viernes, diciembre 15, 2017

Claridad

Ya tenía claro, desde hace tiempo, que debía apegarme al vínculo y hacer caso omiso al ruido interior que se forma cada vez que mis inseguridades se asoman más de la cuenta. Y sí, es de gran ayuda, aunque todavía no tenga controlado el switcheo que puedo hacer con tanta facilidad a veces. Porque no me sirven los demonios, no me dejan ver y ya he comprobado que no veo con la claridad suficiente y puedo cortarme las venas –imaginariamente– con un montón de toxicidades que mías ni son.

He entendido que amar es, en parte, tomar decisiones y apegarse a ellas, y creer hasta que haya pruebas que demuestren que eso que percibo es real.

Me siento como la loca que presiente, pero no puede tocar, aunque quisiera tocar, sólo para constatar que todo lo que presintió era... Y al mismo tiempo no, no quiero nada de eso. Soy ambigua, como siempre, y me trato, con el afán de que no se me vaya la hebra. 

Y, mientras tanto, entiendo que es real, que está, que no me quiere hacer daño. Y no, a veces no doy con el origen de este miedo. No doy de consciente, pero entiendo, porque mucha terapia de por medio.

Pero sí, es lo más real en una década, y 10 años es mucho tiempo.



ALWAYS: Hoy tomé el tren ligero y el metro a casa, porque comenzaron cambios chonchos en la rutina de mi Diana, por ende, en la rutina para mí. Hice algo que no hacía en varios meses para volver a casa. Vienen cosas buenas para las dos. La vida es buena.

domingo, noviembre 26, 2017

Mensajes erróneos

Si de mensajes erróneos sé algo, es porque los envié todos de una manera muy inconsciente mía y muy evidente para los demás. Cuando alguien tiene un que ver con un ex, no es sino porque quiere tener que ver con ese ex. Y de eso sí que sé mucho. Lo sé todo. Fui la reina de los exes voladores. Fui.



HNN: La canción que quería poner era otra, IRL, que es más movidita, pero no está en existencia en la red. Como sea, mensajes erróneos no more, por favor, por la paz, por amor.

martes, octubre 31, 2017

El maravilloso viaje

Y yo sentí que el otoño nos cayó de repente, porque el frío nos envolvió de un día para otro. Pero no fue del todo así: las bajas temperaturas de octubre llegaron con el calor de confesiones de amor profundo y sus respectivas manifestaciones. Ese aparente frío enmarcó el momento en que Diana y yo llegamos a un mismo lugar, uno en el que nos queremos quedar, acompañadas, para conocer más la una de la otra, muy juntas y por mucho tiempo.

Con ella todo se me olvida: dejo de pensar en el resto del mundo, de mi mundo, y sólo existe ella. No voy a negar que a veces las sensación es abrumadora, pero no de la mala manera: es nada más que la siento como una ola inmensa abrazándome que me cubre y me arrulla, al tiempo que me lleva salvaje por caminos que no conocía, pero que mucho intuí como felicidad. 

Diana no se parece a nadie ni nada que haya conocido antes. Miro sus ojos y no alcanzo a ver el final de todo ese mundo que podría conocer y reconocer por el resto de la vida. Sus manos, sus bondadosas manos son extensiones de tanto para dar. Y ese, su carácter, tan firme y fuerte, lo puedo imaginar tajante incluso conmigo si es necesario. Es como un árbol muy fuerte y bien plantado, con raíces profundas, tan capaz de alcanzar con sus ramas alturas considerables sólo porque puede. Es arrojada y valiente; inteligente y sensible... y tan dulce, como tierna. Una maravilla de mujer que se me antoja eterna en mi vida y no, no me ha dado miedo decirle en voz alta que eso quiero. Quizá pequé de prudente al decirle que eso me gustaría hacerlo con la calma, por no precipitarme y asustarla, pero eterna la quiero y ya.


TFF: Viejos grupos, viejas canciones. Lo que tiene estar con una contemporánea es que me lleva, por pasajes vividos en otros tiempos, ahora. Diana es ya un maravilloso viaje que no quiero que pare, que deje mi cotidiano, que lo hace tan único y especial, aunque esté cansada de muerte yo o ella. No sé qué hacía en otra parte, qué hice tanto tiempo en otra parte, y me consuelo pensando que era el camino necesario para haberla por fin encontrado. Y en su nombre me pierdo y ya la amo tanto.

jueves, septiembre 28, 2017

Temblores en septiembre

Este mes he tenido dos movimientos telúricos de suma importancia: el primero dos días después del sismo del 19 de septiembre, uno que jamás imaginé vivir, que rompió de nueva cuenta a la Ciudad de México en muchas partes que, ahora mismo, no sé cuándo volveré a ver juntas otra vez. Me parece lejana esa visión en donde todo vuelve a ser como antes de las 13:13 horas de ese día, cuando ese trepidatorio del copón peinó la urbe y con ello nos cargó el carajo, así sin más. Todavía hoy sueño con terremotos, sismos, temblores. Todavía, casi a cada instante, pienso en qué haría si de nueva cuenta un tremor tal volviera a apropiarse de la ciudad. Y fantaseo con salir corriendo, irme a otro país, a otro lugar, aunque ese lugar represente el abismo más profundo de mi ser. Me caigo, me rompo y me quiebro como todos esos edificios que vi caer al menos en videos que se reproducen al infinito en Twitter o YouTube. En seguida me levanto y creo que toda esa unión de personas aquí y allá, volcadas en ayudar, es lo mejor que le ha pasado a la ciudad en tanto tiempo; y creo en la vida y en que todo va a estar bien. Y es así cada día. De arriba para abajo y viceversa: son demasiados sentimientos los que me recorren. "Esto va a pasar", me digo. "Todo va a estar bien", dice Diana. Pero todo esto no va a pasar sin pena ni gloria. Eso no. Así ha sido este septiembre y sus temblores –los personales, los terrenales–, que no son cualquier cosa, no.

El otro se llama Diana: he vivido el mes más intenso desde que nos quedamos de ver para cenar y explicarnos el por qué yo la busqué como la busqué, luego de atragantarme en el comedor del trabajo mientras ella, de lo más fresca, nos deseaba buen provecho a mí y a mis compañeros de equipo el 17 de agosto pasado, el día de los atentados en las Ramblas de Barcelona. Ese momento marcó el inicio de un controvertido mes que se plagó de inundaciones y sismos que, vaya casualidad, se reunieron para alterarnos el pulso y el estrés en esta bonita ciudad y a sus pobladores. Fue un salto al vacío buscarla y decirle que me ponía nerviosa lo que sigue porque me gusta. Y su respuesta se convirtió en una cena, que se convirtió en un abrazo, que se convirtió en tantas cosas, que se convirtieron en cercanía, que se han convertido en un sentimiento profundo y grande. Podría ser demasiado, pero es lo que es después de meses de pensarla, mirarla de lejos y casi que estudiarla sin esperanzas, hasta ese día. Todavía no tengo palabras para explicar a Diana, lo cual ya es mucho decir, que soy persona que se cuenta por escrito mejor que otra cosa, que amo explicar mi realidad a través del lenguaje. Pero Diana es Diana y se me abre como algo demasiado hermoso que, debo ser honesta, disfruto enormidades, pero ¿explicarla? ¿Decirla con palabras? ¿Aquí? No lo sé. Siento el pudor de quien quiere guardarse lo más hermoso para sí y para siempre, pero intenta vivir el aquí y ahora como nunca antes en la vida, por salud mental, emocional y por evitar un descalabro tal, que ya ha vivido demasiados. Así me guardo a Diana, en palabras escritas en libretas personales, en visiones magníficas que nadie más que yo. Porque es Diana y soy yo, ahora, quien como nunca antes decide hacer un mutis prudente, porque vaya tremor que es esta mujer maravillosa a la que llegué gracias a demasiadas cosas.

Septiembre la trajo al mundo y ya se me queda como un mes parteaguas. 

Los temblores de septiembre, para siempre. Con sus risas enormes. Con sus lágrimas. 

Septiembre al fin.



POR AQUÍ: Exacerbada por los acontecimientos del último mes, me desbordo a cada tanto. Porque no quiero equivocarme y alejar lo que ahora quiero, porque puedo ser el manojo de hormonas más grande de mi planeta personal. Menos mal que entiendo por qué y que no quiero herir ni responsabilizar de mi drama personal a nadie más. Nado mis penas, nado mis limitaciones, vivo aquí y ahora para no llevarme a nadie de corbata, como diría mi mamá. Los controles están impuestos. Me declaro controlada por supervivencia, porque quiero poder estar con alguien tan maravilloso como ella, como Diana.

sábado, agosto 19, 2017

Barcelona sin miedo

Dudé por unos segundos si en realidad los gorgojos llegaron a los frutos secos que ahora yacían en mi casa por mi culpa. Sólo por unos pocos segundos. Repasé al instante lo sucedido: compré un tanto a mediados de julio en la tienda de ultramarinos de la calle Mier y Pesado; me los estuve llevando como colación al trabajo. Cuando me llegaron las vacaciones, al empacar se me hizo fácil tomar el último resto que yacía contenido en una bolsa Zilploc, junto con otras viandas no perecederas, para acompañarme en el viaje. La última noche que estuve en Bacalar no tuve fuerzas para salir a cenar, así que tomé lo que quedaba de frutos secos en la bolsita y comencé a comerlos, con la novedad de que no estaban solos, sino acompañados por unas lindas oruguitas y recubiertos por telarañas. Me dio un puto asco, porque ya me los estaba acabando y coraje, que francamente estaban buenos. Salí del cuarto y los tiré en el cubo de basura de la cocineta del hotel donde me hospedé. Ya no le di importancia al hecho. Pensé que era consecuencia del calor del puerto.

Al regresar a la Ciudad de México, decidí acudir al ultramarinos para proveerme de más de estas viandas para mi "regreso a clases" (literal, porque además de laburo, ahora asisto a un diplomado por parte del trabajo al Instituto de Investigaciones Jurídicas, sí, yo asisto a ese lugar a clases desde la semana pasada los días viernes y sábado) y, en cuanto llegué a casa, los dejé sobre la mesa de la cocina, luego de cambiar el nudito que hizo la tendera en la bolsa por una de mis pinzas aislantes: hay que proteger al producto de toda humedad. Ni 15 minutos pasaron cuando regresé a ellos y vi cómo dos oruguitas sobresalían sobre el montón de frutos secos. Maldije a la pobre tendera y me cagué en todo porque ya no tenía colación. Y no fue hasta hoy, una semana y media después, que volví a explicarle lo ocurrido. Sin chistar me devolvió los 222 pesos que pagué por dicha vianda. Sin embargo, en la tienda no dejé de mirar el mostrador donde yace dicho producto: se veían tan impolutos, que dudé. No es raro que dude, de mí, de los demás, de todo: soy desconfiada por una mala crianza propiciada por los machos de la familia que, muy hombres ellos, se les daba eso de no avisar cuando iban a diversificar con mujeres que no calificaban como sus esposas.

Dudosa al fin, insegura como siempre, esta semana acometí contra el anhelo de los últimos tiempos y obtuve respuesta, lo cual me hace pensar que me cargo demasiado hacia el extremo del worst case scenario, "habilidad" que, supongo, afilé cual hacha debido a los inconvenientes que viví en la infancia y me llevaron a prever en caso de que lo peor se hiciera presente. Cuánto miedo, ¿no? Miedo de una niña que temía el rostro fúnebre del padre, ¿será? ¿El regaño? ¿El pleito con la madre? ¿El cinturonazo? ¿El grito injustificado? ¿El distanciamiento? Nos queda tanta terapia.

Lo "raro" del hecho es que ocurrió el jueves, este fatídico jueves 17 de agosto, día que en Las Ramblas de Barcelona una furgoneta embistió contra la multitud y dejó un saldo de 13 muertos y 5un centenar de heridos. Como si de un videojuego se tratara, la camioneta intentó darle a todo lo que se moviera y... yo no me enteré del hecho hasta pasado el medio día. Karla me pedía insistente que revisara si Lulú estaba bien, porque había pasado algo en Barcelona. Lo hice de inmediato y me contestó que sí, pero para entonces ya había visto que Barcelona era tendencia en Twitter y comencé a mirar algunas imágenes y vídeos. Lulú estaba bien (con una cuita tremenda, pero "bien"), y yo ya no: estaba a salvo y no cerca de Las Ramblas, mientras yo comensaba a sentir un malestar gigantesco y unas ganas de vomitar que controlé bien, pero se acompañaban de un querer llorar brutal: la ciudad que me acogió durante 6 años, ese paseo que recorrí en innumerables ocasiones fue blanco de un ataque terrorista. La sensación de indefensión, el golpe de realidad de ya nadie está seguro ni en lo que yo consideraba la ciudad más segura del mundo, me tomó por completo y me hizo sentir tristísima.

Puede ser, no lo sé, que Barcelona me sirvió un poco de pretexto para dar un paso que todavía no comprendo del todo, pero había sido ya sugerido por más de una persona, incluida mi terapeuta. A cambio de mi confesión obtuve una invitación a un acercamiento. ¿Y qué va a pasar? Pueden pasar un sinnúmero de cosas, felicidad de por vida incluida, o todo lo contrario, con mucha felicidad también. La cuestión es que me atreví. Lo deseé por meses. Tengo todas las ganas. Pero tengo que confesar que me tomó por sorpresa. Era lo anhelado, pero esa es una cosa que siempre es sobrepasada por la realidad. Diana, al fin.

No quise ahondar en videos o fotografías de los muertos. El estómago se me revolvía. Lamento enormemente que un ataque terrorista haya tenido lugar en la ciudad condal. Me dolió muchísimo.

Era extraño como, en un día de mierda, una buena noticia me alegró como nunca. Porque nunca había decidido, no, por un mujerón así. Ella no se lo cree, podría adivinar. Va cauta, pero también decidida a ver qué hay. No lo sé. Y aunque sigo con un montón de dudas por inexperta, básicamente, confío que las decisiones avaladas por una fuerte corazonada, devengan en gratas consecuencias para las dos. Si nada de lo que he fantaseado sucede, ya gané una buena amiga, quiero pensar. Estoy en las putas nubes y tan ecuánime a la vez.

 

REBEL: Mi David Bowie del alma. Siempre me voy a arrepentir de no haberlo visto en concierto, pero bueno, era una adolescente cuando pasó por México y estaba el adiós a Soda Stereo, que me ganó. Luego, tampoco es que me tocara pillarlo y, ¡pam!, dijo adiós. Lo quiero tanto como quiero a Barcelona, como quiero y adoro a Lulú, a Pilar, a Shari, a Pere, así como a un montón de personas entrañables que conocí allá y que ya están aquí o en otras partes del mundo. Barcelona fue motor. El jueves activó algo. Me llevó hacia lo que estaba buscando. OMG.

jueves, agosto 10, 2017

¿Sueñan los asalariados con ovejas currantes?

Me callé julio, porque sus últimas dos semanas gané gradualmente carga de trabajo extra, ya que mi jefe y una de mis colegas, salieron antes que yo de vacaciones. No sólo tuve que hacer lo que me corresponde, sino ponerme creativa para hacer lo de otros sin chistar: era la paga extra para ganarme el cielo, uno que se llamó Bacalar y se apellidó Mahahual. Me enamoré del primer sitio como nunca antes en la vida de un lugar de vacación pura. Abandoné toda vestimenta formal y la cambié por chanclas, traje de baño y vestidos de algodón. Me olvidé de la rutina y me entregué al ocio, a leer un libro de cuentos de Guadalupe Nettel –el muy recomendable El matrimonio de los peces rojos–, recuperé el apetito y volví a comer porciones generosas como antaño, que de últimas me adelgacé mucho porque mi hambre menguó por estrés, por la ortodoncia, por las prisas. Me vestí de vacación. Y con el cambio de escenografía, me adentré en un espacio muy mío: dejar de ocupar mi cabeza con trabajo me obligó a entrar en mí, en mis asuntos, en mis pendientes, en mis tormentos.

Llevo ya demasiado tiempo observando cómo me hago pequeña, diminuta, ante un alguien a quien le he permitido crecer hasta ser un gigante que me aplasta y justo la ausencia de carga laboral me permitió verlo todo con una poca más de claridad: esa enormidad equivocó los caminos y me negó la contención que necesité de niña sin querer, quiero pensar, pero me rompió de una forma que, a mis 40 años, no he encontrado la manera de reparar todavía.

Durante la vacación, que hice absolutamente sola, como si de un retiro espiritual se tratara, donde no conocí o traté a nadie (más allá de los meseros o hosteleros que me recibieron) ocurrieron varios hechos que detonaron una ansiedad infinita. Me asusté mucho. Regresé corriendo a la ciudad a pedir hora con mi terapeuta, porque me sentí fracturada y consideré entonces un fracaso la vacación. Menos mal que en esos 50 minutos de exposición de mis sentimientos, recuperé la noción de que tocar fondo, no me ayudaría sino a reencontrar el camino.

Una de las tardes que pasé en Mahahual acudí a un restaurante que me recomendaron. Me apoltroné en uno de los camastros de la playa que le correspondía al local y, se me hizo fácil, ir por otra bebida sin más vestimenta que el traje de baño. El restaurante tenía suelo de arena, estaba en la playa, pero llamé de más la atención de un tipo que ocupaba la cabecera de una de las mesas que estaba cerca de la barra: lo acompañaba su familia completa. Pude contar a la hija, la nieta, el yerno, la esposa y otras mujeres en su compañía. El tipo me miraba de manera francamente incómoda, como si nunca hubiera visto a una mujer en traje de baño. Sonreía. Yo no. Al percatarme del hecho lo miré con cara de "se te perdió algo, no jodas", pero dio igual, el tipo seguía sonriendo, me sonreía a mí. Me faltaron herramientas, ahora entiendo, y valor para enfrentarme al tipo, como a ese alguien gigante en mi vida, para decirle las palabras justas y ponerlo en su lugar. "Parecería que nunca ha visto a una mujer en traje de baño, pero, por favor, deje de mirarme así, por respeto a quienes lo acompañan y a mí. Si no deja de hacerlo, sepa usted que esto puede ser considerado acoso sexual. No me joda y no le joda la vida a los suyos. Gracias". Pero no lo hice. No pude.

Cuando chica, el cabrón de mi padre hizo lo mismo que ese señor. Una y otra vez siendo una niña tuve que chutarme a mi sacrosanto progenitor mirando a diestra y siniestra a mujeres en la vía pública, en la televisión, en revistas porno que tuve a bien encontrar escalando en su clóset. Fui una niña muy espabilada e inquieta que tuvo un padre muy, pero muy pendejo en cuanto a crianza se refiere. No tenía sino una figura masculina –su padre, mi abuelo– muy pinche: mi abuelo se dedicó a ponerle el cuerno a mi abuela con cuanta mujer se le atravesó en el camino. Mi abuela se embarazó hasta 14 veces para retenerlo. Pero nada lo justifica. ¿Para qué tuvo hijos, si no estaba preparado? Y lo peor es que tuvo una primogénita, no un primogénito, y luego otra hija más, y no paró hasta tener un varoncito. En fin. El punto es que entre el acontecimiento del tipo acosador en la playa y mi reencuentro con mi ex, a quien frecuento últimamente, se me arrancó la moto: he transferido al ex los atributos de mi padre, le he machacado el enojo, la ira que he almacenado por años en contra de todo ese daño moral, y eso también afloró en la vacación. Gracias a las horas-diván lo identifiqué, pero eso no me exime de errar en el destinatario de ese mensaje. Podría decir que hoy estoy lista para ir a la ventanilla correcta a enunciar lo que por años he callado.

Anoche soñé justamente con mi padre. Estábamos en una cocina con mi madre y mi hermano. Él hablaba de una mujer y de su relación amorosa con ella. Todo enfrente de mi madre. Yo le espetaba un "pero, ¿quién es ella?"; él me explicaba que se trataba de una chica con quien salía. Yo le respondía con un bonito "chinga tu madre". Él se sorprendía, claro, pero yo estaba feliz, porque por fin lo decía. Se mostraba molesto. Agregué un "que seas consciente de todo el daño que me has causado", se lo decía aunque la voz ya se me quebraba, apenas me salía, pero lo pude decir. Y me quedaba feliz. En el sueño era feliz. Al despertar me sentí feliz también. Antes de este sueño, en otros anteriores, mi voz no salía. Siempre que tenía a mi padre frente mío no era capaz de emitir el mensaje: lo pensaba, pero no me salía la voz. Algo por fin cambió.

En alguna ocasión, mi hermano me recomendó dejar de escarbar en el pasado, porque no tiene caso, porque hay que mirar para adelante. Todo en relación con mis vivencias y traumas de la infancia. Mi hermana, por otra parte, me alentaba a seguir, aunque no creía mucho en mi terapia, orientada al psicoanálisis, porque hueva, porque te puedes tirar años ahí. El punto es que a pesar de los años que ya llevo tumbada en el diván, he llegado. No me importa el tiempo, que todos tenemos un proceso; no me importan las horas ni el dinero invertido, he llegado, al fin. Si bien me siento profundamente triste, hay una satisfacción de fondo, porque me siento totalmente capaz de decirle a mi padre, en su cara, lo que me sucedió y las consecuencias e impacto que tuvo en mí su actuar.

Siempre es recomendable ir con el agresor, en la medida de lo posible, a ponerlo en antecedentes, a decirle qué hizo, qué te hizo, así entienda o no. Es entonces, quiero suponer, cuando la víctima se libera un poco de ese daño. El adulto era mi padre y la cagó. Y al muy padre me prohibí por años recriminarle, porque figura de autoridad y porque por supervivencia opté por callar, pasar desapercibida en muchas y diversas situaciones. O algo.

Estoy a punto de retomar labores. Confío en no resistirme más a mí proceso personal, en poder acabar de una vez por todas con este mal. Ya me ha partido la madre lo suficiente. Y que se joda el padre, que se joda quien se tenga que joder, lo siento.

La magia de la vacación fue encontrarme más clara respecto a este lastre. Podré entregarme, una vez que termine este asueto, a trabajar como una loca, porque eso va a pasar. Lo voy a agradecer. No hay de otra sino currar cual jabata, pero no por evadir, sino por dignificar. Estoy más que dispuesta.


CTRLLR: Lo opuesto, he de decir, a controlar. Si me libero del lastre, quizá pueda ser capaz de no sentir una ansiedad de muerte ante una posible colisión con otro ser, con otra alma. Y entonces poder establecerme junto a alguien. Qué enferma me puedo manifestar. Qué demente. Empero, lo sé, la cura está más cerca.

viernes, junio 30, 2017

El último viernes de un mes muy bonito

Hoy no escapé de la lluvia, pero libré Calzada Tasqueña –yendo por Tlalpan de sur a norte– y agradecí a todos los dioses el haber podido cruzar esa frontera con desniveles que disparan la posibilidad de inundaciones de mierda, pero pues ya estamos en plena temporada de lluvias, que ahora sí empezó cuando tenía que empezar, aunque se vino con todo.

Y así las cosas hoy.


SHNV: Estoy recuperando la escucha de mis entrañables podcasts, que tuve que cambiar porque noticieros e información al momento, coyuntura y demás. Los extrañaba. Y a la lluvia no tanto, pero ahí si no hay manera de controlar. Se han presentado unas inundaciones perras. Estas manifestaciones de la naturaleza las desconocía: el sur, al menos, no estaba en mi mapa hasta que cambié recién de chamba. Pero pues qué brutalidad.

miércoles, junio 21, 2017

Enferma

Todo es inútil, pienso, y no, no quiero entrar en mis cabales. Quiero montar un berrinche del tamaño de una avalancha que me arrastre y pierda en el abismo. Todo hubiera sido más fácil de no haber nacido. Un suicidio contundente y certero me habría ahorrado un montón de cuitas y desencuentros. Por si no fuera suficiente el sufrimiento que viene implícito a la vida, se me ocurrió aceptar el tratamiento de ortodoncia que me ofrecieron como la cura a mi bruxismo recalcitrante. Ahora, no nada más aprieto los dientes por las noches como bendita, sino que me da pereza comer: los fierros que ahora sobresalen de mis piezas dentales pueden llegar a causar heridas que, con tal de no despertarlas, prefiero no comer.

La falta de alimento, ya lo noto, me ha hecho perder peso. No obstante, sigo nadando como loca y cuando puedo, porque tampoco voy diario. Si voy dos días consecutivos, me dan calambres. Pero sí, sí estoy un pelín obsesionada con el peso, sobre todo luego de haber ganado tanto. Quiero a mi gorda interna, pero la quiero sólo ahí. Todavía no me amo como debería o no llego al Olimpo de la terapia como para no exigirme una puta perfección que todavía no doy con dónde la pesqué y por qué la sigo queriendo tanto.

Podría asegurar que la culpa de todo la tiene Yoko Ono, es decir, los padres. Pero, ¿de qué me sirve atorarme eternamente ahí? Ya poco a poco he conseguido hacer avances y encabronarme un poco más, de lo que jamás me había permitido, con mi padre, aunque estoy segura de que podría alcanzar niveles dignos de mi abuelo paterno, a quien detesto abiertamente y me caga la madre desde que tenía alrededor de 5 años, y ahora tengo 40. Clara de que uno ni elige venir a este mundo y ni a la familia que nos toca, en algún punto del camino decidí que sólo porque no me he permitido enojar con mi padre, no lo desabuelaba, pero muero por hacerlo; lo malo es que hierba mala nunca muere y el desgraciado vivirá más allá de los 95, segura estoy, porque va a salir tan longevo que su sacro santa madre, a quien él odiaba. Típico caso, pues, de un Edipo mal llevado, creería, que no sé de dónde desarrolló a un narciso tan hijo de puta que juró que su misión en esta vida era repoblar al planeta, porque tuvo de hijos como quiso, porque me queda claro que no se cuidó jamás. A mi abuela la embarazó 14 veces –sólo tuvo 4 hijos, pero ella feliz de la vida, no crean que fue imposición, ya que suponemos (hablo aquí de mi núcleo familiar) creyó que a base de chilpayates retendría a ese, su hombre, mal cálculo que sólo le desgastó el organismo al punto tal que ella es más chica que él y actualmente se ve mucho mayor que el señor "ese, su hombre"– y no le llevo la cuenta, pero otros 5 sí tiene.

El punto es que hoy quisiera hacer un berrinche gigante: me encantaría decirle a mi ex que es un cabronazo por haberse metido con alguien de noviembre, que lo dejamos, para acá; porque yo no me he metido con nadie y he pasado un periodo considerable de abstinencia sexual del tipo "me cago en todo", pero abstinencia al fin, no que él, que me tenía azorrillada con el tema de la infidelidad y juraba que le puse 5 mil cuernos, se buscó a la primera de cambios a alguien, porque, cito, "decidió seguir con su vida"; claro, no tenía que luchar por Mariana, no, para qué chingados si hay tantas mujeres más con quienes diversificar y anexas, ¿no? Pero por más que me den ganas de armar el mega pancho, no puedo: soy una mujer adulta que, como él, decidió seguir con su vida y posó sus ojitos en una chica y consideró correr a seducir al ex novio de toda la vida. Y sí, sí lo entiendo, no puedo hacer berrinche, porque NO puedo. Ni debo. En fin. Un ataque de ego y poco más. 

Y así las cosas. No sé si marchar el sábado o quedarme en este lugar, pero me debo y quiero festejar esos lugares que me he dejado explorar y que me encanta y quiero en mi vida. Oh, contradicciones hoy.


DSPCT: Ni yo me lo creo, pero sí, me dejé caer en el éxito del momento malpedísimo.com. Y así voy, permisible hasta la pared de enfrente, o represora como la peor carcelera de deseos y ganas. 

jueves, junio 01, 2017

Ya no

Me gusta mucho esa hora del día en el que poco a poco se comienza a ir la luz. En Horario de Verano sería entre las 7 y las 8 de la noche. La luz se va y la penumbra que despierta me antoja a hacerme ovillo en la cama y cubrirme con una cobija ligera. Y como afuera llueve, se antoja aún más.

Llegué temprano a casa por la amenaza de lluvia, que después de que el lunes se cayera el mundo y se inundara todo Cristo, permitió convencer al jefe de abortar la misión de trabajar como obreros hasta el final de la jornada, si por culpa de la tormenta por venir nos íbamos a quedar atorados en la oficina hasta muy tarde. Fue fácil.

Y después de odiar al universo, toqué suelo. No se puede vivir odiando a la humanidad. Me caga, las más de las veces, pero es necesario hacer contacto y hasta empatar en ideas y gustos. Así que vuelvo a mis cabales y trato de llevarla lo más ligera posible. 

La otra: esto de estar sola me está gustando mucho o, como era destino por terapia, llegué a ese punto en el que, si ya no tengo necesidad de seducir para engancharme porque ausencia de padre; si ya no necesito manipular emocionalmente a nadie para que caiga rendid@ a mis pies, porque ya no necesito retener a nadie para no estar sola (porque me daba pavor estar sola) porque medio resolví el conflicto con mi sacro santo padre, entonces voy a estar sola lo que sea necesario. 

Gracias a eso ya no tengo por qué irme a la cama con cualquier huevón o huevona que se me atraviese, me emborrache o me endulce la oreja e infle el ego. GRACIAS, DIOS DE LA TERAPIA. 

Y, quizá, por eso salgo corriendo de tanto en tanto, para salvar el pellejo, que hueva mil coger porque codependiente de mierda que teme como a la peste estar sola: pereza infinita. O ya no creo en ese amor que no era amor sino espejismo de infantil de mierda que no se entera de un carajo.



RRRT: Pues vaya tela que me encuentro más soltera que nunca y sin ganas de emparejarme. Ni para echar un polvete se me antoja (claro está que el quién lo cambia todo). Es raro. Pero es bueno, que así no experimento roce alguno, para lo neurótica que soy (a veces).

miércoles, mayo 17, 2017

Calor padre

Incipiente, el verano, pero se le está colando padre a esta primavera que ya fue. Es inusual el calor de la última semana, por lo menos. Aunque ya me lo parecía así el que hubo en abril. Y siendo la más de las honestas, con demasiadas novedades. "Le gustan especiados", pienso. Como a mí. "Nada", repito, "nada 5 kilómetros". Como yo. "Su celular lleva cubierta roja", esbozo. Como el mío. Y así.

Abril fue un mes difícil –porque cero puentes, sólo semana santa, no tengo perdón de dios–: me topó con una contractura astral –porque Mercurio retrógrado y esas cuestiones estelares, de estrellas– y con demasiadas ganas de encontrarme a la chica de frente, de cerca –lo cual nunca sucedió–.

Ha sido mayo, ah, pinche mayo, que me trajo la sorpresa de poder escuchar su voz y seguirla descubriendo la mar de interesante, sin afán de idealizar. Pero sí, se me antoja lo que sigue de interesante e inteligente y –porque hay que decirlo– sabrosa.



FLUTES: Bang, bong. Ah. No. Esa es otra canción. La cosa es encontrar a dónde nos lleva el hilo si tiramos de él. Porque no es cuestión de hombres o mujeres, sino de algo que traigo ahí atorado. Algo que lleva ahí demasiado tiempo. Algo que no he podido ver a pesar de todo lo caminado. Como sea, no se mareen. 

martes, mayo 16, 2017

Poquitos

Y yo sintiéndome mal por ser persona de pocas personas, pero resulta que, afuera, hay más como yo, lo cual, de una manera u otra, me hace muy feliz. Que no todo el tiempo quiero estar sola. De tanto en tanto, me da por relacionarme con unos pocos.



ONDINE: Más de dejar atrás tiempo, otro episodio que inicia. Pero de la descomposición, nacen botones.

jueves, abril 13, 2017

Oro puro

En los últimos años dejé de hacer la mitad de cosas que me hacían francamente daño. Eso implicó borrar del mapa a la mitad de la gente –tóxica, por supuesto– y hacerme a un lado.

No se lo tomen personal: la salud emocional y la paz mental que nos di, es oro puro.


DARE: Una power song para animarlos a depurar. Porque no tenemos por qué quedarnos en donde nos hagan daño, pasen por encima de nosotros o nos usen. Sigo en esta línea. Siempre voy a seguir por ahí. 

jueves, marzo 30, 2017

¿Desgracia de género?

Si te topará mañana, te pediría el número de tu estilista como pretexto para traspasar esa distancia que ahora existe. Es tan fuerte. Y es así.

...

Nadé la amargura de topar con niñatos en la jerarquía laboral. Esa es la vida.

Entonces pienso que por algo estoy tan decepcionada del género. Luego, lueguito me cuestiono si es por eso que la elegí. Y no quiero. No quiero que nada, absolutamente nada de lo que elija sea por las razones equivocadas. No quiero hacerle daño a nadie, empezando por mí misma.


GAGA: Como quiera que sea, me quité de un gran peso asumiendo según qué cosas que no podía dejar más tiempo ahí, en la esquina o debajo de la alfombra. Ya no más. Y eso da mucha fuerza, mucha seguridad. Aunque implique lucha, ahora sí la quiero. Estoy lista, que le dicen.

sábado, marzo 25, 2017

Es sábado

Hoy quise volver a ser pelirroja, solo por gustarte. Quiero ir a espiarte porque sí. Te he estado imaginando en casi todas partes.

Esto está mal. 

Soñé a Pilar con el cabello corto y analizo el pasaje como queriendo descifrar por qué el cabello corto. Pero ya sé por qué.

Leo a Guadalupe Nettel, "El cuerpo en que nací". Me piqué. Es sólo que hay que pintar las uñas para los compromisos.

A veces puedo ser tan ecuánime. Lástima que eso no suceda en Jalisco. Jamás.


FST: La encontré, de nuevo está aquí. Y ya me pregunto si te gustan los conciertos, Feist, o si preferirías pasar la noche en un hotel en la ciudad sólo por diversión. Quiero saber tantas cosas...

viernes, marzo 24, 2017

¡Terapia, por favor!

Los "miércoles de terapia" se convirtieron en "martes de terapia" y ahora serán "lunes de terapia". Y hay mucho que depositar en terapia estos día, así que más me vale llegar a la próxima cita. Diana es sólo uno de ellos. Y llegar al meollo de Diana es, por otra parte, lo que más quiero. Hay algunas similitudes con otros capítulos semejantes en mi vida, lo cual me hace pensar que no debo meterme en ahí ahora. No debería pasar tan poco tiempo sola y en detox de la anterior relación, sino todo lo contrario. Por eso ahora es mejor postergarlo todo.

Mientras persigo a mi terapia, me sincero con la vida: independientemente de que no vaya a buscar encontrármela de forma activa, no tengo ninguna duda en que me encanta y de que, de una vez por todas, tengo que asumir unas cuantas cosas y quedarme con la calma, que nada grave va a pasar con decirlo: soy bisexual.


LN/LV: Supongo que ir sin miedo por la vida es una de las felicidades más grande del planeta. Como en el destello de diciembre, estoy clara y consciente de que bien nada puede suceder por mi bien y el de todos, pero hasta en ese caso, me encantará pasar por donde tenga que pasar en todos los sentidos. 

jueves, marzo 16, 2017

Que venga

Pienso en lo que posteo de últimas. Luego pienso en la Diana: la traigo atravesadica y ya no da miedo. Pienso también en lo mucho que cambió mi vida de noviembre para acá, en cómo he aprendido nuevas cosas, en que me han servido enormidades los conocimientos aprendido en los últimos tiempos y, sobre todo, en los frutos de la terapia, que me ha mantenido "libre como el aire" de infortunios y pecados múltiples.

Y no es que desee mantenerme así de "pura": es sólo que tocaba hacer LA pausa y estar un poco a solas conmigo y nada más. Pero luego pasan cosas y, aunque "pura" del cuerpo, empiezo a darle vueltas a según qué que me inquieta. Porque sí, me inquieta. Por lo demás, no sé. No sé si el viajero del Japón vaya a reaparecer como he fantaseado que, como sea, también da igual. Si al final nadie se a morir porque no pase lo que me gustaría controlar que pasara, pues que todo ruede. Y así.



SHKR: Vuelven los tiempos de reguetón violento. Pero no se preocupen, yo ya acepté que me gustan todas esas cosas que solía llamar "placeres culposos". Me gustan y ya. De lo demás, sólo díganle a Diana que venga.

viernes, marzo 10, 2017

Quiero ser valiente

Supongo que decir tremenda es poco. Pero, ¿qué le digo a la vida? "Perdón, pero así era desde chiquita", o "no era mi intensión, pero me brota de la entraña algo así como una inquietud eterna por todo y aunque parezca tranquila, dentro de mí hay más de una la revolución que se gesta en pos de nuevos entornos, personas que leer y descifrar". No tiene ni puto caso: soy una cabra loca. Caprichornio al fin. E independientemente de eso, aunque me sigan impactando según qué acciones que me dicen que realicé, me gusta ser así y estoy convencida de que esta no es la misma opinión de la gente, los otros, esos que se me atraviesan en el camino y a quienes les he pasado por encima aplanadora en mano, así que...

La verdad es que me veo re tranquila, yo digo. Sin pinta aparente de romper vajilla ninguna, aunque ya llevo unas varias. Entre no aparentar 40 y que no rompo un plato, así se me va la vida.

"Me abrazaste con todos mis defectos", le escuchó decir a la Lafourcade, y sueño. Porque eso es lo que me está pasando todo el tiempo. Mantener a la bestia quietecita y encerrada, ha sido y es toda una proeza. Quiero todo, todo, todo ya. Tratar de ser paciente y esperar el momento para coincidir con la persona –si es que es de las personas que sé dónde encontrar– es tortura china para esta alma atormentada. Pero ya aprendí, quiero pensar.

"Tú sí sabes quererme... ", canta, porque sigue cantando más. Yo sigo soñando y ya no quiero. 



NTL: Me la topé otra vez, después de muchos años de no seguirla tan de cerca, y me volvió a gustar como en aquel incipiente comienzos de siglo. Me retrata. O algo.

jueves, febrero 09, 2017

Llámame nostalgia

Y me entraron unas ganas, avasalladoras ganas, de escuchar a Silvio Rodríguez después de unos 10 mil 500 años sin sentir esa necesidad que protagonizó varios años de mi estancia en la universidad. Si nos ponemos a pensar que estudié Letras Hispánicas y no Marketing, se entenderá ese gusto por la trova. Si escarbamos un poquito más, quedará claro que era un poco bohemia en esa época. No creo que lo sea hoy día, pero vaya que me supe camuflar de todo aquello e ir acorde a los tiempos que corrían.

Escucho las canciones y me envuelven, literal, en una sensación extraña de ese pasado: me parecen tan familiares y lejanas al mismo tiempo; me las sé, y a la vez las desconozco casi que del todo, además de llevarme a personajes de antaño, en su mayoría hombres, que poblaron esa etapa de mi vida.

Me puede y me toca hoy Silvio. Mañana, quién sabe. 



SLV: En el fondo creo que me conquistó porque cantaba una canción con mi nombre. Siempre me ha fascinado que me engorden el ego, pues.

jueves, enero 19, 2017

El sabor de todos los helados

"No quiero no estar a tu lado", entona Zahara con todo el sentimiento. El corazón se me hace chiquito desde hace unos días y no sólo por escucharla cantar eso. Normal: me vino el periodo y tuve un ataque de gastritis del copón. Esto, porque realmente tengo problemas con las personas aprehensivas que, en situación laboral de estrés, se ponen en modo chicken without a head y gritan y ordenan y no se aclaran mucho que digamos. Esto me pone como un manojo de nervios. En pocas palabras, no reacciono bien a la violencia y estoy hasta la madre de estallidos y revientes ajenos, pero achacados al otro, el cercano, el que se chinga.

La rajada en la panza hace de las suyas y me preocupo: no estoy pudiendo pasar por encima de las reacciones de los otros. Tendré que hacerme a un ladito y dejar de echarme santos que no son míos. Prefiero ser isla mil veces, que cargar por ahí.



ZHR: Y como Zahara quiere vivir en agosto, por aquello del desvelo, yo querría quedarme a vivir en diciembre. Aunque las fiestas me pongan muy malita de mi control freakness, si me quedo ahí como en el Groundhog Day podría cambiar según qué cada vez, hasta lograrlo. Pero no va a ser así. Ya llegó enero.

domingo, enero 08, 2017

Ya son 40

Pienso en mucha gente –los que están, los que ya no–, en las mil y un pendejadas que he hecho a lo largo de mi vida, en que estoy viva... vivísima y tranquila, justo como no sabía que iba a estar algún día. Qué bonita sorpresa que se guardaba este enero de 2017 para mí.

Llego ligera, ligerísima de equipaje al cuarto piso. Vértigo leve y toda la cosa. Ese es el festejo: tener la certeza de que todo va a estar bien y que nada es para tanto nunca. 

Todo ha pasado por razones que no son misteriosas, sino sabias. Hoy puedo dar fe.

  

BAILAR: No voy a regodearme de lo feliz que estoy por este hito en mi vida, pero estar así como estoy, sola y tranquila, lo vale todo. TO-DO. Y así, quiero bailar. Adiós para siempre pioresnadismo, no te voy a extrañar.

lunes, diciembre 19, 2016

La persona

Se puede tener en el más absoluto de los olvidos lo que se siente ver a alguien que te toma hasta dos días bajar avión, por la impresión que te causa. Pueden pasar hijos, tatuajes, uñas rotas, felicidades y tristezas, pero tu persona, es tu persona para siempre. Al menos, eso me dejó en claro una comida a la que asistí el sábado, por la que esperé casi 7 años. No exagero.


GREAT HEIGHTS: Las pecas de los ojos que se alinean, los putos planetas, el valor para escribir un correo y preguntar, de frente, cómo estás, qué es de tu vida, en lugar de dar mil vueltas; la emoción, los nervios previos, las ganas de quedarse ahí para siempre, como quise que hubiera sido en lugar de esa historia que se dibujó casi que sola, porque no tuve las herramientas para haber evitado toda separación, todo olvido. 

miércoles, diciembre 07, 2016

Pasar de todos

No es que esté pensando todo el tiempo en que la puta ciudad es un caos y su puta gente, un asco. Pero basta con dar un paso fuera de casa para constatarlo conforme avanzo hacia mi destino. Voy a pie, en bus, en tren ligero, en metro, en taxi, en Uber, a pie. Haber salido de mi burbuja me tiene desconsolada, y luego de haber ido a trabajar a la colonia de al lado durante 5 años, al tener que atravesar la ciudad por perseguir la chuleta, pienso que no soy una mala persona y que no voy a dejarme llevar por la ola de caos y absurdo total en el comportamiento de la gente. 

Si bien soy una neurótica de dicho fenómeno, una apasionada de por qué la gente es cómo es y de cómo putas se convirtió en la mierda que es, no voy a jugar el juego del desorden, del nonsense absoluto, de una tierra de todos y de nadie. 

Me quiero libre. Voy a liberarme incluso de eso.



PASE: Si al menos yo, para ser feliz, tengo que sonreír a todo cristo, lo voy a hacer. Yo no soy una bola de odio y negatividad. Puedo ver todo lo horrible, pero ¿y sí dejo de ver eso? ¿Si me centro es sólo colaborar con un poco de amabilidad? Que la ciudad no me trague, imploro.

jueves, diciembre 01, 2016

Necesidades del crecimiento

Necesito un amante. Ocupo, pues, como dirían algunos. Quiero saber si alguien quiere bailar conmigo. Vacilar, pero del vacilar que permanecerá, si eso. 

Pero sólo por hoy. Porque hay que crecer.



BOMBA: La próxima vez que vengan, no me los pierdo. En una de esas se echan una sesión como aquesta y pues chingo a veinte. 

miércoles, noviembre 30, 2016

Telepatía tranqui

La sola idea de comprarme un coche me perturba tanto y demasiado que prefiero no pensar que me voy a comprar uno. Pero, he de decir, ¡viva dejar la adolescencia de una puñetera vez!

Y como no sólo de pan vivo, lo he vuelto a dejar: fui presa de una gastritis profunda, resultado de estreses varios. Y eso que ya he aprendido, poquito, a soltar.

Confío en ponerme más delgada, porque estoy llegando a los 40 y me está entrando una cierta vanidad por verme ultra jovial. Por lo menos deseable. Bueno, muy deseable. O algo.

Como sea, he pensando... He pensado que me hace falta bailar. Bailar e ir de fiesta. Fiestas que, aunque olvide, pueda dejar medio hiladas por ahí detrás de una chamarra de piel o de un vestido negro.

Extraño ser yo. Yo plena. Yo, muy yo. Me he extrañado. Supongo que podría decirme "bienvenida: hoy diste un paso, así, nomás, tranqui".



PRFM: Hay veces que, definitivamente, no recuerdo olor ninguno de personas que como vienen, se van. Amigos, amigas, compañeras de trabajo, extraños que me crucé. Pero todos llevan un olor particular. Todos. 

viernes, octubre 28, 2016

Diálogos personales

Gran parte del problema es ese, ver algo que no ven los demás. Las más de las veces, lo odio, lo detesto, me caga. Por eso, cuando encuentro a alguien que alcanza a –al menos– atisbar esas conductas, esos gestos, esas intenciones clavadas en lo más inconsciente, no lo dejo ir. 

La cuestión es muy simple: ¿por qué nos interesaría ver? Y en ver resumo una condición de conciencia avasalladora: vernos, conocernos, valorarnos, entender al otro, entendernos respecto al otro, ver al otro, reconocerlo, que conocerlo es tarea titánica.

Verme me tomó un lustro. Hace cinco años aterricé en DF más que rota, hecha polvo y muy inconsciente de demasiado, sino es de todo lo que me estaba sucediendo. Entendí, como he dicho tantas veces, a punta de terapia por qué había llegado hasta ese lugar conmigo tan desvencijada. Y me rehice. Quizá por eso valore tanto el camino, el trabajo: la panda de idiotas que coleccioné durante casi toda mi vida, a la que le permití –gracias a los altísimos niveles de violencia tan normalizada que maneja (manejamos) el común de la gente– me hiciera daño porque sí, porque aunque lo intuía, no tenía herramienta ninguna para entender y protegerme.

Por eso no me pesa restar. 

Lo más gracioso es que a pesar de toda esa inconsciencia, intuía, lo cual no me valía para ver la película completa y poner límites claros.

E insisto: los títulos universitarios no dan conciencia ni luz, así que vamos por la vida repitiendo conductas que aprendimos en casa, de nuestros padres, abuelos, tíos. Y si no hacemos la tarea personal a punta de terapia, las vamos a seguir reproduciendo.

Es tan normal pegar un golpe físico o verbal, está tan justificado, lo tenemos tan normalizado, que da miedo. A mí me apabulla y ¿reproducirme? ¿Para hacer lo mismo? Todavía me queda trecho en la terapia, claramente. No se puede vivir con tantos miedos. Pero sí se puede sin esa gente ciega y altanera, sobrada. Ridículos ensayos humanos, ¡fuera de aquí! Mucha terapia me queda. Aún estoy un pelín enojada.


JOAN: Valiente, hay que serlo. Que verse tiene su lado feo, por decirlo de alguna manera. Lo que no he de ver de mí debe ser mucho todavía. Lo más bonito es estar en el camino y no dejarlo. Yo quería graduarme al lustro de la terapia, pero el maravilloso avance de este año sólo me ha hecho ver que queda trecho. Así que no lo dejo.

miércoles, octubre 26, 2016

Persona de pocas personas

La quise mucho. Me acompañó en momentos en que lo pasé realmente muy mal, así que fue muy natural responder con cariño a gestos de consideré solidarios, auténticos, altruistas, porque no habría otra manera de ponerle calificativos a lo que alguna vez me unió a ella. La conocí en la primera clase del programa de doctorado que nunca terminé en la Autónoma de Barcelona, que ella sí, motivo por el cual la situé como superior a mí, consecuencia natural de mis traumas de la infancia y que pude ver a punta de terapia: aprendí que para querer a alguien, para demostrar cariño, tenía que hacerme a un lado. Así que no me costó nadita de trabajo con ella y me replegué y la llené de atributos: si ella había terminado un doctorado y yo no, ella tenía que ser la más lista, la más capaz, la más inteligente de todas, yo incluida. Todo mal.

Con el tiempo la amistad creció y a pesar de ya no compartir residencia en Barcelona, seguimos muy unidas. Ella regresó al entonces Distrito Federal, yo me quedé un rato más exiliada. Como suelo desechar a los recuerdos poco entrañables, tengo borroso su regreso a la ciudad condal, pero me parece que le di hospedaje cuando viví con unos chilenos, una pareja y su hijo pequeño. Estuvo a lo mucho un día en ese piso y se fue a buscar otro lugar para quedarse. Me dijo que los chilenos le habían robado dinero; yo tuve que creerle y, muy apenada, me supo mal que partiera a gastar una pasta que no necesariamente tenía y que encima le sacó esa gente. Hoy, lo dudo. Eso debió ser a mediados de 2009. Regresó cuando viví en un piso en la calle Sardenya en algún punto del 2010, cuando ya tenía una importante lesión en la columna, consecuencia de un accidente en carretera. El dolor era crónico y no la dejaba en paz, eso lo recuerdo bien. Me volvió a pedir hospedaje, uno que no tenía yo para ofrecer, pero era mi mana y se lo di, para que, una vez más, partiera a los días porque no podía dormir bien en el pinchurriento colchón que hizo las veces de mi cama en aquel tiempo. Qué penita no poder darle a una princesa un alojamiento digno, aun cuando se lo haces saber, te dice que sí y encima rechista y te hace sentir malito porque además, no la ayudaste a cargar su maleta por toda la ciudad, porque trabajas y estás ocupada en lo tuyo. Qué incómoda situación. La hubiera olvidado de no ser porque me colmó el plato hace casi un par de semanas y la tuve que mandar a la mierda harta de la suya.

Así se me fue saliendo. Cuando volví yo a DF, me acogió rota y casi que sin rumbo, y se lo voy a agradecer siempre, pero eso nunca le valió para pasar por encima de mí. "¿Cuándo te vas a pintar esas canas, mana?", me decía con una impostada vocecita de niña consentida que le quedaba, y queda, francamente mal. Yo la miraba, le contestaba que no me iba a pintar las canas a menos que quisiera pintarme el cabello de azul o rojo, que no las iba a tapar por vergüenza o para encubrir la edad. Nunca voy a entender a la gente que se mete con la demás gente si no se le pide opinión de algo tan personal como la apariencia propia. Nunca. "Ay, mana", decía con una conmiseración que tampoco entendí, "tantos años con tu terapia y no te ha servido de nada", terminaba de asestar cuando le contaba alguna intimidad. Pero ella nunca vio crueldad o mal en su comentario, otro que nadie le pidió. Como a ella "ya la habían dado de alta de la terapia", debía ser la reina y señora de la autoridad para juzgarme, ¿no? Y así terminé de vomitarla. Las ganas de verla menguaron hasta casi desaparecer.

Una de las últimas veces que la vi con ganas de pasar un buen rato en su compañía, fue una ida al Centro, a bailar en un lugar tipo Marrackech, del cual no recuerdo el nombre. Al término de la velada, ya borrachuzas, acompañadas de otra amiga que aún conservo y conocí por ella, me obstiné en pedir un Uber. Íbamos en busca de una referencia a donde el coche pudiera llegar. Ella dice que se desesperó porque yo estaba obsesionada con el puto Uber. Yo llevaba algo de fiesta encima como para tener una claridad total en lo que sucedía, pero recuerdo que llegado un punto céntrico, ya sobre Lázaro Cárdenas, masculló algo y pegó carrera con rumbo desconocido. No fue capaz, después lo vi, de pararme en seco y decirme que no quería esperar a mi Uber, e irse a su casa de cualquier otra manera. Como niña pequeña montó en cólera y se puso a correr como loca. La otra amiga la siguió, preocupada, porque era el Centro de madrugada, y terminó con un esguince. Yo me molesté mucho. Se lo dije. Pidió disculpas, pero no fue ni para visitar a la lesionada. De eso hará un año y medio. 

Cuestionó mi terapia, pero ella no veía sus deformidades. Me juzgaba y opinaba de mí, porque claro, yo le di un lugar supremo. Ella terminó un doctorado que yo no, era lógica pura, hasta que entendí y acomodé. Entonces la saqué de mi vida, porque cuando intenté hacerle saber de mi malestar, me mandó a la mierda. Soberbia me acusó de ver moros con tranchetes y manipulación por todos lados, como que ella "gracias a la terapia", ya había caminado por en medio de su ser... Ni siquiera consideró si lo que le decía era válido, que ya no cierto. Con gente así, ¿quién quiere enemigos? Yo ya no me hago a un lado, me tengo muy bien vista, con defectos, virtudes, limitaciones, talentos. A mí no me gusta chingar gratuitamente al prójimo, no al que quiero. Ya si se lo ganan...

Si ya desde cuándo sé que soy persona de pocas personas, no me costó sacarla de la lista. Tiene su lado triste, porque la historia tuvo su lado entrañable, pero la Napoleoncita puede seguirse de largo y hacer y deshacer y seguir viviendo en un estado de emergencia constante o no. Yo ya no colecciono gente tóxica desde hace tiempo. Y un título de doctorado no te hace más inteligente que nadie, aunque parezca que sí. Y yo, por ejemplo, por más inteligente que sea, no soy mejor que nadie más.


FUNERAL: Tengo que confesar que da gustito, sí, mandar a la mierda a quienes hacen daño. Daño, dañito o dañote, por encima de mí no van a pasar, que mi trabajo me ha costado labrarme como la mujer que ya soy, y la premisa es no dejar de reconocerme, de verme, no perderme de vista jamas. No es sino mi causa, pero esta no es sino mi casa y, aquí, los infantes testarudos no entran a hacer su desmadre. Ni uno. Porque pereza infinita. Y porque en mi vida mando yo.

lunes, septiembre 26, 2016

Crónicas del hartazgo

Por lo general no tengo que subir a la azotea de mi edificio, salvo cada mes que dejo el pago del mantenimiento a Juanita, la amable vecina que hace las veces de administradora de la finca. Esta semana he subido ya hasta tres veces, porque la Delegación, dice la mujer, tuvo que cortar el suministro de agua desde por ahí del puente, para reparar tuberías cerca de mi casa. La sequía me alcanzó, como lo hizo con los distintos dueños e inquilinos que poblan este inmueble y la peste también nos está alcanzando. Por lo menos yo no he podido hacer una limpieza profunda, pero como gozo de una suscripción a un gimnasio al cual acudo puntual a practicar mi necesaria natación, puedo ir a bañarme cada día y no ir sucia por la vida. No así según qué vecinos que ya dejan escapar rancios olores por los resquicios de las puertas de sus departamentos. De eso me di cuenta hoy, cuando subí a constatar que los tinacos siguen secos, vacíos, sedientos. Y si la cosa sigue así, la peste nos va a alcanzar. Con su justa medida, porque yo sí me baño.

La puta monserga de ir cada mañana al gimnasio a bañarme, me está colmando el plato. Así que me impulso a ejercitarme manquesea en las escaladoras, porque gracias a una infección en el oído, no puedo nadar hasta dentro de unas dos semanas o así. La puta infección me cayó porque las defensas se me bajaron de tanto estrés y el puto estrés lo llevo metido en el cuerpo, porque desde principios de junio me pusieron a trabajar por dos y no he parado, aunque francamente ya no me importa si se cae el changarro, que ya no puedo con mi vida de tanta y tanta mamada: el desquicio por el "nonsense" también me alcanzó. Y no, no me pagan doble, ni me pagarán doble o me darán un bono: estás empresas modernas de mierda se piensan que es obligación de uno ponerse la camiseta, porque como ya están despidiendo gente para sacar margen de ganancia, que las ventas no van viento en popa y pues hay que ahorrar, y la gente siempre va a sobrar, y entre los que se quedan siempre hay hambre y necesidad y su puta madre. Entonces, por patadas de ahogado, me toca chambear por dos así nomás, y pues no, ya no puedo.

En el trayecto se cayó mi relación que apenas cruzó la frontera del año y no sé ni cómo, si estaba cayéndose desde harán más de 12 meses, pero decidí aferrarme al hecho de que ser adulto es lidiar con situaciones con las que no siempre estás de acuerdo o conforme, que siempre he sido una chamaca imberbe y caprichosa que suele botarlo todo a la primera de cambios: si no me gusta, lo mando todo a la mierda, lo cual ha cambiado mucho a lo largo de los años, que a base de golpes y putazos he aprendido que ser adulto responsable, representa justamente responsabilizarse de uno mismo y de las consecuencias de sus decisiones, que no todo es amor. Y pues así fui por esa vida de pareja que ya no más, ya no más, ya no fue.

Hace tres semanas, luego de un insomnio de mierda y en lugar de cortarme la cabeza, me corté el cabello y respiré. Luego la relación se terminó de ir a la mierda y respiré más. Hoy me siento triste. Como sea, se construyó algo que se fue a la mierda y eso duele. La ausencia duele. Los anhelos cuartados duelen. Y así la vida que sigue como todo y qué. Ya qué.

En todo este inter logré consumar un acto que no concebía factible: enfrentar poquito al padre y darme cuenta que todo el miedo que le tenía no fue nunca mi miedo, sino el de mi madre que no resolvió nunca con su propio padre. Y eso ya me deja descansar mucho, que cargaba una pesada loza creyendo que todo mi mundo se iba a ir a la mierda si le pedía a mi padre que me hiciera manifiesto su cariño, aunque me faltó decirle cara a cara que me ha hecho toda la falta todos estos años, en los que creía que no me quería por no ser varón. Todo esto con su bonita carga de inconsciencia pura y dura, que no fue sino a base de cinco putos años en terapia que logré sacar todo esto a flote de las cavernas más profundas de mi alma, de mi corazón.

Se cuenta fácil, pero ha sido un peregrinar salvaje por territorios desconocidos y enterrados deep inside mi ser, pero lo he logrado. Ya el resto, como sea creo que se irá acomodando.

Al margen de esto, mi eterno desencanto por la humanidad persiste. Anoche la vecina de arriba lo alimentaba cuando al filo de las 00:00 horas puso Beatles a todo volumen. Fui cobarde y no quise ponerme el batín y puntuflas para irle a pedir calma a sus caballos iracundos, así que sólo me atreví a hacerle un tí-tí-tí-tí-tí en su timbre. La muy puta paró la música, mientras yo me devolvía a mi guarida. Como no ha de ser muy tonta, luego de bajar a revisar el portal, regresó a su jaula para montarse un slam de zapateado feroz y yo, me lastimé el oído malo cuando me puse unos tapones para obviar su rabia de mala puta y mala gente. Era domingo, joder. O más bien lunes y yo soy una puta oficinista de mierda llena de estrés y hartazgo. Porque estoy harta. Pero ya no soy la niñata que bota todo a la verga. Así que me quedo a esperar a que regrese la calma y pueda recuperar un poco de ilusión por acudir a ese recinto de la productividad, que yo llamo esclavismo ahora, a ser una obrera "feliz"... Aunque para eso me tengan que hacer una lobotomía, porque para como soy... Si ya superé el "I'm done with humans" como nunca en la vida.


DINOSAURIOS: Suena a lo lejos el bip-bip de una aplanadora que reencarpeta la calle perpedicular a la mía. El viernes fue lo mismo, cuando hacían esa labor de noche. Espero que esta no sea una larga velada que ayer sólo dormí 3 horas a lo mucho. ¡Viva la vida! Que todo va a desaparecer. Es cuestión de tiempo, nomás.

jueves, septiembre 01, 2016

Hater again

Odio mucho a la CDMX estos días: mucha marca ciudad, pienso, pero ¿y esas putas latas de sardinas llamadas micros que van a todo motor con clase obrera trabajadora hacinada de Chapultepec al Estadio Azteca? Y que todavía le da las gracias al conductor –lo crea usted o no– que se la pasó en pleno acto laboral –que representa conducir un vehículo– en llamada de celular pidiendo "su Whatsapp de él", porque no lo tiene, y avisando que "le va a dejarle sus cosas de él al rato". "Su puto Whatsapp de él", pienso. Acto seguido me monto en el tema "gente que habla como escribe, es decir, mal" y que va por la vida así, hablando con el puto culo –tan bello que es hablar bonito, cómo la RAE manda– contaminando a otros "con su leguaje de ellos". Dios santo.

La razón por la que estoy tan amargada es porque estoy hasta las trancas de trabajo, y todavía no sale el sol. Lo curioso del asunto es que lo que me trae chata no es el trabajo que hay que hacer en sí, sino las gracejadas que se gasta la gente de oficina, de la mía, esas bonitas personas que me rodean y no mandan mails o mandan mails exasperantes e ilógicos. Y no sé por qué me lo tomo tan a pecho, pero es que sin pasión, ¿qué sería de mí?

Así que vuelvo a mi etapa hater del DF. De la CDMX. De su puta madre. Y me quiero ir, no quiero seguir jugando a la ser la provinciana en la capital. Estoy muy harta y muy insomne y muy estresada y así, me intento dormir.



CLAVE: Dicen que Mercurio está retrógrado, que tenemos que cuidar lo que se dice, se escribe, porque se puede mal entender. Hace más de 20 años de esta rola. Y no, no quiero que desaparezcas, pero los niños rotos se tienen que ir al taller de "Reparaciones necesarias para ser adultos medianamente felices".

sábado, agosto 27, 2016

Qué es la vida sino eso

Es sábado y me desperté sobre las 7:30 de la mañana. Y me estaba haciendo el café, cuando me atravesó un cierto gozo, una alegría de disfrutar cosas tan cotidianas como esa sin tener la prisa apabullante del día a día –cuando hay que llegar corriendo a la puta oficina– mordiéndome la nuca: si no fuera la hedonista que soy, no me molestaría tanto, pero es que, ¿cómo no disfrutar el aroma, el sabor, la gloria del café de la mañana? 

Creo que no hay nada más triste que, como dice Amiel, habernos dado cuenta tan pronto en la vida que detrás de todo, no hay nada, y, como dice mi tío Arturo, hay que encontrarle el sentido a lo que no lo tiene, porque si no, ¿qué hacemos aquí?

Si al escribir todo esto no me entraran una ganas de llorar tremendas, pensaría que estoy sólo despotricando contra el mundo, pero a mí me tocó ver todo eso, y no me tocó elegir: lo encontré porque siempre quiero entender el puto por qué de las cosas.

Y aun desde esta trinchera tan pesimista, sonrío y creo que triunfé en la vida porque vivo en un lugar al que siempre quise regresar y, como sea, tengo un trabajo entretenido al que tengo mucho qué agradecer: me ha dejado ver cloacas humanas gigantescas. Es como una comedia protagonizada por locos y disparatados ensayos humanos. Me quejo de estar sólo viendo la vida pasar delante mío, del otro lado del cristal que divide ese impoluto espacio del resto del universo, pero la vida sucede ahí todo el tiempo: es una oda a lo que somos, mezquinos, egoístas, protagónicos, edipos, huecos, sobrados, primogénitos, huérfanos de razón, muñecas, pitos chicos, niñas rotas, candorosos, herméticos, inteligentes desaprovechados, prepotentes, inseguros de mierda, entre un millón de etcéteras más.

Qué es la vida sino eso justamente: la vida, la diversidad, la posibilidad de todo o nada. Y ahí está el sentido: creer que somos parte de ese todo y disfrutar de pequeños logros cotidianos haciendo las cosas bien para obtener una retribución a cambio e irnos pa' casa a soñar un tantito, recobrar fuerzas y volver al camino.

He sobrevivido a un verano brutal, porque lleno de trabajo, de uno bestial y despiadado, porque ¡todavía fuera solo trabajo intelectual! pero no: hubo que lidiar con toda esa masa amorfa de ensayos humanos cada bendito día de lunes a viernes. En fin. Qué les digo sino ¡qué diver!


VLLNT: En clave de baile, escucho y escucho, porque puedo y me da la ganita disfrutar según qué cosas. Como las joyas que también he encontrado en esas cuatro paredes llamadas oficina.

NOTA: Este año el blog cumplió 10 años. También me entran ganas de llorar al teclearlo. Han sido un montón de letras, pero sobre todo de vida. La puta vida a la que, si bien a veces no le hallo, la suelo disfrutar a tope. Sólo que grinch hasta la muerte, porque #yolo y así.

jueves, abril 28, 2016

Al vuelo

Con el tiempo no me he hecho menos neurótica, pero con el paso de los años he dejado de lado un montón de prácticas que ya me son innecesarias. Eso de menos peso en el equipaje, funciona muy bien para mí.

Es raro que esté un jueves a esta hora en casa, pero hoy no pude más que elegir lo importante antes de irme a casa.

Siempre imaginé hacer una lista de todas las cosas que tenía que haber hecho antes de los 40. Pero sólo hay dos cosas que sí voy a disfrutar mucho sea cual sea el momento en que lo haga: tirarme en paracaídas y tener un hijo. El amor, ya lo encontré.

Me pongo sentimental: me ha estado pasando la vida por delante y por detrás. Se crea un cierto pasmo al tiempo que no paro, no dejo de moverme. Y deseo hacer todas las cosas que no he hecho y siento que se me va el tiempo, que lo necesito todo de nuevo. 




DRAGON: Bonitos, porque disfrutar de su música me han dejado. Ah, las uniones. Oh, todas las experiencias que traen. En estos días aprendí lo que es estar de verdad, estar, querer hacerlo, querer que funcione, querer y amar. Estar y amar, Amiel, estar y amar.