de aprobación, una voraz necesidad de recibir no una, sino cien mil millones de "palomitas", de apapachos y caricias de sus superiores –en algunos casos de los colegas, también–, palmaditas en las espalda que avalen sus "buenas acciones", esas que se dedican a fabricar y apuntalan con conductas pasivo-agresivas que, ¡oh, dios mío!, mucho contaminan los ambientes en los que se mezclan. Sepan que las pinches perras no son sólo mujeres: hay hombres que se decantan por ser parte de esta especie que tanto prolifera en espacios cerrados y de largo cautiverio como lo son las oficinas, ¡ah!, maravillosos templos de este tipo de conductas.

Las perras se erigen cuales gigantescas efigies de la bondad: cuando se reflejan en un espejo, lo que ven son hermosas figuras de eso que anhelan ser; así, pueden llevar ropa costosa o que aparentan ser costosas, unas porque tienen y pueden, otras porque quieren lo que las otras tienen, al menos parecerse a eso a lo que aspiran. Y pasan desapercibidas. Quizá sólo unos cuantos padezcamos el horror humano que es verlas de cerca y sentir demasiada pena: me encantaría conocer a una pinche perra que se dé cuenta que no me la pegan, que no les creo, que las detesto y no las quiero por aquí, porque a mí no me obligan, porque a mí nadie tan cortito –en todos los sentidos– me puede dar línea y que lo vaya a seguir.



VIDEO: Y así, pegándose como animales, van los unos con los otros reproduciéndose y vaciando al mundo su mediocre ser. Esa es la historia, amigos, y se repite ad infinitum, ad náuseam, por el resto del maldito tiempo.

domingo, diciembre 06, 2015

La reina pasmada

Hace casi 4 meses, un amigo me escribió un correo. Me ponía al día de su vida, de lo que implicaba dar la vuelta al mundo con su pareja, de su relación. "Es una relación ya que casi va sola", me dijo. Y desde ese día intento elucubrar qué significa que una relación vaya así, casi sola, no como un pequeño de meses, entrado en el año, y haciéndose al andar, sino como el adulto que decide por sí mismo y es responsable de su persona. A algo así me sonó. 

Si camina sola es que hay, por sobre todas las cosas, comunicación: los dos se hablan en el cotidiano y desde ahí para, en la intimidad, hablar desde adentro. Al menos es lo que yo digo. Y ahí se me cae la cara de asombro, o vergüenza, porque se me ha vuelto a aparecer ese viejo fantasma que es mi incomunicación con el mundo y me encuentro parada frente a un montón de recaídas y reparadas con mi pareja.

Habrá veces que va a ser difícil, porque sí: yo no comunico. Me pasa esa cosa graciosa de que, si pasa en mi cabeza, si ya lo pensé, seguramente tú lo vas a entender, porque esa idea existe en mi cabeza. Así que ambigua, complicada, pasmada. Siento como si estuviera parada al borde del acantilado con mi reino a los pies, con toda la extensión de mis tierras frente a mis ojos y yo estoy ahí, sin hablar, sólo contemplando la eminencia de todo eso que soy, sin poder articular palabra por el empacho que me causa esa enormidad de territorio.

Puedo acomodar en mi cabeza las cosas de manera que las pueda entender de una manera lógica, razonable, pero no me pidas que entienda todo ese universo de emociones que me despiertas y no sé cómo acomodar, dónde poner, cómo tratar, y ¿a quién recurrir?

Nunca pensé que iba a decir algo así como "estoy pasmada por amor, por lo fuerte de este amor", porque, claro, ¿yo por qué iba a merecer tanto amor? Y heme aquí, pasmada lo que sigue y sin poder comunicar tantas y tantas cosas de las miles que pasan por mi cabeza. Literal.


VIDEO: Que para estar en la misma sintonía, no sino comunicar. De trivialidades, todas, pero de adentro, ¿cómo sacar lo de adentro? ¿Cómo poner palabras a tantas sensaciones que desconocíamos? Por lo menos yo, analfabeta emocional me declaro.

miércoles, noviembre 18, 2015

Pasajes de un mundo tan normal

Las oficinas encarnan universos paralelos en los que transitas algunas cuantas horas al día. Esto, por lo bizarro que resultan las más de las escenas, circunstancias y personas, como un todo que se retuerce al tiempo que se endereza, todo que va acompañado por el chasqueo de cables eléctricos chispeantes como rotos. Son entornos tan hostiles, como aparentemente amables, y lo preocupante es que de ese tipo de personas está compuesto el mundo. Si no fuera por los pocos seres sensatos y con onda, estaría al borde del suicidio –cutter en mano–  a cada tanto, aunque el fondo de ahorro me diera algunas esperanzas.



RAREZAS: O algo así como piezas extrañas de este mundo, al que se le cuelan tantos a veces.

martes, noviembre 03, 2015

Revisita no more

Lo que pasó
Si sobreviví a nuevas tormentas, como a mí misma, ¿soy más madura, más fuerte o más pendeja? Esto último, por aquello de las recaídas, las reescrituras hechas en torno a viejas neurosis bien amadas, porque no las dejamos ir. ¿Por qué? De algo les sonará que se me hayan metido hace demasiado tiempo, como para que no costaran tantas zarandeadas para dejarlas ir.

Lo que pasa
La nueva nave la monté rumbo a tierras desconocidas y sigo en la misma ruta. Realmente es nueva esa sensación de comodidad casi absoluta. Que alguien me entienda y me haya sabido leer tan, pero tan bien, es la experiencia más rara, maravillosa y absoluta. Ya me puedo morir, como dicen los que saben. Pero todavía no quiero, que quede bien claro. 

La que todavía no sabemos
Dentro de algún tiempo estaremos debajo de un edredón fresco, bien calientitos. Y aunque desconocía "Palitos I. Del argot barriobajero del DF y su zona metropolitana", ya tú me lo habrás enseñado.


VISTA: Para un lado. Para el otro. Tantos caminos. Sólo que ahora es diferente. Lo más conveniente del paisaje es justo eso. No es lo mismo ni es igual. Es otra cosa. Bien que eres viaje.

miércoles, septiembre 30, 2015

Mujer al agua





Desde hace tres meses y medio me tiro, algunas mañanas, en la piscina y nado alrededor de 30 minutos. Son entre 14 y 16 vueltas que suman algo así como 700 metros. Como suele suceder, me tomó algo así como un mes y medio para agarrar condición, para entender y llevar a la práctica una buena respiración que mantengo alternando dorso con cralw, para no morir del sofoco, porque será el sereno, pero me costó un huevo recuperar un camino ya transitado antes. Es chistoso que, a pesar de nadar con furia las más de las veces, hay neurosis que no se me quitan: aunque tenga claramente identificadas según qué conductas que se me disparan con "ciertos estreses", todavía no las puedo controlar como ya me gustaría. Como sea, estamos trabajando para que eso suceda con mucha menos frecuencia de lo que sucede en la actualidad. 

Casi que fue al primer contacto, de esta temporada de nado, con el agua, que me di cuenta de lo mucho que amo nadar, de lo maravilloso que es pegarle a la brazada y patear con ganas, vamos, dejarse la piel sumergida ahí. Y con ese recuerdo me viene siempre el maravilloso de mi padre enseñándonos a mí y a mis hermanos a nadar: con el rigor que lo caracteriza, puedo asegurar que nos dotó de una de las herramientas más útiles y bondadosas en la vida. En algunas ocasiones, todavía me lamento por no recordar según qué episodios de mi infancia, que muy seguramente deseché por supervivencia, pero me agradezco haber conservado este. Uno de los pocos y uno de los felices. Como he dicho por ahí, ni tanto que queme al santo, ni tanto que lo ilumine. Y en esas también andamos: en reparar la torcedura del camino y por encontrar las causas correctas para estar en desacuerdo con las cosas que siempre reprobé. Porque es así, ni tanto y ni tanto. Pinche Electra. Está cabrón. 

INTRÍNGULIS: El tiempo que tengo practicando natación, es el mismo tiempo de mucha paz por aquí. Si bien no me entendieron de viva voz, creo que entendieron los trazos de mi pluma. El mejor insecticida ever. Simplemente el mejor. Gracias totales.

martes, septiembre 22, 2015

La situación actual

A veces sólo tengo que voltear y mirar por encima de mi hombro; otras, sólo es cuestión de cerrar los ojos para ver que es mucho lo que ha sucedido en los últimos casi 90 días. Unos, de felicidad pura. El resto, de sensaciones variopintas. De todo tenía que haber, porque no se conoce a la gente cuando nomás hay bonito, ni nada más se trata de pasarlas putas. Como que soy un mar indómito para seguir una pura línea recta, que luego me aburro y me pongo creativa: hay que recorrer todas las partes, hacer todas las posibles lecturas; recabar toda la información en esos gestos, agotar las interpretaciones y encontrar las nuevas. 

Hay, porque sí hay, varios pasos que desandar. Más vale. Que no por detrás ni por delante: es justo al ladito que va. Y, así, vamos.




VÍDEOS: De pelirroja a castaña. Y, en honor al tono, en el camino de la comprensión, porque no, no es necesario echar todas las castañas al fuego, que quemarse no está de moda. Eso quedó en otro lugar.

jueves, agosto 27, 2015

Ocupaíta

Creería que, como en mis mejores tiempos, estoy ocupadita de pies a cabeza por diversos motivos. Y me gusta, me encanta: ir a nadar por las mañanas, a la chamba después, luego salir y encontrarme con la felicidad de sonrisas y besos, para volver a las justas y preparar el día siguiente, y así sucesivamente hasta llegar a los oasis en los que convertí, y no sola, mis fines de semana. 

Mariana, la que soy, Mariana, está ocupada. Muy ocupada e invadida por sensaciones y sentimientos nuevos. Y aunque desconozca, abrazo: se siente bien y, es que es así, el amor, cuando se siente bien... 

Y hablo de cualquier tipo de amor. Así, el abrazo llega hoy a muchos, o a algunos solamente, y lo celebro. Lo sigo haciendo. 


PISCINA: Y para muestra, el botón que es constante. Lejos de todo conflicto y de todo peligro, lejos de mi peor versión y descontento. Lejos, pero tan cerca de algo verdadero y hermoso. Así las cosas en la viña del señor. Juar. 

jueves, julio 23, 2015

Repeguismos


El pasado martes acudí puntual a mi topografía de córnea para determinar si tenía una malformación, argumento de la doctora que me canalizó a todo ese circo que constituye el peregrinar de Córnea a Refracción y luego a Consulta de Segunda Vez en el Hospital de la Ceguera, como yo le llamo, a esa noble asociación determinada a evitar que la gente pierda la vista, o algo, porque habrá sus ciegos irredentos que por designios misteriosos dejan de ver, que no para todo está la mano del hombre o de dios, como creen algunos.

Al término de mi espectacular jornada –que sirvió para enterarme que tengo principios de queratocono y no soy la más óptima de las candidatas a la operación para dejar las gafas de lado–, me formé en el apartado Citas, que fue a donde me mandó el Dr. Cárdenas. Un joven estaba en turno, hablaba con la despachadora de futuros encuentros con la medicina y su arte, cuando siento como se me repega algo por detrás, literal, que si no es por mi bolsa, son capaces de respirarme en la nuca. Se trataba de una señora: fea, con el cabello teñido a rubia, fea, chaparra y gorda, fea. "¿Qué no está formada en la fila?", cuestiona. Volteo a verla y le digo "sí estoy formada, la fila está ahí y no va a ninguna parte". Yo me volteé pelando ojos y de no ser porque mi acompañante la miró sonriendo, creo que la mujer casi me pega.

Ante este tipo de situaciones, me saltan varias preguntas: ¿cuál es la puñetera necesidad de ciertas personas por respirarte en la nuca cuando de hacer filas se trata? ¿Sienten que llegarán más pronto si se te repegan y vislumbran la meta como más cercana? ¿Es que no en todos los países es así esto de las filas? O, ¿es que en otros países no son tan feos y apestosos como para que me repugne que se me repeguen? El mueganismo, ¿es privativo a los Godínez o también gustan de practicarlo las personas que hacen filas en bancos, supermercados, los CAC de Telcel? 

Creo fervientemente que algunos mexicanos no tienen una clara conciencia del espacio vital del otro. La otra, más probable, es que estoy loca de atar, como una cabra, y no soporto, no tolero que me toquen los extraños, los desconocidos de mierda, no soporto. Pero aquí volvemos al apartado "no entiendo": nunca voy a comprender la necesidad de según quién a repegarse al prójimo, como si fuera manda.

Y viva México lindo y querido.

ALBERCA: La llamo así acá, donde piscina debe sonar de lo más mamón. A mi me gusta decir "pisci", como digo "perfe" o "porfi" en honor a las chilangas fresas. Pero bueno, que yo y la alberca somos uno mismo. Qué feliz es ahora mi vida con tanta alberca, tanta mojada y anexas. ¡Juar! 

martes, julio 14, 2015

Declaración


Una de las primeras noches de diciembre de 2013 asistí a un convite, el cumpleaños de Carlos. Ahí cruzamos por primera vez camino, por decirlo de alguna forma: en realidad ya nos habíamos visto en Facebook, justo porque Carlos consideró buena idea que nos conociéramos. Que nos conociéramos y que folláramos un poquito, tal vez. Cuando vi tu perfil en Facebook debo confesar que me parecieron un tanto pretenciosas las publicaciones que pude ver. Y, sin conocerte, esa foto de perfil no la hubiera entendido, como no la entendí: de alguna manera mostraba toda esa aparente seriedad que sí, puede dejar consternado a cualquiera, incluida a mí misma, y helado como piedra.

Y te gusté, dices. Desde entonces. Aunque haya dicho que no quería conocerte, porque sí, lo dije con todas sus letras: por aquellos tiempos lo acababa de dejar con un alguien demasiado pretencioso, con demasiadas aspiraciones intelectuales, por decirlo de otra forma, de manera que no había forma que me pudiera decantar en ese momento por algo que me resultara medianamente parecido.

Se ve que de una o de otra, pero de una y de otra íbamos a encontrarnos. Por lo menos así lo veo. Si ya decía yo que me había puesto demasiado feliz el día que me dijiste que lo habías dejado con tu chica. Porque sí que me puse feliz. Y quizá no lo entendías, pero había una razón para ir lento. No lo entendiste, pero seguiste caminando así, muy despacio. Y lento era muy importante.

Todo gracias a Carlos, por cierto.

SPLASH: Con la dislexia en su máxima expresión –no saben lo que me he tardado corrigiendo este texto hoy–, les digo, les comento que lo estaba pasando de la verga el diciembre arriba mencionado. No cabe duda que la vida me dio un par de arponazos de realidad ese año. No hubo subidón, sino por ahí unas cuantas luces para encontrarme. Cómo te celebro. Y quiero.

lunes, junio 29, 2015

antes/después/luego

Triste, pero cierto: una vez que aprendes a reconocer el estrés, la vida te cambia. Te empieza a ir bien respirar cuando casi dejas de hacerlo; entonces es el principio del fin, porque si estás bajo tremendo estrés es porque estás en serios problemas. Y es que yo entendería que una vez identificada, habría que cortar de tajo con la fuente. La vida ya te cambió, te conoces mejor y decides domar al monstruo de oficina en que te has convertido, pero hay algo jodido debajo de todo eso. La puta fuente del estrés generalmente es la mano que te da de comer, claro, te da, pero te quita y luego tú encuentras la manera de que no te quite tan bestialmente: compensas, pero unos metros más abajo de tu problema, está el problema de toda una sociedad y de todo un mundo. Y nadie lo frena y todos seguimos como loquitos girando al rededor de esa cosa llamada dinero.

Si a esto le sumamos que hay entes "amistosos" que te amenazan con ir a marcar territorio a tu entorno laboral... vaya que jodidos estamos. La fuente del estrés palidece ante esa otra fuente de estrés que, como la humedad, se metió en tu casa y ni cuenta te diste por qué.

***

Con los días dejé de limpiar la casa, de pintarme las uñas. Unas cosas no iban tan mal, pero otras estaban dando cuenta de que algo se me había muerto por dentro. Sonará a lo más exagerado de este mundo, pero hay personas que te arrancan algunas de esas tantas ilusiones que guardas por ahí, debajo del colchón, detrás de la puerta, en un cajón profundo, para cuando necesitas darles una calada de aliento contra todo ese bajón que ya experimentas en tu día a día. Se las llevan, insisto, y no te avisan, a menos de que las descubras in fraganti, como a la niña pequeña que se unta tus cremas de noche, de día, sin preguntarte si podía, si debía. Así hay gente, así hay adultos, que siguen como en la infancia y van y lo revuelven todo y se besan con un total desconocido en plena fiesta a la que acuden con acompañante por el puro gusto de honrar no sé qué extraño culto de autosabojate y autodestrucción pura y dura. O algo.

***

Respiro. Camino y respiro. Dejo de apretar los dientes casi sin darme cuenta. Hay calma, paz. Suelto, abro la mano, dejo ir. Y camino bajo la lluvia que es más bien brisa. Después hay una comida, luego carretera, un camino, una casa, árboles, ¿bosque? No sé. No parece importarme. Mientras haya y se pueda. Y siento que hay y se puede.


CINE: En un universo paralelo las cosas hubieran sido bien diferentes, pero, como no dice Maria Daniela, el hubiera no existe, ya lo he citado antes. Pero qué ganas de ir a ese cine de las sábanas blancas, diría Manolo García. Y ahí, nos vamos.

jueves, junio 25, 2015

Constipado emocional

Estamos con el verano encima, en pleno, cuando yo todavía siento que ayer fue febrero o marzo. A estas alturas y ya con tanto vivido de este 2015. Y con la estación, los días todavía más largos. 

Menos mal que mercurio retrógrado terminó; como que le no vino bien el cambio de temporada, que aunque podría imponer algo de calor, está más bien fría. Y se sentía algo estancada.

Hace no muchos días me encontré varada en una playa desierta. Estaba ahí, tumbada, exhausta de nadar en mar abierto en plena tormenta con rayos y centellas incluidos. La fatiga me tiró unos días: me obligo a andar demasiado despacio, por miedo a sentir dolor en el cuerpo a consecuencia del estrés de haber intentado nadar ese océano encabritado, que se jacta de indomable y de feroz, de intenso y enorme, para mal, claro.

Hay quien creería que el mar ese es más bien como una alberquita, una pequeña piscina que por la vida va siendo quien tiene que ser porque así nos pinche tocó a todos. Sé que es así. Pero de algo sirve irse a tirar en el diván una vez a la semana por casi cuatro años consecutivos, así que como caballito de calandria, parece que el océano aquel no se entera, no ve que tiene cola y cabeza, que empieza como termina, y la acción resultante no puede ser calificada como de "bien".

Desde hace mucho me alejo de esos mares, de esas bestias que no admiten nada, que no saben pedir perdón cuando devastan tu selva por el puro gusto de demostrarse que pueden ser alguien y alguien en la vida de alguien aunque ese alguien no quiera. No respetan, no se contienen, agreden, destruyen y acaban como empiezan: solos con su vacío eterno, insaciable, y todo porque no se pudieron enfrentar a sus demonios como a su madre. O algo.


CAMINO: El que me relaja y me llevó a donde tenía que llegar, que es justo en donde me encuentro mejor, y tranquila me quedo por mucho y mucho tiempo. ¿Adivinaron? Pues es adentro. Adentro. Estoy en contacto con eso que hay adentro. Y con el que está ahí, afuera. O al lado, mejor.

miércoles, junio 10, 2015

El año de los achaques

Es definitivo: pasando los 35 la vida cambia. Qué decir a los 38. Se te cae el pelo, los dientes, te vuelves un monstruo de oficina y todo se derrumba dentro de ti, muy dentro de ti. Si bien exagero, lo cierto es que hasta la planta que te acompañó a cruzar el ecuador entre la edad que te unía a la chaviza y la que te une a la momiza, se seca. Y todo se derrumba, todo se derrumba. No voy a realizar un relato pormenorizado de todos los males que me acechan cada vez con mayor vehemencia, pero sí les voy a contar que extraño a mi estómago. No digo que quiero mi estómago de adolescente de 28, porque ¡extraño a la bestia que me seguía hasta los 35! 

El sábado, por festejar al Barça en excelente compañía, me zampé unas deliciosas salchichas alemanas con, ¡por supuesto!, su cerveza lager alemana. No me bastó la comilona, acompañada de papás fritas y verduras a la mantequilla –hacer un alto aquí para cuantificar la cantidad de alimentos bañados en grasa y fritos, o no–, no, no me bastó: nada más llegar a casa me metí sin mucha dificultad la mitad de un bote de Chunky Monkey del Ben and Jerry's –si lo conocen, sabrán entender tan garrafal error–, que no es sino una delicia de helado de plátano con trozos de chocolate oscuro y pedacillos de preciosas nueces. ¿El resultado? De eso no querría hablar, pero llevo con malestar continuo desde el domingo. Ese día justo lo ignoré y me dediqué a comer incluso huevos podridos, pero esa es otra historia a tratar junto con mi Diógenes un día. Del dolor, hasta he comido en compañía de mi pesadilla en la oficina, pero bueno, ya se ve que a mí es a punta de rajadas en la panza que se me ablanda el corazón. O algo.


MOÑO: Así llaman a los chongos en España, el moño. Total, que acabo de cometer una gran mamada, no de las buenas, pero es que tenía ganas de que a alguien le doliera más la panza que a mí. Pero como que tengo la razón, juar.

lunes, junio 08, 2015

La gran interrogante


La bondad de las personas se manifiesta de varias maneras. Yo siempre desconfío de todas. Supongo que hay amor detrás de esos modos, esas formas. Puede que haya amor.

CHARCA: Como continente. Como un gordo ratón. Como un abrevadero. Jugamos con las palabras. Al menos a eso juego yo.

martes, junio 02, 2015

Días de lluvia



Con la temporada de lluvia en pleno, con la mitad de año encima, la bella anatomía de la urbe me regala una de mis cosas favoritas: los charcos. Así que llámenme la loca que fotografía charcos en el camino, si eso. 

Siempre me asomaré a ellos aun a pesar de mi paso veloz. Otearé sus aguas, buscaré el reflejo. Y quizá me siga de largo, pero es sólo cuando la luz no los atraviesa y no imprime mayor trazo, lo cual los hace aburridos para mí.

CHRCS: Con ellos me acuerdo de Allan Parker y un libro que le publicó hace mil años la casa editorial donde trabajo ahora. Que la vida me sorprenda es lo de menos, que lo esté pasando pipa, a pesar de los virajes, es lo más.