miércoles, enero 27, 2016

Seré, seré

Pero, ¡a quién se le ocurre apuntarse al cursillo de inglés del curro! ¡A quién! Si ya poco me da el estómago para ver a según quién, encima ¿buscar encontrarlos por cuenta propia? Seré imbécil, seré.

Soy de esos bichos de oficina que no saben qué hacer en este tipo de ecosistema. Soy políticamente incorrecta, molesta, indeseable para la paz de estos espacios. Si ya desprecio a más de la mitad de la humanidad, ¿por qué querría asistir diariamente a un espacio de encierro con personas que me dicen poco, muy poco? Y los oasis que se dan tan poco. Son como estrellas fugaces que pasan a veces muy lejos. Sin exagerar, hay días que me seco por dentro. Con el mismo afán les digo que soy una exagerada irredenta: debe haber entornos peores en mi escala de valores. Es sólo que soy tan pinche perfeccionista, tan exigentita, aunque en el fondo en realidad sea una ratita que muere de miedo y tiene que poner cara de malota para que no la aplaste la hostilidad, la prepotencia, la sutil violencia tan propia de las oficinas.

"Vas a levantarte, hermana mía", escucho. Y confío.


MUTANTES: Hoy me han salvado, me han hecho la mañana, porque en el bus que me trajo hasta aquí, alguien olía muy feo. Y entre hedores pensaba por qué sufro tanto si, aparrentemente, he tenido una buena vida. El problema es que normalizamos la violencia hasta en el núcleo familiar y, nos gusté o no, cuando niño eso daña mucho. Se obtiene adultos desadaptados, tramposos, manipuladores y ramplones como yo.

lunes, enero 25, 2016

Ojitos bien abiertos

Llegó el momento en el que —como mujer adulta— he podido ser capaz de mirarme hecha un ovillo sobre el suelo, sin más que una bata blanca, desesperada porque las cosas no avanzan, resistiendo a que nada ocurra. Llegó y no sé si ver, verme, apreciar la fotografía completa, me va a hacer mejor persona. No me encanta lo que veo, pero no hay de otra. Ver, verme ahora es la gran paga de recostarme una vez por la semana en el diván y explicarme qué coño me he dedicado a hacer en los últimos 10 años que parecería que no he hecho absolutamente nada a los ojos de según quién, cuando he avanzado una vida: si no escarbamos ahí donde duele, por qué sólo vemos lo que vemos o lo que queremos ver, podemos 1) ser felices, porque no nos enteramos; 2) ser desgraciados, porque aunque creemos que hacemos todo por estar bien, en el fondo somos desdichados, o 3) quejarnos porque algo no funciona hoy, pero no entender un pito por qué, porque según nosotros ya lo arreglamos en terapia y no es cierto. Entonces, ver, verme y no ver sólo lo que quiero ver, sino contrastar durísimo con el otro que está tan cerca que, sin así buscarlo, se convierte en punching bag, espejo, bello receptor de transferencias malditas; y de ese contraste llegar del otro lado.

No sólo llegó el momento, sino que llegó el otro lado. O llegué. El caso es que no encallamos, arribamos a tierra firme. O algo. Y, entonces, el plural cobra todas las formas de la belleza y la felicidad conjuntas. Cursi, pero cierto.


SUPERSTYLIN': La otra es bailar. Estoy convencida que los dos, bailamos y llegamos ya mismo. Sólo por hoy, que me dicen que me pongo muy malita de mi ansiedad si visualizo futuro.

lunes, enero 11, 2016

Adiós Bowie, adiós

"Se murió Bowie", susurró porque eran las 5 de la mañana, porque yo estaba casi dormida. Y nunca imaginé ese momento, en el que me sentiría consternada por la noticia: se murió David Bowie víctima de un cáncer que lo aquejó durante 18 meses. Por eso había anunciado que no volvería a pisar un escenario. Por eso lamentaría, con la noticia, haberme decantado por Soda Stereo, y no ser rica, para hacer ido a su concierto en México allá por 1997. En mi cabeza, Bowie regresaría y yo no me podía perder el adiós de los argentinos, de Cerati, que también ya partió.

Bowie nació el mismo día que yo y me acompañó todos estos años. Si bien mi padre no ponía sus discos como ponía los de los Beatles, me lo presentó para que formara parte de un maravilloso soundtrack de vida. Aquí y allí, su música marca algunos de los más entrañables momentos de mis días de imberbe mujer que se convertía en adulta en medio de un sangriento tránsito por la tardía adolescencia, pero también un montón más de instántes, acá y allá, con más calma que otra cosa.

Y Bowie suena a viejo acetato, como les decíamos a los hoy vinilos, y volverá a sonar pronto en mi propio tornamesa. Hippster, pero cierto, quizá quiera sentirme cerca de casa, de la que fue mi casa en el ranchito amado, aunque también ese remedo de viejo sonido haga de mi casa, más mi casa: nuestra casa.

Todo cortesía del que acompaña ahora mi vida y como regalo de cumpleaños.


HOMENAJE: A quien por momentos me hizo compañía y de la buena. Y a quien ahora está, gracias a su dios personal y al cielo, porque se está poniendo bueno.

martes, diciembre 22, 2015

Perras

Yo les digo perras, pero puedo asegurarte que no tienen la forma de un animal tal y como lo es un perro. Aun así les digo perras, las pinches perras: personas tan comunes como cualquier ciudadano de a pie. Lo que las hace perras, creería, es la sed de aprobación, una voraz necesidad de recibir no una, sino cien mil millones de "palomitas", de apapachos y caricias de sus superiores –en algunos casos de los colegas, también–, palmaditas en las espalda que avalen sus "buenas acciones", esas que se dedican a fabricar y apuntalan con conductas pasivo-agresivas que, ¡oh, dios mío!, mucho contaminan los ambientes en los que se mezclan. Sepan que las pinches perras no son sólo mujeres: hay hombres que se decantan por ser parte de esta especie que tanto prolifera en espacios cerrados y de largo cautiverio como lo son las oficinas, ¡ah!, maravillosos templos de este tipo de conductas.

Las perras se erigen cuales gigantescas efigies de la bondad: cuando se reflejan en un espejo, lo que ven son hermosas figuras de eso que anhelan ser; así, pueden llevar ropa costosa o que aparentan ser costosas, unas porque tienen y pueden, otras porque quieren lo que las otras tienen, al menos parecerse a eso a lo que aspiran. Y pasan desapercibidas. Quizá sólo unos cuantos padezcamos el horror humano que es verlas de cerca y sentir demasiada pena: me encantaría conocer a una pinche perra que se dé cuenta que no me la pegan, que no les creo, que las detesto y no las quiero por aquí, porque a mí no me obligan, porque a mí nadie tan cortito –en todos los sentidos– me puede dar línea y que lo vaya a seguir.



VIDEO: Y así, pegándose como animales, van los unos con los otros reproduciéndose y vaciando al mundo su mediocre ser. Esa es la historia, amigos, y se repite ad infinitum, ad náuseam, por el resto del maldito tiempo.

domingo, diciembre 06, 2015

La reina pasmada

Hace casi 4 meses, un amigo me escribió un correo. Me ponía al día de su vida, de lo que implicaba dar la vuelta al mundo con su pareja, de su relación. "Es una relación ya que casi va sola", me dijo. Y desde ese día intento elucubrar qué significa que una relación vaya así, casi sola, no como un pequeño de meses, entrado en el año, y haciéndose al andar, sino como el adulto que decide por sí mismo y es responsable de su persona. A algo así me sonó. 

Si camina sola es que hay, por sobre todas las cosas, comunicación: los dos se hablan en el cotidiano y desde ahí para, en la intimidad, hablar desde adentro. Al menos es lo que yo digo. Y ahí se me cae la cara de asombro, o vergüenza, porque se me ha vuelto a aparecer ese viejo fantasma que es mi incomunicación con el mundo y me encuentro parada frente a un montón de recaídas y reparadas con mi pareja.

Habrá veces que va a ser difícil, porque sí: yo no comunico. Me pasa esa cosa graciosa de que, si pasa en mi cabeza, si ya lo pensé, seguramente tú lo vas a entender, porque esa idea existe en mi cabeza. Así que ambigua, complicada, pasmada. Siento como si estuviera parada al borde del acantilado con mi reino a los pies, con toda la extensión de mis tierras frente a mis ojos y yo estoy ahí, sin hablar, sólo contemplando la eminencia de todo eso que soy, sin poder articular palabra por el empacho que me causa esa enormidad de territorio.

Puedo acomodar en mi cabeza las cosas de manera que las pueda entender de una manera lógica, razonable, pero no me pidas que entienda todo ese universo de emociones que me despiertas y no sé cómo acomodar, dónde poner, cómo tratar, y ¿a quién recurrir?

Nunca pensé que iba a decir algo así como "estoy pasmada por amor, por lo fuerte de este amor", porque, claro, ¿yo por qué iba a merecer tanto amor? Y heme aquí, pasmada lo que sigue y sin poder comunicar tantas y tantas cosas de las miles que pasan por mi cabeza. Literal.


VIDEO: Que para estar en la misma sintonía, no sino comunicar. De trivialidades, todas, pero de adentro, ¿cómo sacar lo de adentro? ¿Cómo poner palabras a tantas sensaciones que desconocíamos? Por lo menos yo, analfabeta emocional me declaro.

miércoles, noviembre 18, 2015

Pasajes de un mundo tan normal

Las oficinas encarnan universos paralelos en los que transitas algunas cuantas horas al día. Esto, por lo bizarro que resultan las más de las escenas, circunstancias y personas, como un todo que se retuerce al tiempo que se endereza, todo que va acompañado por el chasqueo de cables eléctricos chispeantes como rotos. Son entornos tan hostiles, como aparentemente amables, y lo preocupante es que de ese tipo de personas está compuesto el mundo. Si no fuera por los pocos seres sensatos y con onda, estaría al borde del suicidio –cutter en mano–  a cada tanto, aunque el fondo de ahorro me diera algunas esperanzas.



RAREZAS: O algo así como piezas extrañas de este mundo, al que se le cuelan tantos a veces.

martes, noviembre 03, 2015

Revisita no more

Lo que pasó
Si sobreviví a nuevas tormentas, como a mí misma, ¿soy más madura, más fuerte o más pendeja? Esto último, por aquello de las recaídas, las reescrituras hechas en torno a viejas neurosis bien amadas, porque no las dejamos ir. ¿Por qué? De algo les sonará que se me hayan metido hace demasiado tiempo, como para que no costaran tantas zarandeadas para dejarlas ir.

Lo que pasa
La nueva nave la monté rumbo a tierras desconocidas y sigo en la misma ruta. Realmente es nueva esa sensación de comodidad casi absoluta. Que alguien me entienda y me haya sabido leer tan, pero tan bien, es la experiencia más rara, maravillosa y absoluta. Ya me puedo morir, como dicen los que saben. Pero todavía no quiero, que quede bien claro. 

La que todavía no sabemos
Dentro de algún tiempo estaremos debajo de un edredón fresco, bien calientitos. Y aunque desconocía "Palitos I. Del argot barriobajero del DF y su zona metropolitana", ya tú me lo habrás enseñado.


VISTA: Para un lado. Para el otro. Tantos caminos. Sólo que ahora es diferente. Lo más conveniente del paisaje es justo eso. No es lo mismo ni es igual. Es otra cosa. Bien que eres viaje.

miércoles, septiembre 30, 2015

Mujer al agua





Desde hace tres meses y medio me tiro, algunas mañanas, en la piscina y nado alrededor de 30 minutos. Son entre 14 y 16 vueltas que suman algo así como 700 metros. Como suele suceder, me tomó algo así como un mes y medio para agarrar condición, para entender y llevar a la práctica una buena respiración que mantengo alternando dorso con cralw, para no morir del sofoco, porque será el sereno, pero me costó un huevo recuperar un camino ya transitado antes. Es chistoso que, a pesar de nadar con furia las más de las veces, hay neurosis que no se me quitan: aunque tenga claramente identificadas según qué conductas que se me disparan con "ciertos estreses", todavía no las puedo controlar como ya me gustaría. Como sea, estamos trabajando para que eso suceda con mucha menos frecuencia de lo que sucede en la actualidad. 

Casi que fue al primer contacto, de esta temporada de nado, con el agua, que me di cuenta de lo mucho que amo nadar, de lo maravilloso que es pegarle a la brazada y patear con ganas, vamos, dejarse la piel sumergida ahí. Y con ese recuerdo me viene siempre el maravilloso de mi padre enseñándonos a mí y a mis hermanos a nadar: con el rigor que lo caracteriza, puedo asegurar que nos dotó de una de las herramientas más útiles y bondadosas en la vida. En algunas ocasiones, todavía me lamento por no recordar según qué episodios de mi infancia, que muy seguramente deseché por supervivencia, pero me agradezco haber conservado este. Uno de los pocos y uno de los felices. Como he dicho por ahí, ni tanto que queme al santo, ni tanto que lo ilumine. Y en esas también andamos: en reparar la torcedura del camino y por encontrar las causas correctas para estar en desacuerdo con las cosas que siempre reprobé. Porque es así, ni tanto y ni tanto. Pinche Electra. Está cabrón. 

INTRÍNGULIS: El tiempo que tengo practicando natación, es el mismo tiempo de mucha paz por aquí. Si bien no me entendieron de viva voz, creo que entendieron los trazos de mi pluma. El mejor insecticida ever. Simplemente el mejor. Gracias totales.

martes, septiembre 22, 2015

La situación actual

A veces sólo tengo que voltear y mirar por encima de mi hombro; otras, sólo es cuestión de cerrar los ojos para ver que es mucho lo que ha sucedido en los últimos casi 90 días. Unos, de felicidad pura. El resto, de sensaciones variopintas. De todo tenía que haber, porque no se conoce a la gente cuando nomás hay bonito, ni nada más se trata de pasarlas putas. Como que soy un mar indómito para seguir una pura línea recta, que luego me aburro y me pongo creativa: hay que recorrer todas las partes, hacer todas las posibles lecturas; recabar toda la información en esos gestos, agotar las interpretaciones y encontrar las nuevas. 

Hay, porque sí hay, varios pasos que desandar. Más vale. Que no por detrás ni por delante: es justo al ladito que va. Y, así, vamos.




VÍDEOS: De pelirroja a castaña. Y, en honor al tono, en el camino de la comprensión, porque no, no es necesario echar todas las castañas al fuego, que quemarse no está de moda. Eso quedó en otro lugar.

jueves, agosto 27, 2015

Ocupaíta

Creería que, como en mis mejores tiempos, estoy ocupadita de pies a cabeza por diversos motivos. Y me gusta, me encanta: ir a nadar por las mañanas, a la chamba después, luego salir y encontrarme con la felicidad de sonrisas y besos, para volver a las justas y preparar el día siguiente, y así sucesivamente hasta llegar a los oasis en los que convertí, y no sola, mis fines de semana. 

Mariana, la que soy, Mariana, está ocupada. Muy ocupada e invadida por sensaciones y sentimientos nuevos. Y aunque desconozca, abrazo: se siente bien y, es que es así, el amor, cuando se siente bien... 

Y hablo de cualquier tipo de amor. Así, el abrazo llega hoy a muchos, o a algunos solamente, y lo celebro. Lo sigo haciendo. 


PISCINA: Y para muestra, el botón que es constante. Lejos de todo conflicto y de todo peligro, lejos de mi peor versión y descontento. Lejos, pero tan cerca de algo verdadero y hermoso. Así las cosas en la viña del señor. Juar. 

jueves, julio 23, 2015

Repeguismos


El pasado martes acudí puntual a mi topografía de córnea para determinar si tenía una malformación, argumento de la doctora que me canalizó a todo ese circo que constituye el peregrinar de Córnea a Refracción y luego a Consulta de Segunda Vez en el Hospital de la Ceguera, como yo le llamo, a esa noble asociación determinada a evitar que la gente pierda la vista, o algo, porque habrá sus ciegos irredentos que por designios misteriosos dejan de ver, que no para todo está la mano del hombre o de dios, como creen algunos.

Al término de mi espectacular jornada –que sirvió para enterarme que tengo principios de queratocono y no soy la más óptima de las candidatas a la operación para dejar las gafas de lado–, me formé en el apartado Citas, que fue a donde me mandó el Dr. Cárdenas. Un joven estaba en turno, hablaba con la despachadora de futuros encuentros con la medicina y su arte, cuando siento como se me repega algo por detrás, literal, que si no es por mi bolsa, son capaces de respirarme en la nuca. Se trataba de una señora: fea, con el cabello teñido a rubia, fea, chaparra y gorda, fea. "¿Qué no está formada en la fila?", cuestiona. Volteo a verla y le digo "sí estoy formada, la fila está ahí y no va a ninguna parte". Yo me volteé pelando ojos y de no ser porque mi acompañante la miró sonriendo, creo que la mujer casi me pega.

Ante este tipo de situaciones, me saltan varias preguntas: ¿cuál es la puñetera necesidad de ciertas personas por respirarte en la nuca cuando de hacer filas se trata? ¿Sienten que llegarán más pronto si se te repegan y vislumbran la meta como más cercana? ¿Es que no en todos los países es así esto de las filas? O, ¿es que en otros países no son tan feos y apestosos como para que me repugne que se me repeguen? El mueganismo, ¿es privativo a los Godínez o también gustan de practicarlo las personas que hacen filas en bancos, supermercados, los CAC de Telcel? 

Creo fervientemente que algunos mexicanos no tienen una clara conciencia del espacio vital del otro. La otra, más probable, es que estoy loca de atar, como una cabra, y no soporto, no tolero que me toquen los extraños, los desconocidos de mierda, no soporto. Pero aquí volvemos al apartado "no entiendo": nunca voy a comprender la necesidad de según quién a repegarse al prójimo, como si fuera manda.

Y viva México lindo y querido.

ALBERCA: La llamo así acá, donde piscina debe sonar de lo más mamón. A mi me gusta decir "pisci", como digo "perfe" o "porfi" en honor a las chilangas fresas. Pero bueno, que yo y la alberca somos uno mismo. Qué feliz es ahora mi vida con tanta alberca, tanta mojada y anexas. ¡Juar! 

martes, julio 14, 2015

Declaración


Una de las primeras noches de diciembre de 2013 asistí a un convite, el cumpleaños de Carlos. Ahí cruzamos por primera vez camino, por decirlo de alguna forma: en realidad ya nos habíamos visto en Facebook, justo porque Carlos consideró buena idea que nos conociéramos. Que nos conociéramos y que folláramos un poquito, tal vez. Cuando vi tu perfil en Facebook debo confesar que me parecieron un tanto pretenciosas las publicaciones que pude ver. Y, sin conocerte, esa foto de perfil no la hubiera entendido, como no la entendí: de alguna manera mostraba toda esa aparente seriedad que sí, puede dejar consternado a cualquiera, incluida a mí misma, y helado como piedra.

Y te gusté, dices. Desde entonces. Aunque haya dicho que no quería conocerte, porque sí, lo dije con todas sus letras: por aquellos tiempos lo acababa de dejar con un alguien demasiado pretencioso, con demasiadas aspiraciones intelectuales, por decirlo de otra forma, de manera que no había forma que me pudiera decantar en ese momento por algo que me resultara medianamente parecido.

Se ve que de una o de otra, pero de una y de otra íbamos a encontrarnos. Por lo menos así lo veo. Si ya decía yo que me había puesto demasiado feliz el día que me dijiste que lo habías dejado con tu chica. Porque sí que me puse feliz. Y quizá no lo entendías, pero había una razón para ir lento. No lo entendiste, pero seguiste caminando así, muy despacio. Y lento era muy importante.

Todo gracias a Carlos, por cierto.

SPLASH: Con la dislexia en su máxima expresión –no saben lo que me he tardado corrigiendo este texto hoy–, les digo, les comento que lo estaba pasando de la verga el diciembre arriba mencionado. No cabe duda que la vida me dio un par de arponazos de realidad ese año. No hubo subidón, sino por ahí unas cuantas luces para encontrarme. Cómo te celebro. Y quiero.

lunes, junio 29, 2015

antes/después/luego

Triste, pero cierto: una vez que aprendes a reconocer el estrés, la vida te cambia. Te empieza a ir bien respirar cuando casi dejas de hacerlo; entonces es el principio del fin, porque si estás bajo tremendo estrés es porque estás en serios problemas. Y es que yo entendería que una vez identificada, habría que cortar de tajo con la fuente. La vida ya te cambió, te conoces mejor y decides domar al monstruo de oficina en que te has convertido, pero hay algo jodido debajo de todo eso. La puta fuente del estrés generalmente es la mano que te da de comer, claro, te da, pero te quita y luego tú encuentras la manera de que no te quite tan bestialmente: compensas, pero unos metros más abajo de tu problema, está el problema de toda una sociedad y de todo un mundo. Y nadie lo frena y todos seguimos como loquitos girando al rededor de esa cosa llamada dinero.

Si a esto le sumamos que hay entes "amistosos" que te amenazan con ir a marcar territorio a tu entorno laboral... vaya que jodidos estamos. La fuente del estrés palidece ante esa otra fuente de estrés que, como la humedad, se metió en tu casa y ni cuenta te diste por qué.

***

Con los días dejé de limpiar la casa, de pintarme las uñas. Unas cosas no iban tan mal, pero otras estaban dando cuenta de que algo se me había muerto por dentro. Sonará a lo más exagerado de este mundo, pero hay personas que te arrancan algunas de esas tantas ilusiones que guardas por ahí, debajo del colchón, detrás de la puerta, en un cajón profundo, para cuando necesitas darles una calada de aliento contra todo ese bajón que ya experimentas en tu día a día. Se las llevan, insisto, y no te avisan, a menos de que las descubras in fraganti, como a la niña pequeña que se unta tus cremas de noche, de día, sin preguntarte si podía, si debía. Así hay gente, así hay adultos, que siguen como en la infancia y van y lo revuelven todo y se besan con un total desconocido en plena fiesta a la que acuden con acompañante por el puro gusto de honrar no sé qué extraño culto de autosabojate y autodestrucción pura y dura. O algo.

***

Respiro. Camino y respiro. Dejo de apretar los dientes casi sin darme cuenta. Hay calma, paz. Suelto, abro la mano, dejo ir. Y camino bajo la lluvia que es más bien brisa. Después hay una comida, luego carretera, un camino, una casa, árboles, ¿bosque? No sé. No parece importarme. Mientras haya y se pueda. Y siento que hay y se puede.


CINE: En un universo paralelo las cosas hubieran sido bien diferentes, pero, como no dice Maria Daniela, el hubiera no existe, ya lo he citado antes. Pero qué ganas de ir a ese cine de las sábanas blancas, diría Manolo García. Y ahí, nos vamos.

jueves, junio 25, 2015

Constipado emocional

Estamos con el verano encima, en pleno, cuando yo todavía siento que ayer fue febrero o marzo. A estas alturas y ya con tanto vivido de este 2015. Y con la estación, los días todavía más largos. 

Menos mal que mercurio retrógrado terminó; como que le no vino bien el cambio de temporada, que aunque podría imponer algo de calor, está más bien fría. Y se sentía algo estancada.

Hace no muchos días me encontré varada en una playa desierta. Estaba ahí, tumbada, exhausta de nadar en mar abierto en plena tormenta con rayos y centellas incluidos. La fatiga me tiró unos días: me obligo a andar demasiado despacio, por miedo a sentir dolor en el cuerpo a consecuencia del estrés de haber intentado nadar ese océano encabritado, que se jacta de indomable y de feroz, de intenso y enorme, para mal, claro.

Hay quien creería que el mar ese es más bien como una alberquita, una pequeña piscina que por la vida va siendo quien tiene que ser porque así nos pinche tocó a todos. Sé que es así. Pero de algo sirve irse a tirar en el diván una vez a la semana por casi cuatro años consecutivos, así que como caballito de calandria, parece que el océano aquel no se entera, no ve que tiene cola y cabeza, que empieza como termina, y la acción resultante no puede ser calificada como de "bien".

Desde hace mucho me alejo de esos mares, de esas bestias que no admiten nada, que no saben pedir perdón cuando devastan tu selva por el puro gusto de demostrarse que pueden ser alguien y alguien en la vida de alguien aunque ese alguien no quiera. No respetan, no se contienen, agreden, destruyen y acaban como empiezan: solos con su vacío eterno, insaciable, y todo porque no se pudieron enfrentar a sus demonios como a su madre. O algo.


CAMINO: El que me relaja y me llevó a donde tenía que llegar, que es justo en donde me encuentro mejor, y tranquila me quedo por mucho y mucho tiempo. ¿Adivinaron? Pues es adentro. Adentro. Estoy en contacto con eso que hay adentro. Y con el que está ahí, afuera. O al lado, mejor.

miércoles, junio 10, 2015

El año de los achaques

Es definitivo: pasando los 35 la vida cambia. Qué decir a los 38. Se te cae el pelo, los dientes, te vuelves un monstruo de oficina y todo se derrumba dentro de ti, muy dentro de ti. Si bien exagero, lo cierto es que hasta la planta que te acompañó a cruzar el ecuador entre la edad que te unía a la chaviza y la que te une a la momiza, se seca. Y todo se derrumba, todo se derrumba. No voy a realizar un relato pormenorizado de todos los males que me acechan cada vez con mayor vehemencia, pero sí les voy a contar que extraño a mi estómago. No digo que quiero mi estómago de adolescente de 28, porque ¡extraño a la bestia que me seguía hasta los 35! 

El sábado, por festejar al Barça en excelente compañía, me zampé unas deliciosas salchichas alemanas con, ¡por supuesto!, su cerveza lager alemana. No me bastó la comilona, acompañada de papás fritas y verduras a la mantequilla –hacer un alto aquí para cuantificar la cantidad de alimentos bañados en grasa y fritos, o no–, no, no me bastó: nada más llegar a casa me metí sin mucha dificultad la mitad de un bote de Chunky Monkey del Ben and Jerry's –si lo conocen, sabrán entender tan garrafal error–, que no es sino una delicia de helado de plátano con trozos de chocolate oscuro y pedacillos de preciosas nueces. ¿El resultado? De eso no querría hablar, pero llevo con malestar continuo desde el domingo. Ese día justo lo ignoré y me dediqué a comer incluso huevos podridos, pero esa es otra historia a tratar junto con mi Diógenes un día. Del dolor, hasta he comido en compañía de mi pesadilla en la oficina, pero bueno, ya se ve que a mí es a punta de rajadas en la panza que se me ablanda el corazón. O algo.


MOÑO: Así llaman a los chongos en España, el moño. Total, que acabo de cometer una gran mamada, no de las buenas, pero es que tenía ganas de que a alguien le doliera más la panza que a mí. Pero como que tengo la razón, juar.

lunes, junio 08, 2015

La gran interrogante


La bondad de las personas se manifiesta de varias maneras. Yo siempre desconfío de todas. Supongo que hay amor detrás de esos modos, esas formas. Puede que haya amor.

CHARCA: Como continente. Como un gordo ratón. Como un abrevadero. Jugamos con las palabras. Al menos a eso juego yo.

martes, junio 02, 2015

Días de lluvia



Con la temporada de lluvia en pleno, con la mitad de año encima, la bella anatomía de la urbe me regala una de mis cosas favoritas: los charcos. Así que llámenme la loca que fotografía charcos en el camino, si eso. 

Siempre me asomaré a ellos aun a pesar de mi paso veloz. Otearé sus aguas, buscaré el reflejo. Y quizá me siga de largo, pero es sólo cuando la luz no los atraviesa y no imprime mayor trazo, lo cual los hace aburridos para mí.

CHRCS: Con ellos me acuerdo de Allan Parker y un libro que le publicó hace mil años la casa editorial donde trabajo ahora. Que la vida me sorprenda es lo de menos, que lo esté pasando pipa, a pesar de los virajes, es lo más.

martes, mayo 26, 2015

Días de cristal


¿Cuál es tu forma de mirar hacia abajo y no sentir vértigo? Como cuando te topas gente que conoces, pero no le hablas, porque no te interesan. Gente de tu misma ciudad, que te cruzaste en otro continente,  quizá, y que alguna vez pasó por tu viejo departamento de adolescente y despotricó contra esa que ahora carga a una niña pequeña, esa que va acompañada por él y otros dos a comer carnitas cocinadas por un gringo. Gente hijaputa que te saluda como si fuera amiga tuya, de toda la vida, como si le diera gusto verte, pero nada más quiere joder, chingar. ¿Qué harías exactamente para evitar esa sudoración de más, esa mueca desencajada en tu cara que en silencio dice "vayan y chinguen a su reputísima madre"? ¿Cómo saldrías al paso? ¿Cómo saltarías este charco? La respuesta es mucha Vitamina B para lidiar con la mandíbula batiente. Mucha. 

HIEDRA: Ser correspondida en el amor y que lo que parece muerto pueda resucitar, dos incongruencias escuchadas en una letra de una canción de La Habitación Roja, mi soundtrack de los últimos tiempos. Porque #YOLO y porque ando claramente de Loopita.

viernes, mayo 22, 2015

Días de exes voladores

El pasado, a veces, se hace presente de distintas formas. En mi caso, cabe destacar, me pone de los nervios sólo por la falta de costumbre. Al fin y al cabo el pasado está ahí, lejos, en otra época, en otros tiempos. Pero hablo de un pasado muy pasado que, de tan pasado, necesitas verlo, porque la verdadera relación es ahora con un recuerdo añejo, inexistente, intocable, irreal, si eso.

Así que es así: el pasado importa. Lo recordamos, quizá, más de lo necesario. Algunas veces volvemos a él. Lo buscamos. Otras, lo observamos de lejos, lidiamos con él, nos acompaña, pero es inofensivo. Muchas cosas es para cada uno de nosotros el pasado. Muchas.

Sé que el mío me pone de los nervios. Muy probablemente porque lo extraño. Si no como la forma que tuvo, sí como una sola parte: un día perdí a mi mejor amigo y no lo recuperé jamas. Y no saben cómo extraño a ese amigo, porque creo que éramos mejores amigos que amantes. Aunque lo amé con locura, lo dejé como eso, pero lo extraño como un importante pilar, como fortaleza, como aliento. Y da igual que chille todo lo que quiera, porque nunca estará. Y vaya buen amigo.

Como sea, rememoro porque hubo un acercamiento con la carne de su carne. Gracioso que estuviera tan cerca, aunque la madre se empeñara en llevársela lejos. Lo normal, supongo. Lo que tiene vivir en la Narvarte y tener lugares tan guays, como dirían. Lo que tiene esa parte de tenerse que encontrar con el pasado.

Este pasado es un pasado. Porque hay otro pasado, el reciente, también está muy lejos. Pero creería que hay quien no quiere enterarse. Y lo sufre y le duele. Yo, amablemente, le recomendaría dejar de sufrir y disfrutar su vida en pleno: yo estoy muy lejos de esa parte y la vida es demasiado corta como para sufrir en el camino mi existencia. Si yo ni estoy ahí.




MIRROW: Como espejitos, nos vamos reflejando. Malo cuando encontramos a alguien que nos re caga la madre por naca, fea, ridícula, mojigata y mosca muerta. Es aquí cuando recuerdo el "moscamuertismo" y me vomito casi encima de ello. Lo malo, lo tengo en el trabajo. Demasiado cerca para mi gusto. Pero hay de todo en la puñetera viña del señor, ¿no?

martes, mayo 19, 2015

Los dolores del cuerpo


En alguna parte están un montón de trazos y disparos. De letras y bordados. En alguna parte.

1) Charlaba, hace no mucho, conmigo misma de cómo es que hay montones de personas que no nos hacen falta –a mí y a todas las Marianas que habitan este cuerpo–; gente de la cual podemos prescindir por el puro gusto de no tener por qué perder el valioso tiempo con alguien anodino o molesto o idiota o insoportable. Y no tienes ni que informárselos. Ni ellos lo saben ni yo tengo que pasar por un lugar incómodo. Seguramente, a más de la mitad de esa masa, no le importa ni un pepino lo que yo pienso.

2) El sábado me fui de fiesta. Hice una fiesta profunda. Me olvidé de las partes del cuerpo que me duelen porque tengo que estar 9 horas de lunes a jueves, y cinco los viernes, en una oficina. Alguna vez, hace no mucho tiempo, pensé que lavar muertos sería mucho más llevadero que tener que permanecer todo ese tiempo en el mismo lugar, por tan poca plata. Pero mi contacto nunca me contestó al teléfono.

CALLE: De la Narvarte Oriente y en un punto en el que se está hipsterizando lo más. Oh, mi coloña, oh, se volverá otro de los corazones hipsters de la ciudad. Le doy 5 años para tumbarle a la Roma todos los créditos.  

martes, mayo 12, 2015

La levedad no tiene nombre


Supongo, y debo suponer bien, que a nadie le encanta mojarse con la lluvia. Por lo menos a mí no. Pon tú que sea porque llevo gafas y, en mí entender, aquel que use gafas no va a encontrar divertido que su campo de visión se vea nublado por gotitas o gotones. No. Me caga. Pero como sólo era lluvia a la que me encontré al salir de la oficina, decidí caminarla y llevarme así a casa. La ropa no se iba a dañar, los zapatos gracias a dios eran unos Melissa de plástico puro, al bolso lo podía meter en la bolsa que de emergencia llevo para la compra. No había una pérdida evidente, más que de mi tiempo si me quedaba a guarecerme de la tormenta en la recepción de mi trabajo.

Cabe destacar que todo lo anterior no hubiera sucedido si el viernes por la noche no me hubiera dejado el paraguas en el restaurante a donde fui a cenar –al cual marqué ayer que me percaté del olvido y, ¡por supuesto!, era tan hermoso que nadie me lo iba a devolver–, pero bien lo sabemos: el hubiera no existe y las apariencias engañan (Maria Daniela dixit).

Debo confesar que el trayecto a casa bajo la lluvia fue divertido. En algún momento –sobre Torres Adalid a la altura de Nicolás San Juan, ya en la Narvarte– me quité las gafas y, gracias a las luces de las farolas del alumbrado público, veía a las gotecitas caerme encima. Hasta me sentí como en la playa de frente al mar en medio de un aguacero, salvo por el frío cabrón que, poquito, pero calaba. Y es que, alguna vez, me tocó mojarme por una intempestiva lluvia que me cayó en pleno Veracruz, la cual me maravilló porque era tibia. 

Así las cosas en la viña del señor, donde la gente se encuentra cuando se tiene que encontrar.

CHICA: Quizá no, quizá el amor no nos salve. Sólo uno mismo se salva. De uno y de los otros. Bonita práctica, no la echéis en saco roto, amigues.

lunes, mayo 11, 2015

Desaguisados



"Historia de una niña"

Alguna vez fui una niña caprichosa, berrinchuda, egoísta, manipuladora, insegura: un manojo de hormonas e impulsos. Tenía por ahí de 24 inviernitos. Una pesadilla pura. Y lloraba y lloraba, porque no podía parar, no tenía límites. Caía en mis propios precipicios o bajaba estrepitosa en plena pendiente como bola de boliche a punto de hacer una chuza emocional con quien se le pusiera en frente. Tenía en mi mesa demasiadas cosas que no sabía ni podía acomodar. Y la historia fue así por –por lo menos–, los siguientes 10 años. Por lo menos. 

Tan no sabía cómo remediar mi mal, que crucé un océano: no tenía ni puta idea de cómo arreglar las cosas que fui deshaciendo, pero en el fondo de mi corazón entendía que debía poner una importante distancia con esa maraña gigantesca de sinsentidos y pérdida. Distancia para tomar un poco de perspectiva. Aún así, tardé mucho más tiempo en comprender tantas y tantas cosas. Y entonces me detuve, por algún tiempo, a reflexionar. Y ya no soy del todo esa niña. 

"Bocazas"

Hará algún tiempo, tuve un algo con un alguien muy especial, pero en situación difícil, es decir, cazado. O lo que sigue. Lo de menos en este relato es el qué con ese alguien muy especial, con quien las cosas terminaron por miles de razones y motivos, pero siempre estuve segura de que un alguien bastante poco especial abrió de más la boca y metió presión y ruido donde no era necesario.

Ahora que lo pienso, ese alguien poco especial no era una persona digna de confianza: cuando reanudamos el contacto, él recién había terminado con una chica y estaba francamente ardido. Si bien entraron en crisis porque él puso cuernos, ya que habían terminado y que ella se había puesto con otro, él estaba lo que sigue de celoso, por lo que decidió que lo mejor era enrollarse casi con la primera que se le pusiera enfrente –a mí me echó los tejos, pero yo argumenté tener un algo con un alguien  muy especial–, así que él se puso con una chavita a la que embarazó ni al mes y medio de salir, según recuerdo, con la que se tuvo que casar y, ahora que acaba de hacerla madre, no le puede cumplir como marido en toda regla porque se quedó sin trabajo.

Fue su búsqueda de curro lo que lo llevó a preguntarme si sabía de algo, así que antepuse un intercambio de preguntas para ver si colaboraba en su causa. Y fui directa: "¿por qué le contaste al mejor amigo de un alguien muy especial que yo te dije que salíamos y que me dejó plantada?", a lo que el imbécil me contestó que estaban entrados en tragos y que se le salió, pero que en realidad estaba ardido porque un alguien muy especial lo había borrado del Facebook. Pobre pendejo. Su ego, una vez más, lo llevaba a cagarla grande, y pensó que yo no era lo suficientemente lista como para atar cabos.

Cabe destacar que un alguien muy especial nunca dijo nombres, cuando me preguntó sobre el hecho de que yo aseguraba que salíamos y que me dejó plantada, y que tanto él como ese alguien poco especial coincidieron en la carrera, donde, al parecer, ese alguien poco especial comenzaba a odiarlo, porque a mí me habló malísimo de un alguien muy especial, sapos y culebras salieron de su boca cuando se mencionó su nombre. En fin. Es un rajón de mierda de toda la vida, qué se puede esperar.

Como, hasta eso, respondió satisfactoriamente a mi pregunta, le voy a mandar las vacantes que hay en la PGR o en el Semefo, lugares dignos de él.

GRADUACIÓN: A los 18, un ramillete de caprichos. Los caprichos de la caprichornio, dirían. Como sea, me pareció graciosa la fotico. Vaya tiempos. Fuimos chavos. Y gracias a un clavado en el baúl de los recuerdos, salió esta foto que me tomó mi papá.

jueves, mayo 07, 2015

El viaje

"El viaje, el viaje está donde tú quieras. Yo, a veces, quiero ser viaje", publiqué en Twitter. "¿El viaje de quién?", pensé. Como si hubiera el quién, los deseos del quién.

Me gusta saber que una de las características que tendría el quien, si hubiera, es que se procure y asista a terapia.

Porque si bien no hay un afrodisiaco más sutil y despiadado como lo es el intelecto, eso, justamente el intelecto, no representaría el subidón que representa si no fuera porque va acompañado de un cuidado y tratado emocional. Que, como dicen, ahí están en pie de guerra todos esos traumas de la infancia traicionándonos.

Fue cosa de recorrer 400 kilómetros y pico lejos de casa: así que fui y acomodé. Quizá a base de repeticiones que a nadie le interesan, pero acomodé, cerré el círculo y dejé el vicio de empezar de nuevo.

VIATGE: Que nunca pare. Que nunca cese. Que no se acabe la capacidad de sorprenderse tanto y demasiado como lo necesitaba tu alma medio muerta. Ser "Godi" mata el alma y la envenena, es lo nuevo de cierto. Así que la fuga, es la paz.















miércoles, abril 29, 2015

Nini_a



Cuando niña soñaba despierta conmigo misma, pero en el futuro: invertí una gran cantidad de tiempo pensando cómo sería a los 23 y esa era la edad más lejana en mi vida que vislumbraba para mí a los 3 o 4 años. Sé que tenía alrededor de esta edad porque vivíamos aún en la Ciudad de México y eso era antes de 1981, fecha en la que mis padres decidieron que debíamos volar al ranchito amado –que constituye mi lugar de nacimiento–. Por las vueltas de la vida, si no es que un mal cálculo, mis padres fueron a pasar las navidades de 1976 a la casa de mis abuelos paternos, que si bien nacieron y crecieron en DF, emigraron para los adentros de la república un par de años antes. Cuando mi madre quiso regresar a su casa, no la dejaron tomar el automotor que la llevaría de regreso a México, Distrito Federal; entonces, por un error geográfico, me tocó ser tapatía. Siempre me sentí la menos tapatía de todas, cabe destacar, y me daba un poco de envidia que mis hermanos más chicos sí hubieran tenido la suerte de nacer defeños. Ahora mismo, de los tres, soy la que menos años ha vivido en Guadalajara y la que más tiempo ha acumulado residiendo en DF. Cosas de la vida.

El caso es que desde niña sueño despierta con infinidad de cosas. Ahora lo hago con cumplir 40 y seguir siendo mi propia mujer, mi propio hombre y esas locuras que provoca la terapia.

POC: La ninia Mariana sonriendo a la cámara que sostenía su padre. Me pregunto si el paisaje de atrás era el Ajusco o el Bosque de Tlalpan, pero yo creo que va a ser Colomos. La foto de la foto la tomó mi madre con su iPad. Benditos los tiempos que vivimos. Qué delicia haber sido esa niña-bala. Y yo que todavía no quiero engendrar a quien me hará ver mi suerte. Juar.

martes, abril 21, 2015

Bonito de primavera


La tarde tenía olor de atardecer bonito. Bonito de primavera. Con sus colores y sus vientos. O contoneos y alientos, que bien podrían ser lo mismo. Creo que es la primera de este tipo que me toca vivir desde hacía tres, cuando apenas llegué aquí. O, de nuevo y como es ya una costumbre de los últimos tiempos, ¿me parece que es todo bonito, bonito de primavera, porque estoy en otra parte muy distinta a donde estuve las primeras tres? Bien podría ser.

Para otra ocasión: narración pormenorizada y completa de los días de ayer en la pocilga en la que me tocó currar alguna vez no muy lejana. Pero luego, que nomás me acuerdo y me entra una pereza que te cagas.

PIC: Los invito a perderse en ella. Si desenfoco un poco la mirada alcanzo a ver a un french poodle y a un luchador de sumo al fondo. Piérdanse.

lunes, abril 13, 2015

La bendición de la ignorancia



Hace dos años, o más, que no revisaba esa bandeja oculta que guarda Facebook. Así que no me enteré de muchas, muchísimas cosas. Presta, respondí a los mensajes de la gente que sí me interesaba y me sigue interesando todavía. Hubo algunos mensajes que leí, pero no entendí, así que sólo pude agradecer a Mark Zuckerberg haberme protegido de esa forma, con la bendición de la ignorancia. Hubo otros más a los que entré, por decirlo de alguna forma, pero ya estaban borrados. 

Fin del comunicado.

ERASED: O no. Pero en este tono de lo que se va, lo que ni siquiera llega y, por ende, no existe, en este tono les voy a contar que a veces, en foto, me gusto más borrosa.




martes, marzo 24, 2015

Cambios



¿Nos gustan los cambios? No. Yo digo que no. Tú, ¿qué dices? ¿Te gusta que te cambien de lugar el mueble? Y estoy hablando de un simple mueble. Imagínate cambiar de trabajo o perder a un marido o tener una panza enorme de embarazo o romperte una pierna. ¡Imagínatelo! ¿Me escuchas? ¿Me sigues? ¿Estás todavía ahí? Yo ya no te veo. Seguro ya te cambiaste de lugar y nunca me di cuenta. Quizá la llamada de la semana pasada que no contesté era para informarme puntual de esos últimos cambios. Pero no contesté. Porque estaba en el baño. Bebo demasiada agua durante el día, me la paso yendo al baño. Y no contesté. Si era realmente importante intentarías más tarde. Y no ocurrió. Entonces no era importante. Era más importante ir al baño. Me gustan los cambios. Estos de ahora. Está emoción como de adolescente. De adolescente que planea mal todo. Porque la estrategia es la clave. Y un adolescente actúa con las tripas. Como caballo desbocado. O un manojo de hormonas. Impulsivos. Yo digo, ¿no crees? ¿Crees o no crees? ¿Ves? Te sigo escuchando por ahí, nomás que no te veo.

DOPPEL: Como en The one I love, una joyita de esas perdidas y maravillosas, de un tal Charlie McDowell; algo muy parecido me ocurrió con Frank, algo así como una inquietante cosa divina. Ambas, ampliamente recomendables. Y, bueno, a seguir barriendo la casa.

lunes, marzo 23, 2015

Sorpresas



Una de las pocas certezas de los últimos tiempos es que, básicamente, amo estar sola. Quizá suene raro o los lleve a pensar que soy una soltera empedernida, que me cuesta trabajo relacionarme y rehuyo al compromiso, todo al mismo tiempo o ninguna de todas las opciones dadas. 

Me gusta pensar, como bien me dijo hace no mucho un amigo, que soy de esas personas que saben estar solas y que no tienen empacho en pasar días enteros por su cuenta y sólo con el placer de estar con uno mismo, pero regresan gustosos al disfrute del contacto con los demás. Y, en realidad, para mí desde hace mucho tiempo es así. Después de la ruptura con un cierto alguien, hará por ahí del 2007, la cual definitivamente me marcó, las cosas fueron así y comencé a estar muy sola. Primero sí que fue muy sola de soledad. La más fría soledad: estaba rodeada de gente, de nuevos vínculos, de vínculos pasajeros, pero yo sólo quería que las cosas fueran como antes, como cuando era novia de ese cierto alguien que, por cierto, se llama Tomás. Luego, bueno, no tan luego, todo se volvió a acomodar. Mejor dicho, todo se volvió a iluminar y no sólo de esa luz que siempre he llevado dentro, sino de otras luces que me han dejado ver cosas que me han permitido ir más ligera, con mucha paz.

Y, para deber lo que debo, voy muy tranquila gracias a esa paz.

Quizá sea fácil entrever que esto va unido en gran medida a mi cansona perorata en torno a que en mi vida, ni de broma, doy cabida al chantaje y manipulación de otros sobre mí; o quizá no, pero que sepan que van más que juntas con pegadas. 

El chantaje y la manipulación son dos de las cosas que más me ha costado aprender a identificar en esta puta vida, pero ya no se los aseguro, se los juro por la virgen que los veo, huelo y descifro bastante bien. Y ya desde hace tiempo veto a las personas que me lo han aplicado y/o lo intentaron con o sin conciencia de que lo estuvieran haciendo. Punto pelota. Esto va unido a los maltratadores psicológicos, esos que le hacen al acoso moral en la vida cotidiana y/o laboral. Siento mucho si esto los ofende.

Y como en mi vida mando yo...

PIN: Eso es lo que te da la vida a veces. Te sale con la novedad de que al otro no le parece que la gente, más que andar sola, sea independiente y no necesariamente necesite de y a los otros para vivir. Yo sí que los quiero y los extraño, pero puedo vivir sin ustedes sin ningún problema, que ya me encargo yo de mí. Gracias.

martes, marzo 10, 2015

Críptico



Entré a la sucursal. Me senté en una de las tres sillas que, en medio del local, hacían de sala de espera para los clientes. Fue en la de en medio, entre una señora gorda de mediana edad y una señora gorda que bordeaba los 60. Frente a mí el ejecutivo de cuenta y el director de ese pedazo del Banco Santander en el Distrito Federal. Odié un poco a este último: daba clics, tecleaba, respondía a su celular. Todo eso mientras el cliente en turno navegaba en su propio aparato de telefonía móvil. Tuve a bien preguntar a las dos gordas con quién iban. Gracias a dios no era con mi hombre: el idiota director de la sucursal. Y digo idiota porque en una experiencia anterior, el tipo me mandó a usar la línea de ayuda Santander antes que atenderme. "Tengo que hacer un trabajo que me pidieron para hoy, así que no la puedo ayudar", me había dicho en nuestro anterior encuentro. Rogaba para mis adentros porque esta nueva reunión fuera mucho más amable que la última. "Y yo sin ganas de estar aquí", pensaba. "Pero prefiero estar aquí que en la oficina", añadí a la retahíla de pensamientos que pasaban por mi cabeza a mil por hora. Hecho el balance, dejé de fruncir el ceño. Relajaba el gesto al tiempo que reparaba más en el trajinar de la gente en el exterior, que en el hombrecillo imberbe que estaba por atenderme.

Y ya eso lo dice todo. Todo.

RELLANO: De mi corazón. Voy a extrañar mucho este portal el día que me vaya. Que la verdad es que le tengo mucho aprecio. Hoy, a pesar de todo, me tracé con un arte la línea del delineador. Lo sellé a la perfección con el polvo de arroz. Estoy tan contenta por eso. Juar.


martes, marzo 03, 2015

Persona


Una persona medianamente contenta. Que ama ir al cine sola. Y comer toneladas de palomitas. Que a veces cree en el karma. Pero que busca entenderlo todo desde el raciocinio. Que entiende de proteínas, hidratos de carbono e insulina y acto seguido engulle de golpe 6 dulces árabes. Que cree sólo si toca la herida fresca. Y a veces sueña con el pasado.

La cuestión en revolver en viejos personajes es que están ligados en algunos sentidos a la posible explicación de por qué también es una persona que no sabe por qué huye. Todavía.


CNVRS: Sus favoritos. Y no han sido estos los que cruzaron un océano hace casi 10 años. Sin embargo se piensa que la definen. Desde entonces se piensa eso. Se cree que los seguirá vistiendo por mucho, mucho tiempo más. Todo el tiempo, que van muy bien con sus tatuajes.