jueves, marzo 16, 2017

Que venga

Pienso en lo que posteo de últimas. Luego pienso en la Diana: la traigo atravesadica y ya no da miedo. Pienso también en lo mucho que cambió mi vida de noviembre para acá, en cómo he aprendido nuevas cosas, en que me han servido enormidades los conocimientos aprendido en los últimos tiempos y, sobre todo, en los frutos de la terapia, que me ha mantenido "libre como el aire" de infortunios y pecados múltiples.

Y no es que desee mantenerme así de "pura": es sólo que tocaba hacer LA pausa y estar un poco a solas conmigo y nada más. Pero luego pasan cosas y, aunque "pura" del cuerpo, empiezo a darle vueltas a según qué que me inquieta. Porque sí, me inquieta. Por lo demás, no sé. No sé si el viajero del Japón vaya a reaparecer como he fantaseado que, como sea, también da igual. Si al final nadie se a morir porque no pase lo que me gustaría controlar que pasara, pues que todo ruede. Y así.



SHKR: Vuelven los tiempos de reguetón violento. Pero no se preocupen, yo ya acepté que me gustan todas esas cosas que solía llamar "placeres culposos". Me gustan y ya. De lo demás, sólo díganle a Diana que venga.

viernes, marzo 10, 2017

Quiero ser valiente

Supongo que decir tremenda es poco. Pero, ¿qué le digo a la vida? "Perdón, pero así era desde chiquita", o "no era mi intensión, pero me brota de la entraña algo así como una inquietud eterna por todo y aunque parezca tranquila, dentro de mí hay más de una la revolución que se gesta en pos de nuevos entornos, personas que leer y descifrar". No tiene ni puto caso: soy una cabra loca. Caprichornio al fin. E independientemente de eso, aunque me sigan impactando según qué acciones que me dicen que realicé, me gusta ser así y estoy convencida de que esta no es la misma opinión de la gente, los otros, esos que se me atraviesan en el camino y a quienes les he pasado por encima aplanadora en mano, así que...

La verdad es que me veo re tranquila, yo digo. Sin pinta aparente de romper vajilla ninguna, aunque ya llevo unas varias. Entre no aparentar 40 y que no rompo un plato, así se me va la vida.

"Me abrazaste con todos mis defectos", le escuchó decir a la Lafourcade, y sueño. Porque eso es lo que me está pasando todo el tiempo. Mantener a la bestia quietecita y encerrada, ha sido y es toda una proeza. Quiero todo, todo, todo ya. Tratar de ser paciente y esperar el momento para coincidir con la persona –si es que es de las personas que sé dónde encontrar– es tortura china para esta alma atormentada. Pero ya aprendí, quiero pensar.

"Tú sí sabes quererme... ", canta, porque sigue cantando más. Yo sigo soñando y ya no quiero. 



NTL: Me la topé otra vez, después de muchos años de no seguirla tan de cerca, y me volvió a gustar como en aquel incipiente comienzos de siglo. Me retrata. O algo.

jueves, febrero 09, 2017

Llámame nostalgia

Y me entraron unas ganas, avasalladoras ganas, de escuchar a Silvio Rodríguez después de unos 10 mil 500 años sin sentir esa necesidad que protagonizó varios años de mi estancia en la universidad. Si nos ponemos a pensar que estudié Letras Hispánicas y no Marketing, se entenderá ese gusto por la trova. Si escarbamos un poquito más, quedará claro que era un poco bohemia en esa época. No creo que lo sea hoy día, pero vaya que me supe camuflar de todo aquello e ir acorde a los tiempos que corrían.

Escucho las canciones y me envuelven, literal, en una sensación extraña de ese pasado: me parecen tan familiares y lejanas al mismo tiempo; me las sé, y a la vez las desconozco casi que del todo, además de llevarme a personajes de antaño, en su mayoría hombres, que poblaron esa etapa de mi vida.

Me puede y me toca hoy Silvio. Mañana, quién sabe. 



SLV: En el fondo creo que me conquistó porque cantaba una canción con mi nombre. Siempre me ha fascinado que me engorden el ego, pues.

jueves, enero 19, 2017

El sabor de todos los helados

"No quiero no estar a tu lado", entona Zahara con todo el sentimiento. El corazón se me hace chiquito desde hace unos días y no sólo por escucharla cantar eso. Normal: me vino el periodo y tuve un ataque de gastritis del copón. Esto, porque realmente tengo problemas con las personas aprehensivas que, en situación laboral de estrés, se ponen en modo "chicken without a head" y gritan y ordenan y no se aclaran mucho que digamos. Esto me pone como un manojo de nervios. En pocas palabras, no reacciono bien a la violencia y estoy hasta la madre de estallidos y revientes ajenos, pero achacados al otro, el cercano, el que se chinga.

La rajada en la panza hace de las suyas y me preocupo: no estoy pudiendo pasar por encima de las reacciones de los otros. Tendré que hacerme a un ladito y dejar de echarme santos que no son míos. Prefiero ser isla mil veces, que cargar por ahí.



ZHR: Y como Zahara quiere vivir en agosto, por aquello del desvelo, yo querría quedarme a vivir en diciembre. Aunque las fiestas me pongan muy malita de mi control freakness, si me quedo ahí como en el Groundhog Day podría cambiar según qué cada vez, hasta lograrlo. Pero no va a ser así. Ya llegó enero.

domingo, enero 08, 2017

Ya son 40

Pienso en mucha gente –los que están, los que ya no–, en las mil y un pendejadas que he hecho a lo largo de mi vida, en que estoy viva... vivísima y tranquila, justo como no sabía que iba a estar algún día. Qué bonita sorpresa que se guardaba este enero de 2017 para mí.

Llego ligera, ligerísima de equipaje al cuarto piso. Vértigo leve y toda la cosa. Ese es el festejo: tener la certeza de que todo va a estar bien y que nada es para tanto nunca. 

Todo ha pasado por razones que no son misteriosas, sino sabias. Hoy puedo dar fe.

  

BAILAR: No voy a regodearme de lo feliz que estoy por este hito en mi vida, pero estar así como estoy, sola y tranquila, lo vale todo. TO-DO. Y así, quiero bailar. Adiós para siempre pioresnadismo, no te voy a extrañar.

lunes, diciembre 19, 2016

La persona

Se puede tener en el más absoluto de los olvidos lo que se siente ver a alguien que te toma hasta dos días bajar avión, por la impresión que te causa. Pueden pasar hijos, tatuajes, uñas rotas, felicidades y tristezas, pero tu persona, es tu persona para siempre. Al menos, eso me dejó en claro una comida a la que asistí el sábado, por la que esperé casi 7 años. No exagero.


GREAT HEIGHTS: Las pecas de los ojos que se alinean, los putos planetas, el valor para escribir un correo y preguntar, de frente, cómo estás, qué es de tu vida, en lugar de dar mil vueltas; la emoción, los nervios previos, las ganas de quedarse ahí para siempre, como quise que hubiera sido en lugar de esa historia que se dibujó casi que sola, porque no tuve las herramientas para haber evitado toda separación, todo olvido. 

miércoles, diciembre 07, 2016

Pasar de todos

No es que esté pensando todo el tiempo en que la puta ciudad es un caos y su puta gente, un asco. Pero basta con dar un paso fuera de casa para constatarlo conforme avanzo hacia mi destino. Voy a pie, en bus, en tren ligero, en metro, en taxi, en Uber, a pie. Haber salido de mi burbuja me tiene desconsolada, y luego de haber ido a trabajar a la colonia de al lado durante 5 años, al tener que atravesar la ciudad por perseguir la chuleta, pienso que no soy una mala persona y que no voy a dejarme llevar por la ola de caos y absurdo total en el comportamiento de la gente. 

Si bien soy una neurótica de dicho fenómeno, una apasionada de por qué la gente es cómo es y de cómo putas se convirtió en la mierda que es, no voy a jugar el juego del desorden, del nonsense absoluto, de una tierra de todos y de nadie. 

Me quiero libre. Voy a liberarme incluso de eso.



PASE: Si al menos yo, para ser feliz, tengo que sonreír a todo cristo, lo voy a hacer. Yo no soy una bola de odio y negatividad. Puedo ver todo lo horrible, pero ¿y sí dejo de ver eso? ¿Si me centro es sólo colaborar con un poco de amabilidad? Que la ciudad no me trague, imploro.

jueves, diciembre 01, 2016

Necesidades del crecimiento

Necesito un amante. Ocupo, pues, como dirían algunos. Quiero saber si alguien quiere bailar conmigo. Vacilar, pero del vacilar que permanecerá, si eso. 

Pero sólo por hoy. Porque hay que crecer.



BOMBA: La próxima vez que vengan, no me los pierdo. En una de esas se echan una sesión como aquesta y pues chingo a veinte. 

miércoles, noviembre 30, 2016

Telepatía tranqui

La sola idea de comprarme un coche me perturba tanto y demasiado que prefiero no pensar que me voy a comprar uno. Pero, he de decir, ¡viva dejar la adolescencia de una puñetera vez!

Y como no sólo de pan vivo, lo he vuelto a dejar: fui presa de una gastritis profunda, resultado de estreses varios. Y eso que ya he aprendido, poquito, a soltar.

Confío en ponerme más delgada, porque estoy llegando a los 40 y me está entrando una cierta vanidad por verme ultra jovial. Por lo menos deseable. Bueno, muy deseable. O algo.

Como sea, he pensando... He pensado que me hace falta bailar. Bailar e ir de fiesta. Fiestas que, aunque olvide, pueda dejar medio hiladas por ahí detrás de una chamarra de piel o de un vestido negro.

Extraño ser yo. Yo plena. Yo, muy yo. Me he extrañado. Supongo que podría decirme "bienvenida: hoy diste un paso, así, nomás, tranqui".



PRFM: Hay veces que, definitivamente, no recuerdo olor ninguno de personas que como vienen, se van. Amigos, amigas, compañeras de trabajo, extraños que me crucé. Pero todos llevan un olor particular. Todos. 

viernes, octubre 28, 2016

Diálogos personales

Gran parte del problema es ese, ver algo que no ven los demás. Las más de las veces, lo odio, lo detesto, me caga. Por eso, cuando encuentro a alguien que alcanza a –al menos– atisbar esas conductas, esos gestos, esas intenciones clavadas en lo más inconsciente, no lo dejo ir. 

La cuestión es muy simple: ¿por qué nos interesaría ver? Y en ver resumo una condición de conciencia avasalladora: vernos, conocernos, valorarnos, entender al otro, entendernos respecto al otro, ver al otro, reconocerlo, que conocerlo es tarea titánica.

Verme me tomó un lustro. Hace cinco años aterricé en DF más que rota, hecha polvo y muy inconsciente de demasiado, sino es de todo lo que me estaba sucediendo. Entendí, como he dicho tantas veces, a punta de terapia por qué había llegado hasta ese lugar conmigo tan desvencijada. Y me rehice. Quizá por eso valore tanto el camino, el trabajo: la panda de idiotas que coleccioné durante casi toda mi vida, a la que le permití –gracias a los altísimos niveles de violencia tan normalizada que maneja (manejamos) el común de la gente– me hiciera daño porque sí, porque aunque lo intuía, no tenía herramienta ninguna para entender y protegerme.

Por eso no me pesa restar. 

Lo más gracioso es que a pesar de toda esa inconsciencia, intuía, lo cual no me valía para ver la película completa y poner límites claros.

E insisto: los títulos universitarios no dan conciencia ni luz, así que vamos por la vida repitiendo conductas que aprendimos en casa, de nuestros padres, abuelos, tíos. Y si no hacemos la tarea personal a punta de terapia, las vamos a seguir reproduciendo.

Es tan normal pegar un golpe físico o verbal, está tan justificado, lo tenemos tan normalizado, que da miedo. A mí me apabulla y ¿reproducirme? ¿Para hacer lo mismo? Todavía me queda trecho en la terapia, claramente. No se puede vivir con tantos miedos. Pero sí se puede sin esa gente ciega y altanera, sobrada. Ridículos ensayos humanos, ¡fuera de aquí! Mucha terapia me queda. Aún estoy un pelín enojada.


JOAN: Valiente, hay que serlo. Que verse tiene su lado feo, por decirlo de alguna manera. Lo que no he de ver de mí debe ser mucho todavía. Lo más bonito es estar en el camino y no dejarlo. Yo quería graduarme al lustro de la terapia, pero el maravilloso avance de este año sólo me ha hecho ver que queda trecho. Así que no lo dejo.

miércoles, octubre 26, 2016

Persona de pocas personas

La quise mucho. Me acompañó en momentos en que lo pasé realmente muy mal, así que fue muy natural responder con cariño a gestos de consideré solidarios, auténticos, altruistas, porque no habría otra manera de ponerle calificativos a lo que alguna vez me unió a ella. La conocí en la primera clase del programa de doctorado que nunca terminé en la Autónoma de Barcelona, que ella sí, motivo por el cual la situé como superior a mí, consecuencia natural de mis traumas de la infancia y que pude ver a punta de terapia: aprendí que para querer a alguien, para demostrar cariño, tenía que hacerme a un lado. Así que no me costó nadita de trabajo con ella y me replegué y la llené de atributos: si ella había terminado un doctorado y yo no, ella tenía que ser la más lista, la más capaz, la más inteligente de todas, yo incluida. Todo mal.

Con el tiempo la amistad creció y a pesar de ya no compartir residencia en Barcelona, seguimos muy unidas. Ella regresó al entonces Distrito Federal, yo me quedé un rato más exiliada. Como suelo desechar a los recuerdos poco entrañables, tengo borroso su regreso a la ciudad condal, pero me parece que le di hospedaje cuando viví con unos chilenos, una pareja y su hijo pequeño. Estuvo a lo mucho un día en ese piso y se fue a buscar otro lugar para quedarse. Me dijo que los chilenos le habían robado dinero; yo tuve que creerle y, muy apenada, me supo mal que partiera a gastar una pasta que no necesariamente tenía y que encima le sacó esa gente. Hoy, lo dudo. Eso debió ser a mediados de 2009. Regresó cuando viví en un piso en la calle Sardenya en algún punto del 2010, cuando ya tenía una importante lesión en la columna, consecuencia de un accidente en carretera. El dolor era crónico y no la dejaba en paz, eso lo recuerdo bien. Me volvió a pedir hospedaje, uno que no tenía yo para ofrecer, pero era mi mana y se lo di, para que, una vez más, partiera a los días porque no podía dormir bien en el pinchurriento colchón que hizo las veces de mi cama en aquel tiempo. Qué penita no poder darle a una princesa un alojamiento digno, aun cuando se lo haces saber, te dice que sí y encima rechista y te hace sentir malito porque además, no la ayudaste a cargar su maleta por toda la ciudad, porque trabajas y estás ocupada en lo tuyo. Qué incómoda situación. La hubiera olvidado de no ser porque me colmó el plato hace casi un par de semanas y la tuve que mandar a la mierda harta de la suya.

Así se me fue saliendo. Cuando volví yo a DF, me acogió rota y casi que sin rumbo, y se lo voy a agradecer siempre, pero eso nunca le valió para pasar por encima de mí. "¿Cuándo te vas a pintar esas canas, mana?", me decía con una impostada vocecita de niña consentida que le quedaba, y queda, francamente mal. Yo la miraba, le contestaba que no me iba a pintar las canas a menos que quisiera pintarme el cabello de azul o rojo, que no las iba a tapar por vergüenza o para encubrir la edad. Nunca voy a entender a la gente que se mete con la demás gente si no se le pide opinión de algo tan personal como la apariencia propia. Nunca. "Ay, mana", decía con una conmiseración que tampoco entendí, "tantos años con tu terapia y no te ha servido de nada", terminaba de asestar cuando le contaba alguna intimidad. Pero ella nunca vio crueldad o mal en su comentario, otro que nadie le pidió. Como a ella "ya la habían dado de alta de la terapia", debía ser la reina y señora de la autoridad para juzgarme, ¿no? Y así terminé de vomitarla. Las ganas de verla menguaron hasta casi desaparecer.

Una de las últimas veces que la vi con ganas de pasar un buen rato en su compañía, fue una ida al Centro, a bailar en un lugar tipo Marrackech, del cual no recuerdo el nombre. Al término de la velada, ya borrachuzas, acompañadas de otra amiga que aún conservo y conocí por ella, me obstiné en pedir un Uber. Íbamos en busca de una referencia a donde el coche pudiera llegar. Ella dice que se desesperó porque yo estaba obsesionada con el puto Uber. Yo llevaba algo de fiesta encima como para tener una claridad total en lo que sucedía, pero recuerdo que llegado un punto céntrico, ya sobre Lázaro Cárdenas, masculló algo y pegó carrera con rumbo desconocido. No fue capaz, después lo vi, de pararme en seco y decirme que no quería esperar a mi Uber, e irse a su casa de cualquier otra manera. Como niña pequeña montó en cólera y se puso a correr como loca. La otra amiga la siguió, preocupada, porque era el Centro de madrugada, y terminó con un esguince. Yo me molesté mucho. Se lo dije. Pidió disculpas, pero no fue ni para visitar a la lesionada. De eso hará un año y medio. 

Cuestionó mi terapia, pero ella no veía sus deformidades. Me juzgaba y opinaba de mí, porque claro, yo le di un lugar supremo. Ella terminó un doctorado que yo no, era lógica pura, hasta que entendí y acomodé. Entonces la saqué de mi vida, porque cuando intenté hacerle saber de mi malestar, me mandó a la mierda. Soberbia me acusó de ver moros con tranchetes y manipulación por todos lados, como que ella "gracias a la terapia", ya había caminado por en medio de su ser... Ni siquiera consideró si lo que le decía era válido, que ya no cierto. Con gente así, ¿quién quiere enemigos? Yo ya no me hago a un lado, me tengo muy bien vista, con defectos, virtudes, limitaciones, talentos. A mí no me gusta chingar gratuitamente al prójimo, no al que quiero. Ya si se lo ganan...

Si ya desde cuándo sé que soy persona de pocas personas, no me costó sacarla de la lista. Tiene su lado triste, porque la historia tuvo su lado entrañable, pero la Napoleoncita puede seguirse de largo y hacer y deshacer y seguir viviendo en un estado de emergencia constante o no. Yo ya no colecciono gente tóxica desde hace tiempo. Y un título de doctorado no te hace más inteligente que nadie, aunque parezca que sí. Y yo, por ejemplo, por más inteligente que sea, no soy mejor que nadie más.


FUNERAL: Tengo que confesar que da gustito, sí, mandar a la mierda a quienes hacen daño. Daño, dañito o dañote, por encima de mí no van a pasar, que mi trabajo me ha costado labrarme como la mujer que ya soy, y la premisa es no dejar de reconocerme, de verme, no perderme de vista jamas. No es sino mi causa, pero esta no es sino mi casa y, aquí, los infantes testarudos no entran a hacer su desmadre. Ni uno. Porque pereza infinita. Y porque en mi vida mando yo.

lunes, septiembre 26, 2016

Crónicas del hartazgo

Por lo general no tengo que subir a la azotea de mi edificio, salvo cada mes que dejo el pago del mantenimiento a Juanita, la amable vecina que hace las veces de administradora de la finca. Esta semana he subido ya hasta tres veces, porque la Delegación, dice la mujer, tuvo que cortar el suministro de agua desde por ahí del puente, para reparar tuberías cerca de mi casa. La sequía me alcanzó, como lo hizo con los distintos dueños e inquilinos que poblan este inmueble y la peste también nos está alcanzando. Por lo menos yo no he podido hacer una limpieza profunda, pero como gozo de una suscripción a un gimnasio al cual acudo puntual a practicar mi necesaria natación, puedo ir a bañarme cada día y no ir sucia por la vida. No así según qué vecinos que ya dejan escapar rancios olores por los resquicios de las puertas de sus departamentos. De eso me di cuenta hoy, cuando subí a constatar que los tinacos siguen secos, vacíos, sedientos. Y si la cosa sigue así, la peste nos va a alcanzar. Con su justa medida, porque yo sí me baño.

La puta monserga de ir cada mañana al gimnasio a bañarme, me está colmando el plato. Así que me impulso a ejercitarme manquesea en las escaladoras, porque gracias a una infección en el oído, no puedo nadar hasta dentro de unas dos semanas o así. La puta infección me cayó porque las defensas se me bajaron de tanto estrés y el puto estrés lo llevo metido en el cuerpo, porque desde principios de junio me pusieron a trabajar por dos y no he parado, aunque francamente ya no me importa si se cae el changarro, que ya no puedo con mi vida de tanta y tanta mamada: el desquicio por el "nonsense" también me alcanzó. Y no, no me pagan doble, ni me pagarán doble o me darán un bono: estás empresas modernas de mierda se piensan que es obligación de uno ponerse la camiseta, porque como ya están despidiendo gente para sacar margen de ganancia, que las ventas no van viento en popa y pues hay que ahorrar, y la gente siempre va a sobrar, y entre los que se quedan siempre hay hambre y necesidad y su puta madre. Entonces, por patadas de ahogado, me toca chambear por dos así nomás, y pues no, ya no puedo.

En el trayecto se cayó mi relación que apenas cruzó la frontera del año y no sé ni cómo, si estaba cayéndose desde harán más de 12 meses, pero decidí aferrarme al hecho de que ser adulto es lidiar con situaciones con las que no siempre estás de acuerdo o conforme, que siempre he sido una chamaca imberbe y caprichosa que suele botarlo todo a la primera de cambios: si no me gusta, lo mando todo a la mierda, lo cual ha cambiado mucho a lo largo de los años, que a base de golpes y putazos he aprendido que ser adulto responsable, representa justamente responsabilizarse de uno mismo y de las consecuencias de sus decisiones, que no todo es amor. Y pues así fui por esa vida de pareja que ya no más, ya no más, ya no fue.

Hace tres semanas, luego de un insomnio de mierda y en lugar de cortarme la cabeza, me corté el cabello y respiré. Luego la relación se terminó de ir a la mierda y respiré más. Hoy me siento triste. Como sea, se construyó algo que se fue a la mierda y eso duele. La ausencia duele. Los anhelos cuartados duelen. Y así la vida que sigue como todo y qué. Ya qué.

En todo este inter logré consumar un acto que no concebía factible: enfrentar poquito al padre y darme cuenta que todo el miedo que le tenía no fue nunca mi miedo, sino el de mi madre que no resolvió nunca con su propio padre. Y eso ya me deja descansar mucho, que cargaba una pesada loza creyendo que todo mi mundo se iba a ir a la mierda si le pedía a mi padre que me hiciera manifiesto su cariño, aunque me faltó decirle cara a cara que me ha hecho toda la falta todos estos años, en los que creía que no me quería por no ser varón. Todo esto con su bonita carga de inconsciencia pura y dura, que no fue sino a base de cinco putos años en terapia que logré sacar todo esto a flote de las cavernas más profundas de mi alma, de mi corazón.

Se cuenta fácil, pero ha sido un peregrinar salvaje por territorios desconocidos y enterrados deep inside mi ser, pero lo he logrado. Ya el resto, como sea creo que se irá acomodando.

Al margen de esto, mi eterno desencanto por la humanidad persiste. Anoche la vecina de arriba lo alimentaba cuando al filo de las 00:00 horas puso Beatles a todo volumen. Fui cobarde y no quise ponerme el batín y puntuflas para irle a pedir calma a sus caballos iracundos, así que sólo me atreví a hacerle un tí-tí-tí-tí-tí en su timbre. La muy puta paró la música, mientras yo me devolvía a mi guarida. Como no ha de ser muy tonta, luego de bajar a revisar el portal, regresó a su jaula para montarse un slam de zapateado feroz y yo, me lastimé el oído malo cuando me puse unos tapones para obviar su rabia de mala puta y mala gente. Era domingo, joder. O más bien lunes y yo soy una puta oficinista de mierda llena de estrés y hartazgo. Porque estoy harta. Pero ya no soy la niñata que bota todo a la verga. Así que me quedo a esperar a que regrese la calma y pueda recuperar un poco de ilusión por acudir a ese recinto de la productividad, que yo llamo esclavismo ahora, a ser una obrera "feliz"... Aunque para eso me tengan que hacer una lobotomía, porque para como soy... Si ya superé el "I'm done with humans" como nunca en la vida.


DINOSAURIOS: Suena a lo lejos el bip-bip de una aplanadora que reencarpeta la calle perpedicular a la mía. El viernes fue lo mismo, cuando hacían esa labor de noche. Espero que esta no sea una larga velada que ayer sólo dormí 3 horas a lo mucho. ¡Viva la vida! Que todo va a desaparecer. Es cuestión de tiempo, nomás.

jueves, septiembre 01, 2016

Hater again

Odio mucho a la CDMX estos días: mucha marca ciudad, pienso, pero ¿y esas putas latas de sardinas llamadas micros que van a todo motor con clase obrera trabajadora hacinada de Chapultepec al Estadio Azteca? Y que todavía le da las gracias al conductor –lo crea usted o no– que se la pasó en pleno acto laboral –que representa conducir un vehículo– en llamada de celular pidiendo "su Whatsapp de él", porque no lo tiene, y avisando que "le va a dejarle sus cosas de él al rato". "Su puto Whatsapp de él", pienso. Acto seguido me monto en el tema "gente que habla como escribe, es decir, mal" y que va por la vida así, hablando con el puto culo –tan bello que es hablar bonito, cómo la RAE manda– contaminando a otros "con su leguaje de ellos". Dios santo.

La razón por la que estoy tan amargada es porque estoy hasta las trancas de trabajo, y todavía no sale el sol. Lo curioso del asunto es que lo que me trae chata no es el trabajo que hay que hacer en sí, sino las gracejadas que se gasta la gente de oficina, de la mía, esas bonitas personas que me rodean y no mandan mails o mandan mails exasperantes e ilógicos. Y no sé por qué me lo tomo tan a pecho, pero es que sin pasión, ¿qué sería de mí?

Así que vuelvo a mi etapa hater del DF. De la CDMX. De su puta madre. Y me quiero ir, no quiero seguir jugando a la ser la provinciana en la capital. Estoy muy harta y muy insomne y muy estresada y así, me intento dormir.



CLAVE: Dicen que Mercurio está retrógrado, que tenemos que cuidar lo que se dice, se escribe, porque se puede mal entender. Hace más de 20 años de esta rola. Y no, no quiero que desaparezcas, pero los niños rotos se tienen que ir al taller de "Reparaciones necesarias para ser adultos medianamente felices".

sábado, agosto 27, 2016

Qué es la vida sino eso

Es sábado y me desperté sobre las 7:30 de la mañana. Y me estaba haciendo el café, cuando me atravesó un cierto gozo, una alegría de disfrutar cosas tan cotidianas como esa sin tener la prisa apabullante del día a día –cuando hay que llegar corriendo a la puta oficina– mordiéndome la nuca: si no fuera la hedonista que soy, no me molestaría tanto, pero es que, ¿cómo no disfrutar el aroma, el sabor, la gloria del café de la mañana? 

Creo que no hay nada más triste que, como dice Amiel, habernos dado cuenta tan pronto en la vida que detrás de todo, no hay nada, y, como dice mi tío Arturo, hay que encontrarle el sentido a lo que no lo tiene, porque si no, ¿qué hacemos aquí?

Si al escribir todo esto no me entraran una ganas de llorar tremendas, pensaría que estoy sólo despotricando contra el mundo, pero a mí me tocó ver todo eso, y no me tocó elegir: lo encontré porque siempre quiero entender el puto por qué de las cosas.

Y aun desde esta trinchera tan pesimista, sonrío y creo que triunfé en la vida porque vivo en un lugar al que siempre quise regresar y, como sea, tengo un trabajo entretenido al que tengo mucho qué agradecer: me ha dejado ver cloacas humanas gigantescas. Es como una comedia protagonizada por locos y disparatados ensayos humanos. Me quejo de estar sólo viendo la vida pasar delante mío, del otro lado del cristal que divide ese impoluto espacio del resto del universo, pero la vida sucede ahí todo el tiempo: es una oda a lo que somos, mezquinos, egoístas, protagónicos, edipos, huecos, sobrados, primogénitos, huérfanos de razón, muñecas, pitos chicos, niñas rotas, candorosos, herméticos, inteligentes desaprovechados, prepotentes, inseguros de mierda, entre un millón de etcéteras más.

Qué es la vida sino eso justamente: la vida, la diversidad, la posibilidad de todo o nada. Y ahí está el sentido: creer que somos parte de ese todo y disfrutar de pequeños logros cotidianos haciendo las cosas bien para obtener una retribución a cambio e irnos pa' casa a soñar un tantito, recobrar fuerzas y volver al camino.

He sobrevivido a un verano brutal, porque lleno de trabajo, de uno bestial y despiadado, porque ¡todavía fuera solo trabajo intelectual! pero no: hubo que lidiar con toda esa masa amorfa de ensayos humanos cada bendito día de lunes a viernes. En fin. Qué les digo sino ¡qué diver!


VLLNT: En clave de baile, escucho y escucho, porque puedo y me da la ganita disfrutar según qué cosas. Como las joyas que también he encontrado en esas cuatro paredes llamadas oficina.

NOTA: Este año el blog cumplió 10 años. También me entran ganas de llorar al teclearlo. Han sido un montón de letras, pero sobre todo de vida. La puta vida a la que, si bien a veces no le hallo, la suelo disfrutar a tope. Sólo que grinch hasta la muerte, porque #yolo y así.

jueves, abril 28, 2016

Al vuelo

Con el tiempo no me he hecho menos neurótica, pero con el paso de los años he dejado de lado un montón de prácticas que ya me son innecesarias. Eso de menos peso en el equipaje, funciona muy bien para mí.

Es raro que esté un jueves a esta hora en casa, pero hoy no pude más que elegir lo importante antes de irme a casa.

Siempre imaginé hacer una lista de todas las cosas que tenía que haber hecho antes de los 40. Pero sólo hay dos cosas que sí voy a disfrutar mucho sea cual sea el momento en que lo haga: tirarme en paracaídas y tener un hijo. El amor, ya lo encontré.

Me pongo sentimental: me ha estado pasando la vida por delante y por detrás. Se crea un cierto pasmo al tiempo que no paro, no dejo de moverme. Y deseo hacer todas las cosas que no he hecho y siento que se me va el tiempo, que lo necesito todo de nuevo. 




DRAGON: Bonitos, porque disfrutar de su música me han dejado. Ah, las uniones. Oh, todas las experiencias que traen. En estos días aprendí lo que es estar de verdad, estar, querer hacerlo, querer que funcione, querer y amar. Estar y amar, Amiel, estar y amar.

miércoles, abril 27, 2016

No quiero

Creo que no le lloré a Prince. Porque los días me pasan encima y, literal, me aplastan con su hecatombe de novedades que, gracias a dios y el cielo, existen para mí cada jornada. Pinche Prince, y ¡arriba "Purple Rain"! Otro más del gran soundtrack de mi vida que ya se fue.

Porque debe ser duro partir y dejar todo lo conocido en este mundo. O es más duro para los que se quedan. Y estas cosas que me pasan por la cabeza cuando me dicen que me haga una biopsia para descartar cáncer. Aunque vaya de la mano de Amiel, me cae que no quiero.


PURPLE: ¿En qué momento se vuelve uno tan adulto que te empiezan a decir "señora" a diestra y siniestra? Me asusta, pero me gusta, podría decirles, aunque la verdad es que sí se siente eso del último paseo rumbo a los 40. Voy a decirlo, es tooooooda una aventura, amigos. ¡Acompáñenme! 

martes, abril 26, 2016

Terciopelo de señora

Supongo que voy a ser la última en enterarme, pero me he convertido en una señora. Me gusta pensar en ese terciopelo que relame las letras de la palabra señora, porque si ya lo soy, qué mejor que serlo con cierto garbo, ¿que no?


EL_VY: Me gustan. Son poesía. Que no es de dios ponerle esparadrapos a las palabras que siempre están por nacer en frases futuras.

martes, abril 12, 2016

Todo

Hemos pisado ya un hospital juntos. Y recorrido kilómetros de carretera. Ya. Y ya mismo lo estoy pensando e imaginando: raíces, frutos, y hasta hojas fenecidas. Es lo más bonito y lo más bizarro, porque no se parece a nada, porque todo es.

Fuimos al concierto de los Love of Lesbian, donde nos cayó encima eso que El Poeta Halley riega: "si las palabras se atraen, que se junten. Y a brillar, que son dos sílabas". Así que, pues eso. A vivir, que son dos días. Aquí, a mi ladito.

Para Amiel.



VOLCÁN: El pinche Santi Balmes es muy buen escritor. Pero lo más bonito es que a sus letras las acompaña una buena composición y sale música. La primera vez los vi en un bareto perdido por Sarriá. Quéironíaquéfuerte. Y así.

lunes, abril 04, 2016

Berrinches de ultratumba

La primera mañana hábil luego del cambio de horario: el celular dejó de respirar a eso de las 9:40, cuando yo todavía no salía de casa rumbo a la oficina, poco después de rajarme el meñique izquierdo por el primer pliegue inmediato a la yema del dedo. Partí por fin a la ejecución de mi pequeño godinato olvidando del café en casa, maldije entonces esa maldita primera mañana hábil tras el puñetero cambio de horario de ¿invierno? al de verano. Me cagué en todo. 

En las mañanas me siento lenta, torpe, lenta. Más aún en una entre semana y con una hora menos. No quiero ni recordar el hecho, porque es tortura pura. Quiero mi hora, ¡ya! 



ROJA: Tengo un crush con los de esta habitación. Con su música, pues. Porque aquí, en tierra firme, mi crush es con Amiel maravilloso. Y es muy fuerte. Sólo por eso, dos por uno musical.

domingo, abril 03, 2016

Nosotros en plural

Intuimos por los ruidos que hace la vecina que no tiene pareja actualmente: se escucha que camina, que le tira la pelota a su perro –o perra, vaya usted a saber–, que abre o cierra el clóset, pero nunca habla, mucho menos gime. Y estoy segura que se escucha todo. Con todas mis credenciales de paranoica profesional, se los aseguro.

Hacemos muchas cosas juntos, no nada más esbozar la vida de los demás, uno de nuestros deportes favoritos: aportamos cada uno resultados basados en la materia en la que somos expertos y ganamos en la propuesta final, creo yo. 

El plural es en su totalidad. Pregúntenme hace cuanto hacía esto de convivir día a día con alguien con quien ya entraste hasta la cocina o más. La respuesta es buena, en cuanto a resultados, porque nunca lo había hecho por 9 meses consecutivos sin haber ejecutado el maravilloso acto de manipulación rampante y lista para esterilizar el futuro de toda sociedad con esa persona. Lo intenté, pero no pude: el sablazo de realidad, primer gran regalo de Amiel, y la conciencia que fui adquiriendo me lo impidieron, gracias a dios. Al dios que sea, porque estaba de locos esa prestidigitación tan mía y tan sabida, pero no reconocida nunca antes.

Y así, juntos, es que nos encontramos ahora. Esbozando el futuro y planificando lo que podemos planificar en este momento. Vaya que esto ha crecido.


PELEA: Yo tampoco quiero llegar hasta allí. ¿Quién quiere llegar ahí? Y agradezco infinito esto que haces, porque me alienta a hacer camino, de crecer contigo y esas cosas de pareja.

lunes, marzo 28, 2016

Juegos salvajes, como Rosa

La carretera tiene sus cosas. Me acuerdo cómo me carcajeaba internamente cuando veías los letreros de "Vibradores" en alguna parte del camino de Guadalajara a Puerto Vallarta. Pensaba en dónde estarían esas prometidas maquinillas que dan una cierta felicidad, para pedir que detuvieran el auto y encontrarlas a mi paso. Jugaban con mis sentimientos. Así las cosas con uno que recién me topé: "Maneje con cuidado. Su familia lo espera". ¿Por qué jugar con los sentimientos de las personas para que manejen bien? La gente tendría que manejar bien con o sin familia de por medio, pero necesitan que les piquen en sus fibras más sensibles, porque, al parecer, no son capaces de ser responsables por el deber ser de todo conductor que se precie de serlo. Quizá exagero, que bien puede ser, pero no estoy de acuerdo ya desde las promesas incumplidas por parte de Capufe. ¿Por qué utilizar el chantaje como campaña de concientización de los ciudadanos que se sitúan frente a un volante en carretera? Yo ahí nomás se los dejo, que ya veo que se manipula aquí y allí así como así. Y punto pelota.

Lo cierto es que la carretera ahora representa felicidad, porque es felicidad para Amiel. Y yo soy feliz si él es feliz.


AVALON: Anoche me topé con un concierto de Bryan Ferry por televisión. Me dio gusto que su banda incluyera una gran presencia de mujeres frente a los instrumentos o coros. Quiero pensar que es porque Ferry vio talentos y no nalgas. Que vaya común que suceda. Todavía. 

viernes, marzo 18, 2016

Que las lágrimas se sequen solas

Tardé mucho en ver el documental de la vida conocida de la Amy Winehouse. Temblé casi desde el principio: qué identificada me sentí con ese vacío abrumador que se vislumbra en esa escuálida chica que apenas tuvo conciencia de nada. Realmente abrumador. Me comenzaron a sudar las manos en cierto punto —quizá porque ya conocía el final— y entonces reparé en lo identificada me sentí con ese no tener objetivos claros en la vida, con esa catástrofe que es ser como una hojita al viento. Todo el tiempo me pregunté por qué coño no hubo alguien que le dijera que existe la terapia, porque entonces vas ahí a dejarte la piel para entender por qué coño eres esa cosa que eres, esa masa amorfa y sin expectativas que tiene que pagar para recuperar la forma y el rumbo que perdió por esa incómoda sensación de no poder ser sino tener que fingir por el cariño. O al menos, yo eso creo. Dijeron que era un alma vieja, una mujer de 62 años en el cuerpo de aquella jovencita de origen judío.

Nunca fui realmente fan de la Winehouse. Escuché apenas sus grandes éxitos casi que porque sonaba en todas partes, no porque yo la sintonizara, la eligiera. Me pasó de noche, aunque creo que me acompañó en varias ocasiones allá, en Barcelona.

Vaya vidas tristes. Tristes para mí, claro está. Que lo vivido y lo bailado.



AMY: Y no nada más la voz, las letras. La muy perra se daba el lujo de escribir unas metáforas de miedo. 


martes, marzo 08, 2016

Confesiones, latas de atún y nunca es tarde

Abro una lata de atún y como con una cuchara directamente de ella. Me acuerdo entonces: así me abrí el domingo, en canal frente a él, Amiel, mi pareja. Ha sido la cosa más espantosa del mundo, una sangría de vergüenza, un vertedero de algo que ya no aguantaba ni dos segundos más ahí dentro: ser lo que soy implicaba reconocerme con todo eso que traigo a cuestas y la manipulación de la que hago uso, ya no podía seguir así, de incógnito.

Al parecer quise ser un niño, porque entendí muy pronto que el deseo de uno era algo muy fuerte; luego me inventé un personaje y fui la niña más niño que pude y luego el bato más bato de la comarca, cuando ya era una mujer; y hace muy poco se me cayó todo encima. Días más tarde, todo, pero todo se volvió a venir abajo.  Qué novedad. Raro: no tengo ni un sólo problema con tanto derrame, si me siento tan ligera; lo que pasa es que toda salida del clóset de los manipuladores cuesta como toda salida de clóset de lo que sea. Que en esa lucha por sobrevivir a la infancia, se ve que me forjé cual reina de la manipulación grandes ligas. Y no tengo ni un problema en admitirlo. Y vaya tela.

No fui yo. No he sido yo. No serlo ya era una manipulación del estado de las cosas, digo. Y pues la catástrofe: el caos que ha sido mi vida no es gratuito, caigo en cuenta. Tanto daño infligido por no saber lo que estaba pasando, por no tener mi puta idea de qué era exactamente lo que me tenía tan intranquila, errante, dispersa.

Pero nunca es tarde. Todavía no.


CHANSON: Lo bueno es que estos días el proceso y los astros me tienen tranquila, me dejan en paz. Ya mucho berreo y pataleo en días pasados. Perdón, Amiel, perdón, pero ya tú sabe que todo es para estar mejor, ¿verdad?

lunes, febrero 29, 2016

Manipuladora conoce a manipulador

En esta, su tragicomedia de ocasión, donde la pasión es como en la vida entera —una perra desalmada—, él la encuentra a ella, que lo encontró guapísimo a su vez. Y las cosas les llegan, suceden, se juntan y se pican, se cucan, se embisten, se pegan. Y la ropa se cae, la piel se cae, la vergüenza se cae: se gustan tanto como se temen. Ya en cueros, se han visto. Se ven, se siguen viendo. No fue cuestión de picahielos. Hay algo ahí. 

No se pierda la traducción en el próximo capítulo. 


3x6: Tres parejas hacen más gente. Que no se pierdan. 

lunes, febrero 22, 2016

Los últimos tiempos

He vuelto a escuchar a Calamaro. ¿Cuántas veces lo hice? ¡Y tantas! "No quiero que se termine, no quiero que me abandone", chilla con su voz suave, cuasi aterciopelada y rasposa. Escribo esto al tiempo que me doy cuenta de lo poco que he posteado: como signo de los últimos tiempos, que son unos en los que tendría que venir mucho más por acá y escribir, como me gusta, como me encanta, como no hago tan seguido y con tanta frecuencia, porque no, ya no vengo por aquí a dejarme a golpe de teclado.

Razones a mi tendencia a racionalizar casi todo, no le faltan, pero no está bien. No lo está, como yo no lo he estado —con tantos cambios de estación en un sólo invierno—, pero resisto como el junco que no se dobla y sigue en pie: no solamente no sucumbo ante los embates de un trabajo de absorbencia total, tampoco lo hago ante los retos de una portentosa y joven relación en la que estoy implicada hasta las manitas, que le dicen. Y estas son las dos tareas que me ocupan estos días.

Más allá de todo, lo gozoso de los últimos tiempos me tiene embelesada: he logrado llegar a un lugar al que tenía muchas ganas, muchas. No lamento haber postergado algo así tanto tiempo, pero a mi favor sólo puedo decir que no estaba lista. Creo fervientemente que nadie escarmienta en cabeza ajena, que se tiene que vivir lo que se tiene que vivir y, así, es la única manera en la que se llega a donde se tiene que llegar cuando se tiene que llegar.

Y más que llegar, para mí es una cuestión de quedarse. De querer hacerlo. De permanecer. Como no sé hacerlo, no del todo, reniego de una extraña pérdida de la libertad. Pero no es la libertad lo que se pierde —porque esa nunca se deja así, como así—, sino que está aquello que se gana en consecuencia: al otro, libre, que viene por la vida caminando hasta que se cruza, como tenía que ser, con tu camino. Y te encuentra. ¡Ay! Estas cosas de ultratumba.


AZTECA: No será santo de su devoción, pero a mí me hace gracia. ¿Qué les digo? Y aunque lejos, me cae simpático, como para tenerle por ahí. Y poco más.

miércoles, enero 27, 2016

Seré, seré

Pero, ¡a quién se le ocurre apuntarse al cursillo de inglés del curro! ¡A quién! Si ya poco me da el estómago para ver a según quién, encima ¿buscar encontrarlos por cuenta propia? Seré imbécil, seré.

Soy de esos bichos de oficina que no saben qué hacer en este tipo de ecosistema. Soy políticamente incorrecta, molesta, indeseable para la paz de estos espacios. Si ya desprecio a más de la mitad de la humanidad, ¿por qué querría asistir diariamente a un espacio de encierro con personas que me dicen poco, muy poco? Y los oasis que se dan tan poco. Son como estrellas fugaces que pasan a veces muy lejos. Sin exagerar, hay días que me seco por dentro. Con el mismo afán les digo que soy una exagerada irredenta: debe haber entornos peores en mi escala de valores. Es sólo que soy tan pinche perfeccionista, tan exigentita, aunque en el fondo en realidad sea una ratita que muere de miedo y tiene que poner cara de malota para que no la aplaste la hostilidad, la prepotencia, la sutil violencia tan propia de las oficinas.

"Vas a levantarte, hermana mía", escucho. Y confío.


MUTANTES: Hoy me han salvado, me han hecho la mañana, porque en el bus que me trajo hasta aquí, alguien olía muy feo. Y entre hedores pensaba por qué sufro tanto si, aparrentemente, he tenido una buena vida. El problema es que normalizamos la violencia hasta en el núcleo familiar y, nos gusté o no, cuando niño eso daña mucho. Se obtiene adultos desadaptados, tramposos, manipuladores y ramplones como yo.

lunes, enero 25, 2016

Ojitos bien abiertos

Llegó el momento en el que —como mujer adulta— he podido ser capaz de mirarme hecha un ovillo sobre el suelo, sin más que una bata blanca, desesperada porque las cosas no avanzan, resistiendo a que nada ocurra. Llegó y no sé si ver, verme, apreciar la fotografía completa, me va a hacer mejor persona. No me encanta lo que veo, pero no hay de otra. Ver, verme ahora es la gran paga de recostarme una vez por la semana en el diván y explicarme qué coño me he dedicado a hacer en los últimos 10 años que parecería que no he hecho absolutamente nada a los ojos de según quién, cuando he avanzado una vida: si no escarbamos ahí donde duele, por qué sólo vemos lo que vemos o lo que queremos ver, podemos 1) ser felices, porque no nos enteramos; 2) ser desgraciados, porque aunque creemos que hacemos todo por estar bien, en el fondo somos desdichados, o 3) quejarnos porque algo no funciona hoy, pero no entender un pito por qué, porque según nosotros ya lo arreglamos en terapia y no es cierto. Entonces, ver, verme y no ver sólo lo que quiero ver, sino contrastar durísimo con el otro que está tan cerca que, sin así buscarlo, se convierte en punching bag, espejo, bello receptor de transferencias malditas; y de ese contraste llegar del otro lado.

No sólo llegó el momento, sino que llegó el otro lado. O llegué. El caso es que no encallamos, arribamos a tierra firme. O algo. Y, entonces, el plural cobra todas las formas de la belleza y la felicidad conjuntas. Cursi, pero cierto.


SUPERSTYLIN': La otra es bailar. Estoy convencida que los dos, bailamos y llegamos ya mismo. Sólo por hoy, que me dicen que me pongo muy malita de mi ansiedad si visualizo futuro.

lunes, enero 11, 2016

Adiós Bowie, adiós

"Se murió Bowie", susurró porque eran las 5 de la mañana, porque yo estaba casi dormida. Y nunca imaginé ese momento, en el que me sentiría consternada por la noticia: se murió David Bowie víctima de un cáncer que lo aquejó durante 18 meses. Por eso había anunciado que no volvería a pisar un escenario. Por eso lamentaría, con la noticia, haberme decantado por Soda Stereo, y no ser rica, para hacer ido a su concierto en México allá por 1997. En mi cabeza, Bowie regresaría y yo no me podía perder el adiós de los argentinos, de Cerati, que también ya partió.

Bowie nació el mismo día que yo y me acompañó todos estos años. Si bien mi padre no ponía sus discos como ponía los de los Beatles, me lo presentó para que formara parte de un maravilloso soundtrack de vida. Aquí y allí, su música marca algunos de los más entrañables momentos de mis días de imberbe mujer que se convertía en adulta en medio de un sangriento tránsito por la tardía adolescencia, pero también un montón más de instántes, acá y allá, con más calma que otra cosa.

Y Bowie suena a viejo acetato, como les decíamos a los hoy vinilos, y volverá a sonar pronto en mi propio tornamesa. Hippster, pero cierto, quizá quiera sentirme cerca de casa, de la que fue mi casa en el ranchito amado, aunque también ese remedo de viejo sonido haga de mi casa, más mi casa: nuestra casa.

Todo cortesía del que acompaña ahora mi vida y como regalo de cumpleaños.


HOMENAJE: A quien por momentos me hizo compañía y de la buena. Y a quien ahora está, gracias a su dios personal y al cielo, porque se está poniendo bueno.

martes, diciembre 22, 2015

Perras

Yo les digo perras, pero puedo asegurarte que no tienen la forma de un animal tal y como lo es un perro. Aun así les digo perras, las pinches perras: personas tan comunes como cualquier ciudadano de a pie. Lo que las hace perras, creería, es la sed de aprobación, una voraz necesidad de recibir no una, sino cien mil millones de "palomitas", de apapachos y caricias de sus superiores –en algunos casos de los colegas, también–, palmaditas en las espalda que avalen sus "buenas acciones", esas que se dedican a fabricar y apuntalan con conductas pasivo-agresivas que, ¡oh, dios mío!, mucho contaminan los ambientes en los que se mezclan. Sepan que las pinches perras no son sólo mujeres: hay hombres que se decantan por ser parte de esta especie que tanto prolifera en espacios cerrados y de largo cautiverio como lo son las oficinas, ¡ah!, maravillosos templos de este tipo de conductas.

Las perras se erigen cuales gigantescas efigies de la bondad: cuando se reflejan en un espejo, lo que ven son hermosas figuras de eso que anhelan ser; así, pueden llevar ropa costosa o que aparentan ser costosas, unas porque tienen y pueden, otras porque quieren lo que las otras tienen, al menos parecerse a eso a lo que aspiran. Y pasan desapercibidas. Quizá sólo unos cuantos padezcamos el horror humano que es verlas de cerca y sentir demasiada pena: me encantaría conocer a una pinche perra que se dé cuenta que no me la pegan, que no les creo, que las detesto y no las quiero por aquí, porque a mí no me obligan, porque a mí nadie tan cortito –en todos los sentidos– me puede dar línea y que lo vaya a seguir.



VIDEO: Y así, pegándose como animales, van los unos con los otros reproduciéndose y vaciando al mundo su mediocre ser. Esa es la historia, amigos, y se repite ad infinitum, ad náuseam, por el resto del maldito tiempo.

domingo, diciembre 06, 2015

La reina pasmada

Hace casi 4 meses, un amigo me escribió un correo. Me ponía al día de su vida, de lo que implicaba dar la vuelta al mundo con su pareja, de su relación. "Es una relación ya que casi va sola", me dijo. Y desde ese día intento elucubrar qué significa que una relación vaya así, casi sola, no como un pequeño de meses, entrado en el año, y haciéndose al andar, sino como el adulto que decide por sí mismo y es responsable de su persona. A algo así me sonó. 

Si camina sola es que hay, por sobre todas las cosas, comunicación: los dos se hablan en el cotidiano y desde ahí para, en la intimidad, hablar desde adentro. Al menos es lo que yo digo. Y ahí se me cae la cara de asombro, o vergüenza, porque se me ha vuelto a aparecer ese viejo fantasma que es mi incomunicación con el mundo y me encuentro parada frente a un montón de recaídas y reparadas con mi pareja.

Habrá veces que va a ser difícil, porque sí: yo no comunico. Me pasa esa cosa graciosa de que, si pasa en mi cabeza, si ya lo pensé, seguramente tú lo vas a entender, porque esa idea existe en mi cabeza. Así que ambigua, complicada, pasmada. Siento como si estuviera parada al borde del acantilado con mi reino a los pies, con toda la extensión de mis tierras frente a mis ojos y yo estoy ahí, sin hablar, sólo contemplando la eminencia de todo eso que soy, sin poder articular palabra por el empacho que me causa esa enormidad de territorio.

Puedo acomodar en mi cabeza las cosas de manera que las pueda entender de una manera lógica, razonable, pero no me pidas que entienda todo ese universo de emociones que me despiertas y no sé cómo acomodar, dónde poner, cómo tratar, y ¿a quién recurrir?

Nunca pensé que iba a decir algo así como "estoy pasmada por amor, por lo fuerte de este amor", porque, claro, ¿yo por qué iba a merecer tanto amor? Y heme aquí, pasmada lo que sigue y sin poder comunicar tantas y tantas cosas de las miles que pasan por mi cabeza. Literal.


VIDEO: Que para estar en la misma sintonía, no sino comunicar. De trivialidades, todas, pero de adentro, ¿cómo sacar lo de adentro? ¿Cómo poner palabras a tantas sensaciones que desconocíamos? Por lo menos yo, analfabeta emocional me declaro.